"En mi niñez, la clase media era poderosa; había estabilidad. Hoy está muy mal, angustiada por la inseguridad, la falta de trabajo y la desjerarquización en todos los niveles", indica, aclarando que, pese a su edad, todavía tiene "la cabeza fresca" de recuerdos de un país próspero.Desde el punto de vista estadístico, para ser parte de la clase media poscrisis, una familia tipo necesita ingresos de entre aquellos $ 1.467 y $ 1.857.
La devaluación del peso respecto del dólar, de 2002, significó una fuerte caída del poder adquisitivo de la población y un inconstrastable incremento de la brecha entre los sectores ricos y los pobres. En Tucumán, según lo afirma el director de Estadística, Juan Carlos Abril, los ricos (que contemplarían a unas 10.000 familias) tienen ingresos mensuales 20 veces superiores a los pobres que totalizan 95.000 hogares sólo en el aglomerado urbano del Gran San Miguel de Tucumán. En total, en el aglomerado hay 198.000 hogares y 773.000 habitantes. Entre esas franjas, según los ingresos del grupo, está la clase media que aglutinaría a unas 50.000 familias (alrededor de 200.000 personas) "con una posición razonablemente económica que no está sujeta a los vaivenes de la inflación, es decir, de los aumentos de precios", señala Abril. "Quien tiene una buena capacitación, con un acceso a la educación en todos sus niveles, resulta menos vulnerable a los procesos inflacionarios y, por lo tanto, tiene posibilidades de escalar en los estratos sociales", considera el funcionario.
El economista, Felipe Fernández, comparte la apreciación de Abril en cuanto a un acercamiento en la definición de clase media. "Si hay que ponerle un valor en pesos, creo que el criterio más cercano para hablar de clase media es tomar el ingreso total de un hogar por encima del 15% o el 20% del valor de la canasta básica total (oscila los $ 890)", señala el experto. Fernández, en ese sentido, puntualiza que, de esa manera, una familia tipo tiene cierto margen económico que la hace menos vulnerable a caer por debajo de la línea de pobreza.
La clase media no termina de recuperarse de la crisis. "Tengo una pena enorme: con tantos momentos buenos que tuvo el país, la sociedad esta empobrecida", afirma Juan Emilio.
Un libro refleja el "ya no ser"
"Nos determinamos a escribir juntos este libro cuando compartimos la certeza de que nunca más este país iba a contar con una clase media del peso y la impronta que supo tener. Con el agravante de que difícilmente la Argentina pueda despojarse de la impronta clasemediera que atraviesa su sociabilidad, su cultura, su manera de hacer política". Este párrafo forma parte del prólogo del libro "La clase media: seducida y abandonada", un ensayo que el matemático Alberto Minujín y el periodista Eduardo Anguita publicaron en mayo de 2004, a través de la editorial Edhasa. El libro es un relato de la historia social reciente de la Argentina, en la que se produjo una "brutal redistribución de los ingresos a favor de los sectores más concentrados -señala- y para generar, en consecuencia, la pauperización de buena parte de la sociedad argentina".
Minujín y Anguita sostienen que la "deseducación" ha pasado a ser una realidad en nuestro país. "Las escuelas públicas han sufrido durante mucho tiempo una desinversión. (...) A su vez, las privadas, donde por mucho tiempo se refugiaron los integrantes de la clase media, tampoco pueden subsistir".
"En el nivel secundario, muchos adolescentes deciden no permanecer en el sistema educativo motivados tanto por la necesidad de contribuir económicamente a sus hogares como por las bajas expectativas de salida laboral que se ofrecen hoy a quien tiene un título secundario o incluso universitario", remarcan Minujín y Anguita.
Una franja social que tuvo como eje la valorización de la educación
Los criterios de clasificación social se fundan en distintos componentes: ingreso familiar, niveles de escolaridad, tipo de vivienda que marcan un estilo de vida y pautas de consumo, dice la historiadora María Celia Bravo.
"En general, la clase media estuvo asociada al crecimiento de la población urbana en un contexto de industrialización y desarrollo del sector terciario que ofrecía mejores oportunidades de trabajo y de consumo, déficit notorio en las áreas rurales", considera.
Bravo, doctora en Historia, profesora de la UNT e investigadora del Conicet, plantea que en la Argentina, el desarrollo de la clase media estuvo vinculado a la educación pública que reconoció un proceso de expansión sostenida desde comienzos de siglo XX.
"La presencia de una extendida clase media en las grandes ciudades afirmó un fenómeno ya difundido en los centros capitalistas más desarrollados: la sociedad de consumo, que se definía por el acceso de amplios sectores de la población a nuevos productos de confort", puntualiza.
Sin embargo -aclara -, en la Argentina, más que el consumo, el factor que tuvo una mayor incidencia en la configuración del estilo de vida de los sectores medios fue la valoración positiva de la educación, que se reflejó en la colaboración estrecha de las familias con instituciones educativas como la escuela y la universidad. "Esto permitía incorporar a jóvenes de sectores populares encontrar colocación en el mercado laboral", indica Bravo.
"Tucumán no fue ajena a este proceso, en el que instituciones educativas nacionales de nivel secundario y universitario tuvieron una incidencia aún no ponderable en el desarrollo de la clase media", puntualiza la experta, para quien la crisis de fines 2001 marcó un cambio de conductas, pero no la pérdida de valores que conformaron a la clase media.









