BUENOS AIRES.- El ALCA se va abriendo camino por sí sólo. A nivel continental, nunca como en esta época, la región está inmersa en una etapa de definición de su destino, algo que ya había sucedido a fines del siglo XIX aunque no con tanta intensidad.
Para muchos el ALCA representa una posibilidad concreta de dejar atrás décadas de frustraciones. Para otros, el ALCA es un brazo extendido del poder hegemónico de los Estados Unidos en la región aunque Washington no considere a Latinoamérica como un tema prioritario en su agenda internacional.
Como quiera que fuere, las diferencias por el ALCA quedaron en evidencia en el cónclave de Mar del Plata. Del lado del ALCA, México jugó y juega un rol decisivo. Su asociación con los EE.UU. y Canadá le dio resultados extraordinarios.
Desde que está en el NAFTA, la economía azteca creció más del 40 por ciento, la radicación de industrias se multiplicó por cinco, las exportaciones por tres y la participación de los mexicanos -unos 20 millones de habitantes-, en el mercado laboral de los EE.UU. le permite reenviar a sus familiares unos 20.000 millones de dólares por año.
Con la instalación de las maquiladoras en los estados del norte del país, México se transformó en un país altamente industrial que ahora busca expandir su producción.
El propio presidente Vicente Fox, un ex ejecutivo de Coca Cola, siendo gobernador del estado de Guanajuato, fue uno de los artífices de este desarrollo. México ahora busca crecer por sí sólo, ya saboreó la fruta de su asociación con Washington y se lanza a convertirse en un activo proveedor de bienes y servicios apuntando hacia el sur.
Si el NAFTA dio resultados fabulosos en el norte del país, había que continuarlo hacia el sur. Así, surge el proyecto Puebla-Panamá, un esquema de proyección geopolítica que implicaba la incorporación de la población centroamericana a un desarrollo similar al producido en el norte mexicano. Este proyecto buscaba desarrollar mediante inversiones -básicamente en infraestructura, explotación forestal y turismo-, los nueve estados del sur mexicano desde Puebla, seis naciones centroamericanas -Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Panamá y Costa Rica-, más la insular República Dominicana. (DYN).