04 Septiembre 2006 Seguir en 
El deporte argentino, en su faz colectiva, acaba de dar una nueva muestra de su fuerte inserción en la elite internacional. Fue el hecho de que la selección de basquetbol se haya ubicado entre los cuatro mejores equipos en el reciente Mundial de Japón el que nos devolvió a un plano protagónico y que nos muestra como potencia deportiva, pese a los incontables problemas con que se enfrenta la mayoría de quienes se vuelcan a practicar alguna disciplina. Si se toma en cuenta esa realidad, lo hecho por los basquetbolistas en el Lejano Oriente no debe ser visto como un paso atrás para un equipo que supo conquistar la medalla de oro olímpica y un segundo lugar en la anterior cita ecuménica, sino como una reafirmación de un trabajo serio y responsable que se viene haciendo desde hace años. Y esto es independiente de que la mayoría de los jugadores actúe en el exterior.
Claro está que a esta altura de las circunstancias, sencillo es determinar que otra hubiera sido la ubicación final si el lanzamiento desde los tres puntos de Nocioni ante España en los últimos segundos del partido hubiera entrado. El tema será motivo de análisis de los especialistas por un buen tiempo. Lo que es insoslayable es que hay circunstancias en las que un resultado no puede borrar una actuación brillante, que fue la que cumplió el equipo -en el sentido estricto de la palabra-, incluso en el ahora fatídico cotejo que le negó la posibilidad de pelear por subirse a lo más alto del podio.
Además del buen juego, en esta selección primó la solidaridad y nadie adoptó un cartel de estrella, pese a que varios de sus integrantes lo son. La motivación y los conceptos tácticos impartidos por el entrenador Hernández contribuyeron a que incluso aquellos jugadores de recambio no desentonaran cuando les tocó ingresar. No está lejana la experiencia de los futbolistas en el Mundial de Alemania, ocasión en la que tampoco el resultado fue el mejor -o al menos el que todos habían ido a buscar-, pero sí trascendió la entrega del grupo, el juego acorde con la tradición argentina y el buen comportamiento.También pudo verse un notable progreso en el equipo de voley que participó en la Liga Mundial, en la que no se clasificó para la ronda final, pero en la que se erigió en el mejor en su zona, después del conjunto que terminó clasificándose campeón, Brasil. La próxima meta, el Mundial de Japón 2006, lo tendrá como una formación para tener en cuenta a la hora de la discusión por los lugares de privilegio.En el tenis también se logró una performance destacada: en pocos días, el equipo argentino deberá enfrentar a Australia por las semifinales de la Copa Davis.
Los antecedentes de un grupo que se agranda en las circunstancias más difíciles y el valor de sus individualidales -además de la condición de ser locales y de jugar en la superficie preferida-, otorgan crédito a la formación para aspirar a llegar a la final, a la que sólo una vez accedió.
El hockey -sobre todo en su versión femenina- y el rugby también aportan lo suyo en el contexto internacional. Incluso, el deporte de la ovalada va por otro desafío, el Mundial 2007 de Francia.
Todos estos elementos sirven para dimensionar el potencial del deporte colectivo argentino. Pero también son una invitación a no perder el tren del desarrollo, del trabajo consciente. Un torneo terminado, una participación concluida, superado el mal trago de no haber llegado a lo más alto, deben ser tomados como el principio de un nuevo desafío. Y tras analizar lo bueno y lo malo que se haya hecho, ir de nuevo al frente, en representación de la tan querida camiseta celeste y blanca.
Claro está que a esta altura de las circunstancias, sencillo es determinar que otra hubiera sido la ubicación final si el lanzamiento desde los tres puntos de Nocioni ante España en los últimos segundos del partido hubiera entrado. El tema será motivo de análisis de los especialistas por un buen tiempo. Lo que es insoslayable es que hay circunstancias en las que un resultado no puede borrar una actuación brillante, que fue la que cumplió el equipo -en el sentido estricto de la palabra-, incluso en el ahora fatídico cotejo que le negó la posibilidad de pelear por subirse a lo más alto del podio.
Además del buen juego, en esta selección primó la solidaridad y nadie adoptó un cartel de estrella, pese a que varios de sus integrantes lo son. La motivación y los conceptos tácticos impartidos por el entrenador Hernández contribuyeron a que incluso aquellos jugadores de recambio no desentonaran cuando les tocó ingresar. No está lejana la experiencia de los futbolistas en el Mundial de Alemania, ocasión en la que tampoco el resultado fue el mejor -o al menos el que todos habían ido a buscar-, pero sí trascendió la entrega del grupo, el juego acorde con la tradición argentina y el buen comportamiento.También pudo verse un notable progreso en el equipo de voley que participó en la Liga Mundial, en la que no se clasificó para la ronda final, pero en la que se erigió en el mejor en su zona, después del conjunto que terminó clasificándose campeón, Brasil. La próxima meta, el Mundial de Japón 2006, lo tendrá como una formación para tener en cuenta a la hora de la discusión por los lugares de privilegio.En el tenis también se logró una performance destacada: en pocos días, el equipo argentino deberá enfrentar a Australia por las semifinales de la Copa Davis.
Los antecedentes de un grupo que se agranda en las circunstancias más difíciles y el valor de sus individualidales -además de la condición de ser locales y de jugar en la superficie preferida-, otorgan crédito a la formación para aspirar a llegar a la final, a la que sólo una vez accedió.
El hockey -sobre todo en su versión femenina- y el rugby también aportan lo suyo en el contexto internacional. Incluso, el deporte de la ovalada va por otro desafío, el Mundial 2007 de Francia.
Todos estos elementos sirven para dimensionar el potencial del deporte colectivo argentino. Pero también son una invitación a no perder el tren del desarrollo, del trabajo consciente. Un torneo terminado, una participación concluida, superado el mal trago de no haber llegado a lo más alto, deben ser tomados como el principio de un nuevo desafío. Y tras analizar lo bueno y lo malo que se haya hecho, ir de nuevo al frente, en representación de la tan querida camiseta celeste y blanca.







