Menores violentos

Un tema que debe preocupar a toda la sociedad.

31 Octubre 2005
Hemos informado acerca de las actividades de un grupo de menores que se dedica a sembrar miedo, con tropelías de diverso tipo, en sectores del Barrio Norte de nuestra ciudad. Hay una denominada "Banda del quiosquito", que estaría integrada, según fuentes policiales, por estudiantes secundarios de colegios privados. Y de acuerdo con la misma fuente, una adecuada labor de investigación habría llevado a los agentes de la ley, a identificar a buena parte de esos patoteros, por lo que su detención estaría próxima. Habría facilitado dicho resultado la habilitación de una línea telefónica especial, por la cual se recibieron denuncias con garantía de confidencialidad.
El caso puede suscitar algunas reflexiones, necesarias de consignar. Resulta singular que jóvenes que parecen situados ventajosamente en la vida, desdeñen las posibilidades de ese horizonte para dedicarse a actividades que los inician precozmente en el delito o que, por lo menos, tienden a molestar y a atemorizar injustificadamente a sus semejantes. Puede conjeturarse que faltaría allí la guía que debe impartirse en el hogar. Es decir, progenitores que estén atentos a las actividades y a las amistades de sus hijos, como modo de llenar la delicada responsabilidad que tienen.
En ese sentido, no puede dudarse que la existencia de esa banda debiera significar un toque de atención para todos los padres. Es conocido el hecho de que, en el revuelto mundo actual, hay menores a quienes el desenfreno de la diversión les parece escaso, y deciden entonces probar las emociones fuertes de la delincuencia.
Pensamos que el lector debiera contrastar la información sobre la "Banda del quiosquito", con otra de nuestra edición de ayer, dotada de un signo diametralmente opuesto. Hablamos de los 140 chicos, repitientes crónicos, con edad superior a la que les correspondería en la escuela primaria, que en apenas un mes aprendieron a leer y escribir. Fue un logro del programa "Aceleración de aprendizajes", implementado en cuatro establecimientos, y que se proyecta extender considerablemente. Como lo informamos, por medio de estrategias pedagógicas especiales y una selección de contenidos, los docentes lograron que estos chicos se entusiasmaran tanto con sus progresos, que hasta optaron por no salir al recreo y continuar la clase.
La vida siempre presenta material abundante para sorprenderse y meditar sobre los extremos. Mientras un grupo de menores que tiene todas las facilidades para abrirse paso en la vida, las desperdicia y prefiere la actividad de patotero, otro grupo, que carece de aquellas ventajas, pone esfuerzo y entusiasmo para formarse, y va logrando resultados verdaderamente singulares.
Muchas veces, este comentario ha tocado, desde diversos ángulos, la problemática de la juventud. Ello porque resulta imprescindiblemente necesario colocar, entre las máximas prioridades de la comunidad -tanto gobernantes como gobernados-, la atención de ese sector de la población. Y no solamente se trata de que todos accedan a techo, comida y vestimenta, aunque ello tenga, por supuesto, enorme e insoslayable trascendencia. Hay que lograr que, además, se forme en su interior un conjunto de valores, que los habilite para tomar un lugar positivo dentro de la vida.
Repetimos que, en este punto, la tarea que cada jefe de familia cumpla desde el hogar reviste importancia clave. Ningún padre y ninguna madre tienen derecho de mirar al costado, en esa particular temática, ni pensar que la escuela puede reemplazarlos en tal misión. Y ningún país puede avanzar, si no cuida con esmero su capital más valioso, que es la juventud.

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