29 Julio 2006 Seguir en 
Estuvieron durante casi dos horas en un cuarto de una de las viviendas más humildes del barrio Nicolás Avellaneda de Alderetes. El fiscal Carlos Albaca se trasladó hasta el domicilio de Carmen del Valle Racedo, madre de Paulina Lebbos, para interrogarla en el marco de la investigación que dirige por el homicidio de la joven. Después de cinco meses de la desaparición de la joven, cuyo cuerpo fue encontrado el 11 de marzo en Tapia, Racedo pudo hablar por primera vez oficialmente del caso.
La mujer, según trascendió, contestó interrogantes que giraban en aspectos íntimos de su hija y de las relaciones que mantenía con César Soto y con su padre, Alberto Lebbos. Justamente el ex funcionario del Gobierno provincial estuvo en la casa, pero no presenció la declaración de su esposa.
La mujer, dijeron fuentes de la investigación, se mostró sorprendentemente lúcida y con ganas de hablar. Tantas que el interrogatorio, al hacerse tan extenso, debió suspenderse y continuará el lunes y, de ser necesario, proseguirá el martes.
Racedo, por cuestiones de salud, no puede movilizarse, por lo que Albaca decidió ir a su casa y terminar con lo que había comenzado el martes: el interrogatorio a toda la familia Lebbos. Así, ya prestaron declaración el padre y los cuatro hermanos de Paulina. Todos dieron detalles de la vida privada de Paulina y, sobre todo, de la relación que mantenía la joven con Soto, con quien tuvo una hija de cinco años, que vive en la casa de Alderetes.
Racedo habría revelado algunos detalles desconocidos sobre la relación de pareja de su hijo, y no dudó en pedirle a Albaca que investigue a Soto hasta las últimas consecuencias, y que, si era necesario, lo detenga. Racedo además aseguró que Paulina había decidido separarse de Soto, y que ella había advertido que la joven estaba atemorizada, poco antes de su desaparición. “Yo estoy segura de que ella no quería verlo más, pero que él insistía violentamente en retomar la relación”, habría dicho la mujer. Ella también respondió sobre una serie de escuchas telefónicas que están en poder de la Justicia, y que fueron realizadas poco después de la desaparición de la joven, el 26 de febrero. En ellas, según trascendió, Racedo habría advertido en una charla que a su hija la estaban maltratando.
Luego de la declaración, y mientras se retiraba, el fiscal se limitó a decir: “no voy a realizar declaraciones sobre lo que dijo la testigo”. Mientras tanto, Lebbos se paseaba por la vereda de la casa. “Siempre estuvimos dispuestos a colaborar con la Justicia, pero seguimos sin entender esta medida”, aseguró.
El abogado de Lebbos, Emilio Mrad, se mostró interesado en que Soto y algunos de sus allegados respondan un cuestionario preparado por él, en donde plantea varios interrogantes aún sin respuesta. “Soto todavía tiene que dar muchas explicaciones”, aseguró. Una de ellas, dijo, es por qué jamás entregó el chip de su celular. Según los investigadores, la Justicia sospecha que Paulina conocía al asesino, por lo que se cree que podría tratarse de alguien de su entorno.
La mujer, según trascendió, contestó interrogantes que giraban en aspectos íntimos de su hija y de las relaciones que mantenía con César Soto y con su padre, Alberto Lebbos. Justamente el ex funcionario del Gobierno provincial estuvo en la casa, pero no presenció la declaración de su esposa.
La mujer, dijeron fuentes de la investigación, se mostró sorprendentemente lúcida y con ganas de hablar. Tantas que el interrogatorio, al hacerse tan extenso, debió suspenderse y continuará el lunes y, de ser necesario, proseguirá el martes.
Racedo, por cuestiones de salud, no puede movilizarse, por lo que Albaca decidió ir a su casa y terminar con lo que había comenzado el martes: el interrogatorio a toda la familia Lebbos. Así, ya prestaron declaración el padre y los cuatro hermanos de Paulina. Todos dieron detalles de la vida privada de Paulina y, sobre todo, de la relación que mantenía la joven con Soto, con quien tuvo una hija de cinco años, que vive en la casa de Alderetes.
Racedo habría revelado algunos detalles desconocidos sobre la relación de pareja de su hijo, y no dudó en pedirle a Albaca que investigue a Soto hasta las últimas consecuencias, y que, si era necesario, lo detenga. Racedo además aseguró que Paulina había decidido separarse de Soto, y que ella había advertido que la joven estaba atemorizada, poco antes de su desaparición. “Yo estoy segura de que ella no quería verlo más, pero que él insistía violentamente en retomar la relación”, habría dicho la mujer. Ella también respondió sobre una serie de escuchas telefónicas que están en poder de la Justicia, y que fueron realizadas poco después de la desaparición de la joven, el 26 de febrero. En ellas, según trascendió, Racedo habría advertido en una charla que a su hija la estaban maltratando.
Luego de la declaración, y mientras se retiraba, el fiscal se limitó a decir: “no voy a realizar declaraciones sobre lo que dijo la testigo”. Mientras tanto, Lebbos se paseaba por la vereda de la casa. “Siempre estuvimos dispuestos a colaborar con la Justicia, pero seguimos sin entender esta medida”, aseguró.
El abogado de Lebbos, Emilio Mrad, se mostró interesado en que Soto y algunos de sus allegados respondan un cuestionario preparado por él, en donde plantea varios interrogantes aún sin respuesta. “Soto todavía tiene que dar muchas explicaciones”, aseguró. Una de ellas, dijo, es por qué jamás entregó el chip de su celular. Según los investigadores, la Justicia sospecha que Paulina conocía al asesino, por lo que se cree que podría tratarse de alguien de su entorno.
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