Confrontación pendular
Ante las fuertes disputas, el tema convocante de la marcha de hoy, la inseguridad, pasó a un segundo plano. En Mendoza, el jefe de Estado dio otro paso hacia la concertación. Angel Anaya - Columnista.
31 Agosto 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La pertinaz confrontación pendular izquierda-derecha que afecta a la política argentina e impide la solución de los más graves problemas ha estado precediendo a la movilización organizada por Juan Carlos Blumberg en demanda de seguridad. En consecuencia, el tema convocante ha pasado a un segundo plano, mientras crece la incógnita sobre el desenlace de los acontecimientos. Tal vez la más equívoca reacción ante la polémica marcha haya sido la de Roberto Lavagna, cuyas decisiones políticas fundamentales siguen en reserva: está a favor del motivo y lo respalda, pero no iría, afirma, a la Plaza de Mayo aunque estuviese en Buenos Aires -se encuentra viajando-. Se trata de otro matiz de nuestra política y de sus protagonistas: debatir en grande tratando oportunistamente de eludir las definiciones.
Desde el oficialismo, la estrategia apuntó a provocar el temor entre los concurrentes más preocupados por la inseguridad que por la militancia en la oposición, como puede advertirse en el virtual apoyo que Luís D’Elía ha recibido de la Casa Rosada a pesar de sus burdas consignas.
Llamativamente, el ingeniero Blumberg abandonó sus contactos con el ministro del Interior para visitar al jefe de la Policía Federal y recibir sus garantías de que habrá un adecuado dispositivo de seguridad, no sólo en la plaza sino también sobre sus accesos en el microcentro. La respuesta de D’Elía ha sido que no puede controlar a “sus bases”, subsidiadas por planes oficiales.
Lo que parece más claro entre las diferentes perspectivas es que la política de seguridad seguirá siendo una decisión unilateral del Gobierno, como ocurre invariablemente cuando tratan de intervenir sectores ajenos al oficialismo.
En ese sentido, la concertación plural con epicentro en el Presidente ha vuelto a dar testimonio en San Rafael, Mendoza, con la fuerte descalificación de Kirchner para el radicalismo no colaboracionista, junto al solidario gobernador radical Julio Cobos.
El pasado, nuevamente, ha sido el arma presidencial, acompañado de la abundante caja centralista, pero ha debido enfrentar parecida réplica argumental del comité nacional de la UCR, mediante una declaración que recoge compromisos no menos pasatistas de Kirchner con el vilipendiado liberalismo menemista.
Es difícil que algún político relevante esté libre de esas imputaciones históricas y notorias, que impiden el diálogo con fines de largo plazo sobre cuestiones esenciales. (Sucursal Buenos Aires)







