Teoría del ladrillo

Por Federico Abel. La oposición no sabe cómo contrarrestar al oficialismo.

02 Noviembre 2005

Paradojas de la política. Hace dos semanas, el oficialismo anhelaba pulverizar a la oposición, de manera de poder asegurarse tres diputaciones nacionales. Pero, cuando llegó, el 23 de octubre fue más pródigo que lo que habían calculado en la más feliz de las hipótesis. Los votos les llovieron -recogieron 382.000 adhesiones- y acapararon cuatro bancas. Se embriagaron, aunque el 24 -más gris que otros lunes- se esforzaron por mostrarse sensatos e inventaron eso de que el triunfo sólo da más obligaciones. Pasaron los días y se dieron cuenta de que aquella victoria, tan ensordecedora, los había dejado solos y sin nadie con quien dialogar: el colmo de la democracia. Por eso, ahora el vicegobernador, Fernando Juri, con palabras adolescentes, implora a la oposición que no se borre, que no convoque a la abstención ciudadana y que legitime el proceso de enmienda de la Constitución, para que él y el gobernador, José Alperovich, puedan aspirar a la reelección, causa primera -y última- de toda la movida reformista. Entonces, el alperovichismo querrá arrasar como el 23.
Nadie estaba preparado para los resultados que depararon las urnas. En el Gobierno están tan desorientados como en la oposición. Descubrieron que el éxito puede ser intimidante. Saben que tienen que ser más cuidadosos que nunca y que tienen mucho que perder, porque semejante aval sólo puede esconder -o revelar- una expectativa social de la misma proporción. Ganaron porque, en los escépticos tiempos del "que se vayan todos", lograron convencer a buena parte de la comunidad de que, mientras los otros hablan, ellos trabajan. Se presentan más o menos como los inventores de la gestión. Y en una provincia devastada por el desempleo, el hambre y la desidia, gestionar es pavimentar, ampliar los tendidos eléctricos, refaccionar los centros asistenciales; en definitiva, poner ladrillos. Lo que en otros sitios sería una obviedad aquí es una novedad. Alperovich triunfó haciendo de intendente y convirtiendo la provincia en un macromunicipio de 1,3 millón de habitantes digitado por él. En el apuro por hacer se prescinde incluso de las formas que definen un estado de derecho. Las licitaciones públicas, por ejemplo, no abundan. Es todo un paradigma de cómo hacer política sin hablar de ella -casi como un gerente- y con la crisis de las ideologías como telón de fondo.
La oposición aún no vio que, a diferencia de lo que sucedía durante los años de Julio Miranda, signados por el escándalo, buena parte de la sociedad cree que "este, por lo menos, hace" (sic), como se oye en la calle. Entonces, aunque atomizada y hecha girones, sigue recurriendo al viejo truco de la judicialización cuando, para colmo, ya no hay ni Fiscalía Anticorrupción. Por eso, el domingo 23, en su desorientación, Ricardo Bussi -tras haber reconocido la derrota- confesó: "a la gente, evidentemente, no le interesa que haya más controles". Y Alejandro Sangenis dilapidó todo su esfuerzo legislativo en un frente en el que Gumersindo Parajón (Pueblo Unido) chillaba como si delante de él, en el Gobierno, hubiera tenido de contrincante al Carlos Corach de la fiesta menemista de los 90, cuando él mismo -para colmo- tenía como esponsor nada menos que a Miranda.
El Gobierno está preocupado. Una Constitución, pacto político por antonomasia, implica levantar una pirámide jurídica, y eso no se hace con ladrillos. Salvo que se quiera repetir la experiencia de un texto que exprese la voz monocorde de un único partido, como hizo el bussismo en 1990. Por eso Juri llama al diálogo, más en el afán de que los otros los legitimen que por convicción.
Algunos republicanos advirtieron el problema y andan urdiendo un frente con Recrear, Ciudadanos Independientes y el cavallismo. Pero, al parecer, esconderán la cola, ya que lo quieren presentar como un conglomerado apolítico, encabezado por supuestos notables -ojalá que no sean como las excelencias de Bussi padre-. El fin: demostrar que de un lado hay ideas y del otro, sólo la obsesión por la reelección. Olvidan que en el medio están los ladrillos. No se puede ocultar el sol con el dedo.

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