13 Noviembre 2005 Seguir en 
La Ley Federal de Educación, a más de una década de su promulgación, sigue presentando problemas en su aplicación práctica. Así lo reconocen autoridades educativas, docentes, padres y alumnos; es por eso que en estos días concluirá una exhaustiva revisión de los espacios curriculares con la idea de mejorar la preparación de los egresados del nivel medio. Esto les permitirá encarar con mejores posibilidades sus estudios superiores o su integración al mundo laboral. Uno de los efectos inmediatos de esta reforma sería la reanudación del dictado de asignaturas básicas como Lengua y Matemática en el último año del Polimodal. Esta decisión respondería a una demanda generalizada por parte de los responsables de distintas instituciones educativas de la provincia. Debe recordarse que, actualmente, estos dos espacios curriculares no figuran entre los que se dictan en el 3er año del Polimodal, en ninguna de las cinco modalidades.
Si bien estas modificaciones entrarían en vigencia a comienzos de 2006, están en estudio otras cuya puesta en práctica demandaría más tiempo, y que harían necesaria una adecuación con las modificaciones que se introduzcan en el resto del país. Entre ellas se encuentran las nuevas estrategias para ayudar a los alumnos a mejorar su rendimiento escolar. Hay coincidencia entre los educadores y los propios estudiantes en el sentido de renovar los códigos de comunicación, para ponerlos en sintonía con los avances tecnológicos que caracterizan los primeros años del nuevo milenio. No se trata sólo de renovar el equipamiento escolar para satisfacer las necesidades tecnológicas de la época sino -fundamentalmente- introducir temas de interés para los jóvenes y expresarlos con un lenguaje que ayude a superar la brecha intergeneracional.
Otro de los problemas que desvela a quienes estudian los cambios en la currícula es el de encontrar una síntesis que les permita mantener la estructura que le da sentido a la modalidad con la unificación de contenidos para evitar la excesiva especificidad de las distintas orientaciones. El fundamento de esta decisión se encuentra en la comprobación de que resulta prácticamente imposible que los chicos tengan una orientación vocacional claramente definida a tan temprana edad.
Otro de los temas en cuestión es el del mantenimiento o no del dictado de materias cuatrimestrales, ya que muchos docentes y rectores sostienen que ese lapso resulta insuficiente para desarrollar adecuadamente los contenidos mínimos que corresponden a un espacio curricular.
El sistema debe articularse además con el resto del país, de modo que las provincias no sean islas con planes tan distintos entre sí que hagan imposible la compatibilización.
La particular realidad de la provincia indica que debe trabajarse con especial cuidado, para evitar que la crisis de las estructuras educativas agrave los problemas de deserción estudiantil, repitencia y preparación deficiente para encarar estudios de nivel superior.
El ministro de Educación de la Nación le dijo hace pocos meses a nuestro diario que los chicos encuentran un modelo pedagógico expulsivo cuando ingresan al secundario, porque allí se enseña con modelos propios del siglo XIX, y se pronunció a favor de repensar la forma en que se educa en la escuela secundaria.
Es de esperar que las modificaciones en estudio sean el producto de un cuidadoso relevamiento de las necesidades y aporten a los estudiantes elementos que les permitan contar con herramientas eficaces para abordar exitosamente los estudios superiores que elijan, o insertarse sin tropiezos en un escenario laboral que cada día tiene exigencias mayores. Los docentes y los alumnos no pueden seguir siendo los eternos conejillos de Indias de las experiencias pedagógicas, por más elevado que sea el objetivo de acceder a una mayor calidad en el aprendizaje.
Si bien estas modificaciones entrarían en vigencia a comienzos de 2006, están en estudio otras cuya puesta en práctica demandaría más tiempo, y que harían necesaria una adecuación con las modificaciones que se introduzcan en el resto del país. Entre ellas se encuentran las nuevas estrategias para ayudar a los alumnos a mejorar su rendimiento escolar. Hay coincidencia entre los educadores y los propios estudiantes en el sentido de renovar los códigos de comunicación, para ponerlos en sintonía con los avances tecnológicos que caracterizan los primeros años del nuevo milenio. No se trata sólo de renovar el equipamiento escolar para satisfacer las necesidades tecnológicas de la época sino -fundamentalmente- introducir temas de interés para los jóvenes y expresarlos con un lenguaje que ayude a superar la brecha intergeneracional.
Otro de los problemas que desvela a quienes estudian los cambios en la currícula es el de encontrar una síntesis que les permita mantener la estructura que le da sentido a la modalidad con la unificación de contenidos para evitar la excesiva especificidad de las distintas orientaciones. El fundamento de esta decisión se encuentra en la comprobación de que resulta prácticamente imposible que los chicos tengan una orientación vocacional claramente definida a tan temprana edad.
Otro de los temas en cuestión es el del mantenimiento o no del dictado de materias cuatrimestrales, ya que muchos docentes y rectores sostienen que ese lapso resulta insuficiente para desarrollar adecuadamente los contenidos mínimos que corresponden a un espacio curricular.
El sistema debe articularse además con el resto del país, de modo que las provincias no sean islas con planes tan distintos entre sí que hagan imposible la compatibilización.
La particular realidad de la provincia indica que debe trabajarse con especial cuidado, para evitar que la crisis de las estructuras educativas agrave los problemas de deserción estudiantil, repitencia y preparación deficiente para encarar estudios de nivel superior.
El ministro de Educación de la Nación le dijo hace pocos meses a nuestro diario que los chicos encuentran un modelo pedagógico expulsivo cuando ingresan al secundario, porque allí se enseña con modelos propios del siglo XIX, y se pronunció a favor de repensar la forma en que se educa en la escuela secundaria.
Es de esperar que las modificaciones en estudio sean el producto de un cuidadoso relevamiento de las necesidades y aporten a los estudiantes elementos que les permitan contar con herramientas eficaces para abordar exitosamente los estudios superiores que elijan, o insertarse sin tropiezos en un escenario laboral que cada día tiene exigencias mayores. Los docentes y los alumnos no pueden seguir siendo los eternos conejillos de Indias de las experiencias pedagógicas, por más elevado que sea el objetivo de acceder a una mayor calidad en el aprendizaje.







