04 Enero 2006 Seguir en 
Si hay algo que no se puede negar de aquellos que se dedican al contrabando de drogas, es su imaginación. A la hora de disimular la carga de cocaína, por ejemplo, sobreviene un derroche de ocurrencias, muchas de las cuales rayan lo tragicómico. Los casos hablan por sí solos.
Un tipo de camuflaje muy utilizado es aquel que consiste en esconder la droga en pequeños paquetes, los cuales se pegan a la persona. Tal vez el ejemplo más ingenioso sea el de un hombre que escondió dos kilos de droga debajo del yeso de su brazo. Desde que el 29 de agosto de 2005 el muchacho fue sorprendido en Ezeiza, muchos contrabandistas no tienen ganas de emplear este método.
Cuando la cantidad de cocaína que se debe esconder es muy grande, los delincuentes tratan de camuflarla en un cargamento legal. El año pasado, por ejemplo, se detuvo a un hombre que la escondía en sillones para consultorios odontológicos. Otros han tratado de disimularla en cilindros de GNC, pulpa de frutilla, zapatillas y hasta autos antiguos.
Algunos han dejado traslucir en su negocio cierta afición al deporte. La Policía descubrió a un grupo que mandaba a Europa raquetas de tenis ahuecadas, que rellenaban con droga. Y, en Ezeiza, hay quienes se acuerdan de un hombre que pretendía viajar cargando dos bolas de bowling. El problema era que estas escondían siete kilos de cocaína.
Muchas damas también se animan a desafiar a la suerte y parecen dispuestas a todo. En 1999, una turista llegó desde Colombia cargando un bonito pesebre: un regalo para su pequeña hermana, según contó. Pero el paquete pesaba mucho e hizo sospechar a los inspectores. Finalmente descubrieron la trampa: las imágenes estaban hechas de cocaína esmaltada.
Las valijas con doble fondo con que tradicionalmente se hacían pasar a las diferentes sustancias ya han pasado a la historia. Las nuevas modas también llegan al mundo de la droga.
Un tipo de camuflaje muy utilizado es aquel que consiste en esconder la droga en pequeños paquetes, los cuales se pegan a la persona. Tal vez el ejemplo más ingenioso sea el de un hombre que escondió dos kilos de droga debajo del yeso de su brazo. Desde que el 29 de agosto de 2005 el muchacho fue sorprendido en Ezeiza, muchos contrabandistas no tienen ganas de emplear este método.
Cuando la cantidad de cocaína que se debe esconder es muy grande, los delincuentes tratan de camuflarla en un cargamento legal. El año pasado, por ejemplo, se detuvo a un hombre que la escondía en sillones para consultorios odontológicos. Otros han tratado de disimularla en cilindros de GNC, pulpa de frutilla, zapatillas y hasta autos antiguos.
Algunos han dejado traslucir en su negocio cierta afición al deporte. La Policía descubrió a un grupo que mandaba a Europa raquetas de tenis ahuecadas, que rellenaban con droga. Y, en Ezeiza, hay quienes se acuerdan de un hombre que pretendía viajar cargando dos bolas de bowling. El problema era que estas escondían siete kilos de cocaína.
Muchas damas también se animan a desafiar a la suerte y parecen dispuestas a todo. En 1999, una turista llegó desde Colombia cargando un bonito pesebre: un regalo para su pequeña hermana, según contó. Pero el paquete pesaba mucho e hizo sospechar a los inspectores. Finalmente descubrieron la trampa: las imágenes estaban hechas de cocaína esmaltada.
Las valijas con doble fondo con que tradicionalmente se hacían pasar a las diferentes sustancias ya han pasado a la historia. Las nuevas modas también llegan al mundo de la droga.
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