El sueño de controlar la política

Por Carlos Abrehu. El gobernador se siente propietario de la iniciativa y diferencia a los opositores amigos de los otros.

13 Noviembre 2005

La suerte está echada. El Gobierno impuso su voluntad y la ciudadanía votará en dos oportunidades entre diciembre y febrero. El gobernador José Alperovich se salió con la suya y maneja los tiempos políticos a su antojo. Las tímidas quejas de sus antagonistas cayeron en el vacío y fueron rechazadas olímpicamente. El oficialismo pretende que las agujas del reloj se muevan según sus designios. La política acabará con la convención reformadora y luego vendrá la fase de la gestión administrativa. Alperovich, además, divide las aguas entre los opositores amigos y los hostiles. El sueño de la digitación del protagonismo ajeno está muy cerca de plasmarse en realidad. Más de un dirigente que declama hostilidad contra la Casa de Gobierno no titubea en pedir ayuda monetaria en encumbrados despachos oficiales para poder competir en las urnas. La actitud mendicante condiciona todo intento futuro de independencia de criterio en debates cruciales. Así las cosas, no sorprende que el equipo gobernante esté más que optimista frente al escenario que visualiza en el corto plazo. Después de las elecciones del 23 de octubre, se desmoronó el andamiaje de los otros. Y antes del 23 pasado, también había dado efectividad jurídica a sus propósitos políticos. Alperovich, en efecto, vetó 45 leyes, y usó con generosidad los decretos de necesidad y urgencia, en medio de la pasividad legislativa. La Constitución de 1990 no le bloqueó el ejercicio de su ejecutividad política. Sólo le traba la reelección inmediata de él y de Fernando Juri, como también, de un enjambre de políticos electos en junio de 2003. Una poderosa coalición de intereses sostiene esa embestida.
La euforia reformista tiene techo. A propósito de una acción de inconstitucionalidad de la ley Nº 7.469 que habilita la reforma constitucional, que rechazó por unanimidad la Corte Suprema de Justicia, se ratificó una premisa básica. La convención constituyente debe ajustarse a los puntos votados por los legisladores. Si no fuera así, la reforma que rompiera con el molde la ley 7.469, sería susceptible de impugnación judicial. La caída de la estabilidad de los jueces detonaría un conflicto de ese tipo. La asamblea reformadora habría desvirtuado su naturaleza de poder constituyente derivado en esa hipótesis. Esas cavilaciones corresponden a un tiempo futuro. Por estas horas, las relaciones entre el Gobierno y la Corte son formalmente buenas, admiten cerca de esos poderes.

La hora de las versiones
En el peronismo se siente la gravitación de Alperovich. La asamblea provincial del PJ, en tiempo récord, adapta la carta orgánica al régimen de elecciones primarias abiertas. El fervor partidario desapareció del acto en que se proclamó diputada a Beatriz Rojkés de Alperovich. Sin embargo, el gobernador es el que discrecionalmente asigna papeles. Así, el intendente Domingo Amaya será el primer candidato oficialista a la constituyente en febrero. El primer desafío que deberá sortear es evitar la baja del caudal de votos que obtuvo la cónyuge del jefe de Estado el 23 de octubre. Se preserva a la nueva diputada de los roces y avatares de otro proceso electoral. Amaya no estará solo en esa empresa, porque legisladores y concejales pugnarán para abrirle camino a la reelección. Amaya, como otros intendentes y comisionados comunales, también dispondrá del manejo de más planes Jefas y Jefes de Hogar. Ese cupo se amplió con el que se destinó a los obreros del limón, de cuya administración se marginó a Jesús Pellasio (Uatre), un gremialista enfrentado con la administración alperovichista. En la capital ascienden a 1.800 plazas. Por donde se vea, se detectan movimientos de apoyo a la reforma con reelección inmediata. Quienes ocupan hoy funciones electivas de distinta jerarquía, comprometidos con ese proyecto, son alrededor de 300 políticos.
Amaya insinuó, además, que no le disgustaría ser intendente más adelante, es decir, en 2007. Fernando Juri Debo estaría en desgracia y Beatriz Avila, en ascenso. Los cabildeos entre el vicegobernador, Fernando Juri, y el gobernador aún no concluyeron. El acto en que confluyeron el vicegobernador, los diputados Gerónimo Vargas Aignasse y Stella Córdoba, y el legislador Antonio Alvarez despertó múltiples conjeturas.
Fernando Juri dijo que quiere ser el mejor vicegobernador de la historia y reivindicó el papel central del PJ en la elección de octubre. Algunos asimilaron la conducta de Juri a la del ex conductor de Fórmula 1, Carlos Reutemann, que se conformaba con ser segundo. Con todo, ese intento de rodear al vicegobernador y de mostrarlo como el eje de la ortodoxia responde a un reflejo defensivo ante la expansión alperovichista. Vargas Aignasse, vía Alvarez, se acercó al vicegobernador. Córdoba procura, por su parte, tenderle un puente hacia el kirchnerismo. La iniciativa causó alergia en otros legisladores, que se sintieron sorprendidos por lo que hizo Alvarez. Las movidas en derredor del presidente de la Legislatura no se paralizarán. La corriente Cruzada Peronista le acercará ideas respecto de un núcleo de coincidencias básicas a firmar con otros partidos. El eje del documento es la reforma constitucional.

En el sube y baja
El tablero opositor muestra, por primera vez, al bussismo ausente de una contienda electoral. Fuerza Republicana entró en una etapa de crisis profunda y declinó siquiera desempeñar un papel testimonial. Ricardo Bussi no puede contener la volatilidad del electorado propio. Se le atribuye haber pactado la abstención con el senador Julio Miranda, en una jugada que no halló eco en las demás organizaciones partidarias. El destino del bussismo aparece incierto.
Tres Banderas, hegemonizado por Alejandro Sangenis, decidió competir en febrero, pero el legislador estará fuera de las listas. La convergencia de Participación Cívica y el Frente Grande cristalizó el Frente Cívico de la Victoria. Esta sociedad que apoya a Alperovich, curiosamente, marcó el reencuentro de dos ex diputados aliancistas: José Vitar y Carlos Courel. El cúmulo de especies circulantes es de tal complejidad que el ex vicegobernador Julio Díaz Lozano precisó que no se postulará para la constituyente. "El escenario no es nada transparente", precisó.
Dentro del radicalismo, la situación es muy enmarañada. El acuerdo con Recrear, Ciudadanos Independientes y Nuevo Partido disparó reacciones encontradas. El sector que promueve la individualidad partidaria entronca con la tradición histórica, pero algunos sospechan que, en realidad, está buscando abortar una operación política que disgusta a la Casa de Gobierno. Esteban Jerez estaría al frente de una de las listas. El ala de Roberto Palina capitanea esta posición, que es resistida por Juan Robles y Jorge Mendía -este, muy próximo a Alperovich-. Las refriegas continuas en la UCR no dejan de alarmar a la cúpula de Recrear.
En el escenario revuelto, el Acuerdo Social para la Inclusión Social (ASI) espera captar una franja de descontentos con los partidos tradicionales.

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