12 Octubre 2006 Seguir en 
Ante la aparición de comportamientos violentos entre adolescentes de niveles socioculturales medio y alto, la pregunta es qué pasa con la construcción de esa percepción subjetiva positiva de la vida. Cabe analizar el contexto familiar y social de estos jóvenes. Así, se destaca que el vínculo con los padres y adultos significativos está mediatizado por el acceso a bienes materiales; que estos padres están ocupados en resolver su propio proyecto individual, también orientado a los bienes materiales y al disfrute casi como único valor que sostiene la existencia.
En ese proyecto, el adolescente no tiene cabida. Así, la familia va perdiendo la función de protección psicosocial y de transmisión de la cultura. Y, para otorgar un sentido a su vida, necesita de la palabra del adulto, primero en la familia, luego en la escuela. La violencia del joven de clase acomodada es la única estrategia para afrontar la vida cotidiana, y opera como un síntoma, un lenguaje cifrado que va destinado a un adulto que esté dispuesto a oírlo. Si el mundo adulto no se detiene a escuchar ese pedido, el pronóstico de nuestra sociedad es reservado.
En ese proyecto, el adolescente no tiene cabida. Así, la familia va perdiendo la función de protección psicosocial y de transmisión de la cultura. Y, para otorgar un sentido a su vida, necesita de la palabra del adulto, primero en la familia, luego en la escuela. La violencia del joven de clase acomodada es la única estrategia para afrontar la vida cotidiana, y opera como un síntoma, un lenguaje cifrado que va destinado a un adulto que esté dispuesto a oírlo. Si el mundo adulto no se detiene a escuchar ese pedido, el pronóstico de nuestra sociedad es reservado.







