La recreación en espacios públicos

La falta de natatorios públicos se hace patente en esta época del año.

12 Enero 2006
El cada vez más tórrido verano tucumano nos lleva a recordar, no sin cierta nostalgia, los tiempos en los que nuestros abuelos podían bañarse en el natatorio público del parque Avellaneda, o en las otrora limpias aguas del río Salí. Lejos ya aquellas épocas, los vecinos de Tucumán tienen actualmente escasas opciones para desarrollar actividades recreativas que involucren el uso del agua, sin tener que pagar canon alguno por el servicio. En la ciudad de Tucumán, a excepción de los natatorios de los clubes o asociaciones civiles, la oferta de piletas de natación públicas en uso se reduce esta temporada al Complejo General Belgrano, que depende de la Provincia; al complejo Municipal Teniente Ledesma y al CEF 18, que depende de la Nación. Sin embargo, la escasez de natatorios habilitados muestra la necesidad de definir una política de estímulo a una disciplina que, como la natación, genera beneficios múltiples para quienes la cultiven, sean estos jóvenes, adultos o personas con alguna discapacidad física. Por un lado, las actividades relacionadas con el agua tienen un fuerte impacto de socialización; por otra parte, resulta casi una redundancia recordar los beneficios para la salud que otorga la práctica de la natación y de otros deportes acuáticos.
Si se recorre el mapa de la provincia de Tucumán, se observará que en muchos municipios supo haber natatorios municipales (o propiedades de los ingenios que fueron cerrando o cambiando de dueños) que hoy están sumidos en el abandono. A la hora de ese balance, hay que recordar asimismo la obra inconclusa de una pileta de alto rendimiento en la avenida Adolfo de la Vega, y los intentos frustrados de rehabilitación de la pileta del parque Avellaneda. Esta última iniciativa no prosperó, por la confluencia de dos factores: la desidia de usuarios o de inadaptados y la falta de controles adecuados por parte de la Municipalidad sobre las instalaciones del natatorio.Hay que señalar que la escasez de natatorios en el ámbito de los clubes también está mostrando una crisis dirigencial de la Federación Tucumana de Natación, por falta de recambio de liderazgos. En el haber, cabe destacar la habilitación, hace pocas semanas, de un importante Centro de Alto Rendimiento en la zona del piedemonte, con pileta olímpica; aunque bienvenido, hay que recordar que se trata de un emprendimiento privado, y que, en consecuencia, no es de acceso libre.
En lo que respecta al uso de los ríos para bañarse -casi la única alternativa gratuita en la inclemente temporada estival-, la falta de controles sobre los balnearios y sobre las zonas ribereñas ha sido una constante en Tucumán. Bañarse en el principal efluente hídrico de la Provincia implica un riesgo ambiental al que, lamentablemente, se someten a diario los centenares de niños que sobreviven en la ribera del Salí, y que no toman conciencia del daño al que se someten al entrar en contacto con las aguas contaminadas. Y el desarrollo de distintas actividades en El Cadillal -donde está prohibido bañarse- entraña diversos riesgos. De ahí la importancia de las medidas de señalización en balnearios, campings y natatorios que acaba de adoptar la Dirección Provincial de Defensa Civil, y que arrancó en el río Grande, de El Siambón, donde el año pasado murieron un nene y su mamá, arrastrados por la corriente. Es de esperar que esa campaña no se detenga en el primer cartel. Y también es deseable que las autoridades provinciales responsables de las políticas deportivas encaren actividades recreativas en los cursos naturales y en los escasos natatorios públicos, y que encaren, asociadas con los municipios (y por qué no llamando a la colaboración vecinal) obras de recuperación de las piletas deterioradas. Todo ello contribuirá, sin duda, al disfrute de aquella parte de la población que no puede costearse vacaciones fuera de su Provincia.

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