La juventud y la vida democrática

05 Septiembre 2006
En nuestra edición de ayer, dedicamos una extensa nota a la tarea de evaluación de la calidad de las prácticas democráticas en Yerba Buena, que ese municipio está realizando, desde agosto del año pasado, a través del programa nacional Auditoría Ciudadana. Se basa en encuestas, llevadas a cabo por funcionarios municipales y nacionales y técnicos de una consultora. Abarca a vecinos en general, a alumnos y a docentes. Los ejes de la consulta fueron determinados previamente por un foro -integrado por representantes municipales y dirigentes de ONG- y buscan conocer la visión ciudadana sobre cultura democrática y participación; y, respecto de la función del Estado, sobre rendición de cuentas y trato al ciudadano.
Los resultados finales aún no han sido entregados, pero ya se conocen algunas conclusiones. Nos interesan, sobre todo, las que se cimentan en respuestas proporcionadas por más de medio centenar de docentes de la zona. En su mayoría, estos señalan la necesidad de que se diseñen proyectos que fortalezcan el conocimiento de derechos, deberes y valores de la vida en democracia. La auditoría encuentra que es preciso despertar, en educandos y en docentes, el interés en las cuestiones cívicas, temática que también debiera comprometer a las respectivas familias.
Son llamativamente bajos los porcentajes de los docentes que piden que la currícula incorpore información sobre el derecho ciudadano a participar de las políticas públicas, y la correlativa obligación de las autoridades de facilitar esa participación.
Es también notoria la falta de interés de los alumnos por investigar y estudiar los deberes y derechos democráticos. Es más, parece evidente que los jóvenes conocen mucho mejor sus derechos que sus obligaciones. Interesa comentar brevemente tales referencias, más allá de su localización en la jurisdicción municipal de Yerba Buena. En cualquier conversación con jóvenes, en general se percibe un desinterés por la cosa pública y, lo que es igualmente grave, un desconocimiento acerca de lo que significan las instituciones y las prácticas de un régimen republicano de gobierno como el que vivimos.
No puede dejarse de recordar aquella antigua asignatura denominada “Instrucción Cívica”, que justamente estaba dedicada a proporcionar tal información. Por lo que se advierte, sería deseable no solamente que se profundizara en dicho rubro, sino que la preocupación en tal sentido se iniciara ya en el ciclo primario. Nadie puede dudar, en efecto, que la formación adecuada de un ciudadano es algo que debe comenzar desde el mismo momento en que empieza a educarse. Sólo así se podrá lograr que las pautas del sistema se graben en la mente, de un modo tan indeleble como el abecedario, o como las operaciones matemáticas elementales.
Durante mucho tiempo, como sabemos, nuestro país desarrolló su vida al margen de las instituciones republicanas. Esto determinó que se esfumara, lamentablemente, un tipo de cultura que resulta de fundamental importancia.
Puesto que llevamos más de dos décadas desde que el sistema democrático fue restablecido, ya es hora de que esa restauración se perciba también, y con nitidez, en lo que conoce, piensa y practica nuestra juventud.
Se trata de una tarea educativa que debe localizarse fundamentalmente en la escuela, sin duda. Pero también es necesario, como lo señala la auditoría del programa citado al comienzo, que el diálogo acerca de la democracia, sus instituciones y sus virtudes se incorpore a las conversaciones corrientes que se mantienen en el hogar.



Tamaño texto
Comentarios