09 Febrero 2006 Seguir en 
El grave episodio de Santa Cruz no habría tenido tan excepcional repercusión pública como la reflejada por los medios y la conmoción oficial, si no fuera porque es observado como una insoslayable señal de alarma que el Gobierno no puede desatender.
El mensaje de tono coloquial de Kirchner -aprovechando un acto ajeno en el Salón Blanco- ha evidenciado, por lo pronto, que está consciente de que no se trata de un hecho circunscripto a una diferencia laboral aprovechada por sectores duros, sino que guarda relación con asuntos más profundos que las encuestas habituales que el Gobierno dispone no reflejan.
La violencia con sangre en Santa Cruz ha sido relacionada por los agresores con el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias que hace insignificantes los incrementos salariales del trabajador con familia, mientras la ministra Felisa Miceli, al mismo tiempo, seguía sosteniéndolo sin plazo con el "apoyo absoluto" del bloque oficialista del Senado. Muy lejos de allí, los vecinos de Gualeguaychú organizados en piquetes, permanecen en los cortes fronterizos y asambleas, exigiendo que el Presidente los reciba para explicarles lo que ya han hecho público; es decir, el propósito de impedir la construcción de las papeleras uruguayas. Son dos hechos originados por causas muy diferentes, pero tienen en común la crisis de autoridad que atemoriza al poder y le impide adelantarse a los acontecimientos.
Comunidades muy diferentes de casi todo el país están demostrando desde hace mucho tiempo una capacidad de protesta cada vez más agresiva de los intereses generales, mientras los gobernadores no se atreven a manejar los conflictos sin comunicación directa con el despacho presidencial por temor a la sanción económica.
Horas de revisión
Esa dependencia tiene causa fundamental en la carencia de recursos propios causada por la demora de más de una década del nuevo régimen de coparticipación federal dispuesto por la reforma constitucional de 1994. Tanto el escándalo de Santa Cruz como la autonomía vecinal de Gualeguaychú han puesto finalmente en el ojo de la tormenta al extremado presidencialismo del poder central, impidiéndole a Kirchner eludir públicamente el tratamiento de los aspectos negativos de la gestión gubernamental. No es extraño, ha dicho en su improvisado mensaje de tono coloquial, que los hechos hayan elegido a su provincia, tratando de señalar fantasmas como los activos grupos de ultra izquierda que también rondan por las calles porteñas. Pero lo real es que los acontecimientos de ambos puntos de conflicto están implicando una revisión del modelo de centralización del poder impuesto por Kirchner con una visión excesivamente provinciana. (De nuestra Sucursal)
El mensaje de tono coloquial de Kirchner -aprovechando un acto ajeno en el Salón Blanco- ha evidenciado, por lo pronto, que está consciente de que no se trata de un hecho circunscripto a una diferencia laboral aprovechada por sectores duros, sino que guarda relación con asuntos más profundos que las encuestas habituales que el Gobierno dispone no reflejan.
La violencia con sangre en Santa Cruz ha sido relacionada por los agresores con el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias que hace insignificantes los incrementos salariales del trabajador con familia, mientras la ministra Felisa Miceli, al mismo tiempo, seguía sosteniéndolo sin plazo con el "apoyo absoluto" del bloque oficialista del Senado. Muy lejos de allí, los vecinos de Gualeguaychú organizados en piquetes, permanecen en los cortes fronterizos y asambleas, exigiendo que el Presidente los reciba para explicarles lo que ya han hecho público; es decir, el propósito de impedir la construcción de las papeleras uruguayas. Son dos hechos originados por causas muy diferentes, pero tienen en común la crisis de autoridad que atemoriza al poder y le impide adelantarse a los acontecimientos.
Comunidades muy diferentes de casi todo el país están demostrando desde hace mucho tiempo una capacidad de protesta cada vez más agresiva de los intereses generales, mientras los gobernadores no se atreven a manejar los conflictos sin comunicación directa con el despacho presidencial por temor a la sanción económica.
Horas de revisión
Esa dependencia tiene causa fundamental en la carencia de recursos propios causada por la demora de más de una década del nuevo régimen de coparticipación federal dispuesto por la reforma constitucional de 1994. Tanto el escándalo de Santa Cruz como la autonomía vecinal de Gualeguaychú han puesto finalmente en el ojo de la tormenta al extremado presidencialismo del poder central, impidiéndole a Kirchner eludir públicamente el tratamiento de los aspectos negativos de la gestión gubernamental. No es extraño, ha dicho en su improvisado mensaje de tono coloquial, que los hechos hayan elegido a su provincia, tratando de señalar fantasmas como los activos grupos de ultra izquierda que también rondan por las calles porteñas. Pero lo real es que los acontecimientos de ambos puntos de conflicto están implicando una revisión del modelo de centralización del poder impuesto por Kirchner con una visión excesivamente provinciana. (De nuestra Sucursal)
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