Una pelea entre jóvenes causó la muerte de un inocente, baleado por un policía
La víctima, de 14 años, fue atravesada por una bala cuando el agente intentó separar a los adolescentes en Suipacha y San Martín. Miembros de la patota conocida como "La Banda del Quiosquito" fueron los que iniciaron la trifulca.
11 Octubre 2006 Seguir en 
Miembros de la violenta “Banda del Quiosquito”, un grupo de adolescentes de buena posición social que se han convertido en el terror de las fiestas de jóvenes y semanas de colegios, protagonizaron ayer una pelea en la esquina de Suipacha y San Martín, que terminó con la muerte de un chico de 14 años, que no tenía nada que ver con la gresca.
Fuentes policiales y judiciales indicaron anoche a LA GACETA que uno de los integrantes de la patota ya fue detenido y enviado al Instituto Roca, y que al menos otros cuatro ya estaban identificados y había órdenes para arrestarlos.
La trifulca se desató a las 18.20, a metros de uno de los accesos al colegio María Auxiliadora, cuyas alumnas están festejando su semana. Según dijeron varios testigos, al menos cuatro adolescentes arrinconaron a otro y comenzaron a pegarle salvajemente. Del otro lado de la calle, el suboficial Jorge Agapito Verduguez, que estaba de custodia en una casa de venta de materiales eléctricos, vio lo que estaba sucediendo, y cruzó para tratar de separarlos. Entonces, algunos de los patoteros lo golpearon a él. Angel Velázquez Carrizo pasaba por ese lugar en la camioneta, y vio todo lo que pasó. “El policía sacó el arma y le pegó a uno de los chicos un culatazo en la cabeza, y lo tiró al piso. Ahí también le pegó, y después el chico salió corriendo. Entonces el policía hizo un tiro...”, contó.
Terrible imagen
Del otro lado de calle Suipacha, dentro del Complejo Avellaneda, César Navarro Murhell, de 14 años, estaba jugando con una bicicleta junto a su hermano, Jesús, de 9 años. “Sentí el tiro y me tiré al piso. Cuando levanté la cabeza, lo vi a mi hermano parado con sangre en el pecho”, dijo, angustiado el pequeño. Los chicos estaban a más de 40 metros del lugar en el que estaba Verduguez. La bala atravesó a César. “Lo subimos con el policía a un auto, y lo llevaron al hospital. Todavía respiraba”, aseguró Velázquez Carrizo. Pero el chico llegó sin vida al hospital. Otro vecino, Pablo Lugones, dio una versión distinta. “Cuando le pegó con la culata de la pistola al más violento de los changos estos, se le escapó un disparo. Y ahí le pegó al chico”, aseguró. Pero, al mismo tiempo, Jesús le contó a su mamá otra cosa. “El me contó que estaba mirando la pelea, y que, de golpe, uno de los chicos estos sacó un revólver, y disparó. Esa fue la bala que le pegó a mi nene”, relató Fátima, quebrada por el dolor.
El fiscal Carlos Sale llegó minutos después al lugar de la tragedia, junto al subjefe de Policía, Nicolás Barrera, y al jefe de la seccional 1a, José Díaz. Los policías encontraron en una de las canchas del complejo el proyectil, que será peritado para saber si salió del arma de Verduguez.
Al Padilla llegaron familiares, compañeros y amigos de César Navarro. El chico iba a la Escuela Técnica No 3, y cursaba el 8o año de EGB 3. Era el mayor de cinco hermanos. “Lo había dejado feliz en la casa. Siempre iba a jugar ahí, con el hermanito. Esto es tremendo. Qué voy a hacer ahora sin mi chiquito”, dijo, shockeada, Fátima. Todos abrazaban y trataban de consolar a la mujer. El único ingreso de la familia es un plan social, por lo que Fátima debió pedir ayuda en Casa de Gobierno para el servicio fúnebre. “¿Cómo puede ser? Mi nene era hermoso. Era un sol. Y ahora está muerto...”, se lamentó. Nadie pudo darle respuestas y ella hundió el rostro entre sus manos.
Fuentes policiales y judiciales indicaron anoche a LA GACETA que uno de los integrantes de la patota ya fue detenido y enviado al Instituto Roca, y que al menos otros cuatro ya estaban identificados y había órdenes para arrestarlos.
La trifulca se desató a las 18.20, a metros de uno de los accesos al colegio María Auxiliadora, cuyas alumnas están festejando su semana. Según dijeron varios testigos, al menos cuatro adolescentes arrinconaron a otro y comenzaron a pegarle salvajemente. Del otro lado de la calle, el suboficial Jorge Agapito Verduguez, que estaba de custodia en una casa de venta de materiales eléctricos, vio lo que estaba sucediendo, y cruzó para tratar de separarlos. Entonces, algunos de los patoteros lo golpearon a él. Angel Velázquez Carrizo pasaba por ese lugar en la camioneta, y vio todo lo que pasó. “El policía sacó el arma y le pegó a uno de los chicos un culatazo en la cabeza, y lo tiró al piso. Ahí también le pegó, y después el chico salió corriendo. Entonces el policía hizo un tiro...”, contó.
Terrible imagen
Del otro lado de calle Suipacha, dentro del Complejo Avellaneda, César Navarro Murhell, de 14 años, estaba jugando con una bicicleta junto a su hermano, Jesús, de 9 años. “Sentí el tiro y me tiré al piso. Cuando levanté la cabeza, lo vi a mi hermano parado con sangre en el pecho”, dijo, angustiado el pequeño. Los chicos estaban a más de 40 metros del lugar en el que estaba Verduguez. La bala atravesó a César. “Lo subimos con el policía a un auto, y lo llevaron al hospital. Todavía respiraba”, aseguró Velázquez Carrizo. Pero el chico llegó sin vida al hospital. Otro vecino, Pablo Lugones, dio una versión distinta. “Cuando le pegó con la culata de la pistola al más violento de los changos estos, se le escapó un disparo. Y ahí le pegó al chico”, aseguró. Pero, al mismo tiempo, Jesús le contó a su mamá otra cosa. “El me contó que estaba mirando la pelea, y que, de golpe, uno de los chicos estos sacó un revólver, y disparó. Esa fue la bala que le pegó a mi nene”, relató Fátima, quebrada por el dolor.
El fiscal Carlos Sale llegó minutos después al lugar de la tragedia, junto al subjefe de Policía, Nicolás Barrera, y al jefe de la seccional 1a, José Díaz. Los policías encontraron en una de las canchas del complejo el proyectil, que será peritado para saber si salió del arma de Verduguez.
Al Padilla llegaron familiares, compañeros y amigos de César Navarro. El chico iba a la Escuela Técnica No 3, y cursaba el 8o año de EGB 3. Era el mayor de cinco hermanos. “Lo había dejado feliz en la casa. Siempre iba a jugar ahí, con el hermanito. Esto es tremendo. Qué voy a hacer ahora sin mi chiquito”, dijo, shockeada, Fátima. Todos abrazaban y trataban de consolar a la mujer. El único ingreso de la familia es un plan social, por lo que Fátima debió pedir ayuda en Casa de Gobierno para el servicio fúnebre. “¿Cómo puede ser? Mi nene era hermoso. Era un sol. Y ahora está muerto...”, se lamentó. Nadie pudo darle respuestas y ella hundió el rostro entre sus manos.







