03 Noviembre 2005 Seguir en 
Es conocido que la publicidad comercial -sobre los más diversos rubros- se expresa, estos últimos años, en forma de volantes que se entregan a los transeúntes, o que se tiran frente a las puertas de las casas. Varias veces nos hemos referido críticamente a esta modalidad, tan difundida.
La persona que recibe ese papel, entregado casi compulsivamente, por lo general lo arroja metros más allá; y lo hace sobre la vereda o sobre la calzada, dada la escasez de recipientes y la igualmente escasa cultura de la higiene en la vía pública. Y en cuanto a los volantes que se dejan en los domicilios, no hacen sino aumentar el trabajo de limpieza de las amas de casa; o bien, suman un elemento más a la basura que cae sobre la calle y que al día siguiente deberá recoger el barrendero.
Es decir que, cotidianamente, se incorpora una enorme masa de papel inútil a la muy significativa cantidad de material descartado que se amontona en las arterias de nuestra capital. Parece obvio decir que tal aporte actúa frontalmente en contra de la limpieza de la ciudad que habitamos. Los responsables de tales impresos harían un valioso servicio si los suprimieran.
La persona que recibe ese papel, entregado casi compulsivamente, por lo general lo arroja metros más allá; y lo hace sobre la vereda o sobre la calzada, dada la escasez de recipientes y la igualmente escasa cultura de la higiene en la vía pública. Y en cuanto a los volantes que se dejan en los domicilios, no hacen sino aumentar el trabajo de limpieza de las amas de casa; o bien, suman un elemento más a la basura que cae sobre la calle y que al día siguiente deberá recoger el barrendero.
Es decir que, cotidianamente, se incorpora una enorme masa de papel inútil a la muy significativa cantidad de material descartado que se amontona en las arterias de nuestra capital. Parece obvio decir que tal aporte actúa frontalmente en contra de la limpieza de la ciudad que habitamos. Los responsables de tales impresos harían un valioso servicio si los suprimieran.







