La consolidación de cualquier gestión de gobierno se logra con recursos. Durante los dos años de la era Alperovich, el Estado acumuló reservas cercanas a los $ 270 millones, algo así como un ahorro mensual de $ 11 millones. De hecho que semejante resultado financiero facilita la administración de la cosa pública y, por ende, la gobernabilidad. Sin embargo, aunque parezca un contrasentido, ese resultado significa también un riesgo para la gestión.
Con menos preocupaciones que las anteriores administraciones sobre la llegada de fondos nacionales o sobre el cobro de impuestos provinciales, la población comenzará a reclamar más obras y que el Estado brinde soluciones rápidas a temas preocupantes y candentes, como lo son la salud, la educación o la seguridad ciudadana. De nada servirá acumular millonarias sumas, en cuentas a plazo fijo, si no se perciben más cambios en un Tucumán que, hasta hace poco, tuvo el triste privilegio de ser la provincia donde se mueren los niños por desnutrición.
En estos 24 meses de gestión, José Alperovich supo captar las voluntades electorales con la ejecución de un plan de obras en las municipalidades, pero aún están pendientes las otras, tanto de infraestructura básica para mejorar la calidad de vida de la población, como las de envergadura, que reclaman los distintos sectores que motorizan la economía tucumana. El viejo adagio "los gobiernos pasan, las obras quedan", como lo utilizó el gabinete del Ministerio de Economía, en su evaluación bianual, marca con fuego las gestiones. Muchos tucumanos ya no recuerdan aquellas grandes obras atribuidas a tal o cual gobernador. Al iniciar este año, Alperovich dijo que será recordado como se recuerda a Celestino Gelsi. Le quedan dos años, tal vez seis, si prospera la reforma constitucional con reelección, para cumplir aquella promesa. Según las cifras oficiales, en los últimos dos años, el Estado encaró obras por cerca de $ 1.152 millones, de las cuales el 13% está terminado; otro 24% en ejecución y las restantes, a iniciar. La mayor parte de esa inversión se destinó a la construcción de viviendas.
El clima para las inversiones
Una provincia altamente endeudada, como lo es Tucumán, requiere de cierta previsibilidad financiera para que los acreedores la consideren segura y, por ende, para que los inversores vuelquen sus capitales en el distrito. Al Gobierno aún le falta instrumentar políticas que generen un buen clima para la captación de nuevos capitales. Según el gobernador, pronto se anunciarán algunos programas que se orientarán a convertir la provincia en un polo productivo regional. Por ahora sólo hay indicios (alícuota cero para Salud Pública) de que bajará la carga tributaria, tan resistida por el arco empresarial, pero no medidas de fondo, como una reformulación integral del sistema impositivo tucumano.
También hay proyecciones de retornar al mundo financiero. En un informe del Ministerio de Economía se confirmó los avances para que Tucumán acceda a otro préstamo del Banco Mundial, pero mayor a los que pidió Antonio Bussi en 1997. Ahora el Gobierno habla de solicitar un crédito de U$S 150 millones para mejorar la calidad institucional de la provincia. Ese monto es equivalente a la recaudación anual de la Dirección General de Rentas; a siete planillas salariales mensuales del sector público y casi el 15% de la deuda pública, que supera los $ 3.200 millones. Las experiencias del pasado reciente invitan a reflexionar sobre la conveniencia de tomar créditos, por más blandos que sean en sus plazos de pagos y en sus intereses.
Hoy los ahorros y los planes se cuentan de a millones. Los tucumanos esperan que las soluciones tengan la misma magnitud y que lleguen mucho antes de cualquier reelección.







