Velaban a una joven sin darse cuenta de que no era su hija

Solo una menor había advertido la confusión. La aparición del cuerpo de una muchacha desencadenó una increíble situación. En medio de la ceremonia, la "fallecida" apareció caminando.

07 Enero 2006
SALTA.- Una insólita confusión provocó que un matrimonio creyera muerta a una de sus hijas y velara el cuerpo de otra joven en su propia vivienda, situación de la que se percataron cuando la supuesta fallecida entró caminando a la casa.
La primera en sospechar que el cuerpo no pertenecía a Angela Saravia Rolón, de 19 años, fue la sobrina, de apenas 11 años, quien al ver el cadáver afirmó convencida: "esta no es mi tía". En realidad, quien yacía en el cajón era una joven de 17 años que aparentemente se había suicidado al ahorcarse con una soga en un árbol. Otro dato curioso es que el novio de Angela, quien se encuentra purgando una condena por robo a mano armada, recibió permiso para concurrir al velorio de su prometida, y ahora enfrentaría una causa por supuesto intento de fuga.
El increíble hecho comenzó a gestarse en la noche del 31 de diciembre, cuando Angela, madre de dos hijos, había salido de la casa de sus padres, en la villa 20 de Junio, para concurrir a un boliche y festejar la llegada del Año Nuevo.

De campamento
Al mismo tiempo, la otra chica, de 17 años, les dijo a sus padres que se iba de campamento; pero ninguna de las dos regresó en la madrugada. La confusión se generó cuando a los Rolón les avisaron el día 2, a las 8.30, que, frente a las frondosas márgenes del río Arenales, a unos 60 metros de su vivienda, el cuerpo de una mujer se encontraba pendiendo de un algarrobo, con una soga en el cuello.

"Reconocimiento"
El primero en "reconocer" el cuerpo fue Mario Saravia, padre de Angela, junto a un familiar y a un amigo de la chica. Al parecer, la hinchazón del rostro de la joven y algunos moretones, más un singular parecido entre ambas, confluyeron para ocasionar el error. Nadie se percató de que la infortunada llevaba ropas que no eran de Angela, ni mucho menos otro detalle que luego sería definitorio: los tatuajes que luce la chica dada por muerta y que la otra no tenía. Un médico policial certificó el deceso. A pedido de la madre de la chica, que también "reconoció" su cadáver, se hizo una autopsia. La mujer relacionó la muerte con las amenazas que un tal "Martín", padre de los hijos de Angela, de 2 y 3 años, supuestamente había hecho. Tras la pericia forense, les fue entregado el cuerpo.
Pero, a las 19, sonriente y sin entender qué sucedía en su casa, apareció Angela junto a un amigo. "Yo había salido a bailar y después fuimos a la casa de varios amigos a festejar el año nuevo", dijo la joven. "Cuando venía, me paró un amigo que me dio un abrazo enorme. Yo no entendía nada. Cuando llegué acá, pensé que se había muerto algún pariente; pero resulta que me estaban velando a mí", dijo, sorprendida.
Gladys Nieva, madre de la joven efectivamente muerta, afirmó: "no entiendo cómo pudieron confundirse". (DyN)



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