La botonera del terror

Las consecuencias de restringir por 180 días las exportaciones de carne. Por Angel Anaya

11 Marzo 2006
BUENOS AIRES.- Los 180 días de prohibición de exportar carnes pueden convertirse en 180 horas, según la gran mayoría de las apreciaciones sobre la drástica decisión presidencial anunciada por la ministra de Economía de Kirchner. Ni siquiera hizo falta la medida formal, dictada después, para que, al rato, ingresara en el Mercado de Liniers una cifra récord de vacunos desde 1992 y cayeran los precios en torno del 20%. El Presidente, como de costumbre, usó su botonera del terror, y la primera respuesta fue del Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas: “estamos acercando algunas propuestas a Economía, que contemplan las necesidades del Gobierno de bajar los precios, como las de la industria para seguir exportando”. Lo que no contempla esa botonera fatal a mano de Kirchner es el efecto que sus órdenes provocan en la sensibilidad de quienes piensan en el país como lugar de inversiones. En la reacción de los frigoríficos figuran cifras escalofriantes de despidos consecuentes con el botonazo; pero al anuncio de la vocera Felisa Miceli siguieron manifestaciones oficiosas en su entorno, afirmando que la situación podría cambiar si hubiera una reacción favorable sobre autorregulación de los exportadores.
El Gobierno, como se observa, sigue apelando al cortoplacismo, esta vez de manera contundente, afectado por el horizonte electoral y los primeros vapores reeleccionistas. Para después, como dice el adagio, Dios proveerá. Debe extrañar, por cierto, el generalizado temor de los analistas críticos que sacan conclusiones para el largo plazo, como el cierre de frigoríficos, el desempleo agropecuario y la fuga de inversiones a sectores agrarios más productivos, como el de la soja. Esas situaciones no las ignora Kirchner, a quien, como alguien ha dicho con picardía,  le interesa igualmente tapar su desgaste en el episodio del alcalde defenestrado por la Legislatura porteña mediante algún gesto populista que ponga fin, a la vez, al fracaso de los acuerdos sobre las carnes. ¿Ha sido entonces la amenaza de los 180 días una sabia medida política? Si el fin es tan utilitario como la botonera del terror, la respuesta puede ser afirmativa. Pero si se trata de estabilizar la economía de acuerdo con las pautas de la realidad internacional, donde el país, quiérase o no, debe desenvolverse, seguramente que es negativa. Días atrás la prestigiosa Fundación Heritague, de Estados Unidos, consignó en su informe anual que la Argentina llega a este año ocupando el 107° puesto en la escala sobre libertad económica. (De nuestra Sucursal)