Botones de muestra

Por Carlos Werner, Redacción de LA GACETA. En Tucumán una causa produce un efecto, pero sin seguir un orden lógico.

03 Septiembre 2006
Con las cosas que pasan todos los días, tildar a Tucumán de aburrido sería un desatino. Pero, claro, tampoco es divertido. Convengamos entonces que los adjetivos que pueden caber para calificar nuestra realidad como provincia pueden ser “particular”, “llamativo”, incluso “descomunal”.
En esta tierra, una causa produce un efecto, pero sin seguir un orden lógico. Botones de muestra surgen a raudales no bien uno lee los títulos de las informaciones. Y cuando se escarba en los hechos para hallar los cómo y los porqués, no siempre hay una respuesta. Un recién llegado diría que somos gente que camina, pero que  trastabilla más de lo debido. Y es probable que no se equivoque.
Primer caso: el catamarán de El Cadillal, el que pasó finalmente unas grandiosas vacaciones de invierno. Que lo trajeron en cinematográfico viaje desde Córdoba, que lo botaron en el dique, que anunciaron el inicio de sus servicios. Pero antes, nadie se percató de que hacía falta una norma regulatoria para que pueda navegar en el lago.
Ahí, pegadito “en méritos”, está el avión ¿sanitario? de la provincia. Desde su compra hasta el capítulo en que se quedó sin piloto fue/es una comedia de enredos que derivó en drama y hoy transita por la senda de lo policial. ¿Y la función para la que fue adquirido? Mejor no hablar de ciertas cosas...
Al cierre de boliches, pubs y negocios afines le pusieron un horario máximo. ¿Alguien pensó en todos esos jóvenes que salen a oleadas a la hora señalada, caminando insomnes por calles y avenidas, peleándose por un taxi y/o remise, sin control ni orden? Y la opereta sumó una escena más, cuando la viveza criolla hinchó su pecho para organizar las llamadas “fiestas privadas”.
Ah, éramos muchos y... finalmente llegó el final para un clásico de los clásicos de las historias con enredos de los últimos tiempos. Casino Club abrió sus puertas; eso sí, anunciando que emplazará el conversado centro de convenciones -que va de regalo- al lado de las maquinitas. ¡Hagan juego, señores!
Un hecho de consumo un poco más masivo es la trepidante tarea de pavimentación a la que se sometió a San Miguel de Tucumán. Y entre los numerosos dimes y diretes, las tareas en las avenidas Mate de Luna y Belgrano se llevan un primer premio... a las demoras. Se acerca el verano -y lógicamente las lluvias- y a las dos... no las terminan más. No las salvó ni el hecho de ser las vías de mayor flujo de tránsito desde el centro hacia el oeste. No tuvieron “coronita”. A propósito de tareas conflictivas, la que debió hacerse en calle Córdoba hizo aflorar una vez más la precariedad del estado del subsuelo de buena parte del microcentro, que aun así fue repavimentado; no es ni será el último caso, en una ciudad que engrosa su figura descuidando sus órganos vitales.
El corolario del repaso es para el interior, donde las situaciones llamativas tienen en quienes queman cañaverales a responsables de afectar la salud de los vecinos, las redes eléctricas, la visibilidad de quienes transitan rutas y caminos. Y si esto no fuera poco, se suman los ingenios: cada día tiran más hollín y las poblaciones que los circundan lo sufren. Ante los 60 días que les dieron de plazo para que instalen filtros, los empresarios respondieron que no podrán cumplir porque no tienen tiempo ni dinero para hacer las obras. Y el ganador es...
Las firmas siguen y son de nunca acabar. En el día a día, cada tucumano se pone cara a cara con lo particular, lo llamativo, lo descomunal. Algunos actúan, muchos miran para otro lado y están quienes se amparan en el fundamentalismo de sus actos para seguir escuchando sólo lo que les conviene.

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