La guerra de palabras

Por Carlos Abrehu. El gobernador volvió a exhibir un estilo agresivo y opacó a los candidatos a convencionales reformistas.

29 Enero 2006

Fue una tormenta de verano que prenuncia tempestades mayores para el otoño. El gobernador disparó artillería pesada contra el presidente subrogante de la Legislatura y contra el presidente de la Corte Suprema de Justicia. Fernando Juri Debo y Alfredo Dato irritaron con sus dichos a José Alperovich. La división de poderes le jugó una mala pasada al jefe de Estado. A eso se adiciona la intolerancia frente a las opiniones diferentes. La combinación de estos elementos motorizó el retorno del gobernador belicoso en la tribuna mediática. Dato -a la sazón, de feria- evitó compromiso alguno acerca del contenido de la futura Carta Magna. La Corte, en última instancia, es la que entenderá en las hipotéticas desviaciones de la agenda reformista fijada por la Legislatura, en las que pudieren incurrir los convencionales constituyentes. Con argumentos de tono jurídico esquivó definiciones de orden político durante la audiencia con la misión alperovichista. El presidente de la Corte, sin embargo, sacó de las casillas al oficialismo con sus apreciaciones sobre el mecanismo más apto para juzgar a los jueces, que publicó LA GACETA. Alperovich no ocultó su fastidio ante esa astuta maniobra de Dato, porque interpretó que adelantaba una posición que se había negado a exponer ante los enviados del Gobierno.
El conductor del máximo tribunal no polemizó, pero aclaró que se refería a la habilitación de los jury para juzgar a los jueces en la órbita nacional. Si eso prefiere para el ámbito federal, es válido suponer que también lo quiere para la Justicia provincial. La reciente destitución de la camarista penal Susana Freidenberg por una comisión de legisladores -el Tribunal de la Legislatura- contribuyó a que terminara por convencerse de la necesidad de excluir a los jueces de los alcances del juicio político.
Nuevos hechos pueden desplazar a segundo plano esa guerra de palabras, pero algunas convicciones permanecen firmes. En Casa de Gobierno admiten que Dato despliega un juego pendular. "Estamos habituados a sus idas y vueltas", reflexionan con la guardia en alto. En el mundo judicial repiten que la misión esencial de la Corte radica en garantizar la efectiva vigencia de la Constitución, en sintonía con la prédica de Raúl Zaffaroni, juez estrella de la galaxia kirchnerista. Las prevenciones envenenan la atmósfera. Unos y otros se miran con reserva.
Juri Debo es parte de otra historia. Alperovich puso el grito en el cielo cuando se cercioró de que la reforma del Código Tributario pasará para marzo. Al primo del vicegobernador Fernando Juri lo acusó de tener un doble discurso; pero aquel se defendió argumentando que sólo pretende que los cambios surjan acordados con las instituciones profesionales. El cortocircuito revela enfoques divergentes respecto de la dinámica interpoderes.
Alperovich forzó más de una determinación con una estrategia "decretista". Hizo prevalecer su visión de los asuntos públicos con un uso abusivo de los decretos de necesidad y urgencia, que totalizan 40 hasta ahora, pese a que la mayoría oficialista que controla la Cámara no le traba ningún proyecto de relevancia. Pero cuando se trata de crear impuestos, no puede soslayar la sanción de una ley específica por Legislatura. El estilo verticalista de manejo del Estado entra en crisis ante una premisa constitucional, cuya génesis hay que rastrearla en el medioevo inglés.
Juri Debo siguió en esto la línea dialoguista que pretende impulsar el vicegobernador en contraste con la de la Casa de Gobierno, donde prevalece un criterio de sospecha respecto de la acción de las organizaciones intermedias. Es frecuente escuchar anatemas en contra de los intereses corporativos, cuando esas instituciones piden un espacio de diálogo. La pausa que se ha puesto al debate impositivo sustrae al asunto de la liza política en un mes electoral y amortigua su efecto negativo en la ciudadanía. Al fin y al cabo, Juri Debo es el segundo postulante a convencional constituyente por la capital, por el oficialista Frente de la Victoria.
Tras las elecciones de febrero, bien puede ocurrir que las dos ramas peronistas que controlan el Ejecutivo y el Legislativo pacten una reforma del Código Tributario que refleje las aspiraciones del Gobierno. El chisporroteo de la semana pasada, sin embargo, no disipa la impresión de que en el otoño pueda reactivarse la puja interna en el oficialismo. La discusión de una versión de la Ley de Lemas atenuada se perfila para el otoño.

Calidad en descenso
Las controversias en las alturas del poder no oscurecen otras perspectivas inquietantes para la valoración de la calidad institucional. El gobernador se ha puesto al frente de la campaña electoral cuando no es candidato para el 19 de febrero. Tapó a los postulantes de la coalición y tiende a identificar la reforma de la Constitución del 90 con su proyecto continuista. El bajo perfil de la lista oficialista se condice mucho con el escaso protagonismo que se augura a quienes representarán al alperovichismo en la Convención. Se habla con insistencia de que votarán a libro cerrado un texto diseñado por especialistas contratados afuera de Tucumán, sin mayores discusiones públicas.
Tampoco el vicegobernador Fernando Juri sobresalió por su recato republicano. Su exhortación pública a rescatar el sentido obligatorio del voto y el deber de participación en la construcción del nuevo edificio constitucional, se da de patadas con su calidad de autoridad electoral de Tucumán. Es juez y parte al mismo tiempo. La democracia cruje ante las enormes desigualdades que genera la competencia con el poder.
Con todo, el mayor temor que embarga al oficialismo es la deserción ciudadana, por falta de interés. Alperovich es uno de los que exteriorizó ese estado de ánimo. Empero, otros jerarcas del oficialismo se encogen de hombros y recuerdan que en Santiago del Estero acudió a sufragar el 35% del padrón cuando se eligieron convencionales constituyentes en julio del año anterior. Pese a esa circunstancia, la Asamblea Constituyente sesionó y cumplió con su objetivo.
El hecho de que Alperovich haya decidido pilotear personalmente la tarea proselitista pone en evidencia algunos desajustes internos. La ausencia del intendente Domingo Amaya en el teatro de operaciones, a menos de 30 días de los comicios de febrero, realimentó la hipótesis de cierto enfriamiento de las relaciones entre ambos políticos. La proyección que intentaría alcanzar Amaya hacia 2007 sería el detonante de la situación. Sin embargo, hay quienes señalan que hubo acercamientos visibles. Amaya heredó de 2005 el cambio de mando del sindicato municipal. Osvaldo "Cacho" Acosta le imprimiría un ritmo combativo a un gremio que se comportó pacíficamente . La intervención al sindicato acabaría con el fantasma de Acosta.

Tamaño texto
Comentarios