BUENOS AIRES.- Tras haber transitado con éxito la prueba de las elecciones de medio término, Néstor Kirchner inició de inmediato la misión de decodificar el voto para saber qué rumbo tomar, acorde con las preferencias de la mayoría.
Así, los votantes metieron al Presidente en un embrollo, ya que la lectura de sus motivaciones es de difícil interpretación, debido a que la amplia y heterogénea masa de apoyo, que a nivel país superó el 40%, tiene necesidades socioeconómicas, composiciones ideológicas y características regionales marcadamente diferentes. Está claro que no tuvieron las mismas motivaciones los votantes que apoyaron a Rafael Bielsa en la Capital Federal, para oponerse al neoliberalismo de Mauricio Macri y a la moralina de Elisa Carrió, que los pobres del conurbano bonaerense que votaron por Cristina Kirchner, quizás para comer.
No fue igual la intención del voto para apoyar al presidente coterráneo en Santa Cruz, que la que abrumó, por mayoritaria, tras la figura de José Alperovich, en Tucumán. Tampoco el voto delasotista puede leerse igual que el catamarqueño, ni los porqués de los sectores exportadores pueden compararse con el apoyo que consiguió el Gobierno en el primer cordón del Conurbano.
Con Kirchner estuvieron por igual los que creyeron que el Frente para la Victoria es la nueva política y que había que barrer con los dinosaurios encarnados en Eduardo Duhalde y Carlos Menem, y también los que supusieron que votar en contra podía inhibir el proceso de crecimiento económico. Y así en todo el país, voto a voto, con una sola cosa en común, el contundente apoyo al Presidente con un implícito "para que haga lo que tiene que hacer".
Por el lado de las coincidencias, es probable que a todos los votantes sin excepción, por esperanza, por necesidad o hasta por conveniencia, les importen en general las mismas cosas y que pidan solucionarlas lo más rápidamente posible, con la situación de empleo en primer lugar. Pero en la diversidad, las grandes diferencias se presentan no tanto en los qué, sino marcadamente en los cómo.
Ante tanta dispersión, ¿cómo hacer para encarar ciertas tareas previas que se deben llevar a cabo para mitigar esa gran preocupación de los argentinos? ¿Qué caminos tomar, por ejemplo, en tres cuestiones vitales, el control inflacionario, los incentivos a la inversión y la relación con el FMI? Espera al Presidente un dilema de equilibrio y fino tejido, porque sobre ese andamiaje y sus resultados él construirá, a un año y medio vista, la posibilidad de la reelección para 2007.
Como de las lecturas del resultado electoral no sale una interpretación única, algunos exégetas alrededor de Kirchner empezaron a operar desde el minuto cero para imponer sus puntos de vista. El "lavagnismo" previsor y el "cristinismo" distribuidor comenzaron a jugar su partido desde la noche misma de la celebración, en el hotel Intercontinental. Aquel, sin presentarse al festejo; y los otros, exultantes, brindando hasta las cinco de la madrugada.
Una versión descolgada
Es raro que aún no se conozca en su entorno que es muy difícil condicionar al Presidente, debido a su personalismo y a que las cuestiones económicas no le son ajenas, pero así ocurrió con una descolgada versión que salió el mismo martes desde la Casa Rosada, sobre un eventual discurso de repaso electoral que iba a apuntar -se dijo- a seguir estimulando la demanda, vía gasto, en materia económica.
El miércoles, mañana y tarde, un ahora sumiso Roberto Lavagna combinó con Kirchner varias cuestiones para empezar a reencauzar aquellos tres temas críticos, con salidas que este mismo se encargó de definir públicamente como "keynesianas y heterodoxas". La idea es que el actual superávit fiscal y las reservas sigan siendo el centro de la política antiinflacionaria, tal la preocupación central del Presidente.
Con su aval, el ministro en persona delineó algunos rumbos que parecen alejados de todo afán populista, tal como los explicitó en un encuentro que tuvo con algunos periodistas el viernes, al que la Agencia DyN no fue invitada.
No obstante, a través de un paper innominado, que entregó la oficina de prensa del ministro, se pudo saber que durante los próximos seis meses, de noviembre a abril "por el momento" (?), se respetarán de modo "estricto" los niveles de gastos previstos en los presupuestos. Qué va a pasar después de abril es la gran duda que dejó la imposibilidad de repreguntar. ¿Es haber convencido al Presidente, pero sólo a plazo fijo, de ser algo menos heterodoxo y keynesiano? ¿O es esa la fecha tope con la que cuenta Lavagna para acordar con el FMI un programa "ligth", empujar las inversiones y hacer el trabajo sucio de control de la inflación sin inhibir el crecimiento y, si no lo logra, servir de fusible, con viraje presidencial incluido?
Una cuenta especial
En línea con la promesa de acotar el gasto, que sirve además para blanquear los excesos preelectorales, Lavagna señaló que habrá una "cuenta indisponible" para mantener alineadas algunas variables macroeconómicas, como el tipo de cambio y la acumulación de reservas, un fondo anticíclico adonde irán a parar los sobrantes fiscales, viejo reclamo de los economistas denostados por su ortodoxia. Para frenar la inflación, nada de manteca al techo, está claro, al costo de muñequear los conflictos laborales que se encenderán al instante por la puja distributiva.
En otro punto, Lavagna fue enfático: el Gobierno argentino "está listo" para hablar con el Fondo apenas este lo indique, pero fuera de rigideces y de los paradigmas especulativos de los 90. Según el ministro, esa no es base de negociación aceptable porque "entra en colisión con aspectos centrales de la política y de la política económica argentina"; nótese la diferenciación. Debido a que durante 2006 no hay tantos vencimientos, es probable que durante unos meses el FMI vuelva a ser el mascarón de proa de los sopapos, mientras tratan de enderezarse las otras cuestiones.
El mismo punto de que "ahora las cosas son diferentes" a los tiempos del consenso de Washington y que hay que pensar en función del modelo de producción, empleo e integración comercial al mundo (tal como se dice en el paper de Economía, en relación con el Fondo) es el que, en materia internacional, la Argentina trata de imponer en la discusión sobre el documento final de la IV Cumbre de Presidentes americanos que se inicia este jueves en Mar del Plata, que finalmente tendrá una Introducción y siete capítulos, algunos de ellos dedicados al "empleo decente" y al rol de las PyME.
El problema es que Estados Unidos quiere que en ese documento figure una mención explícita sobre el ALCA y presiona en consecuencia. George Bush dirá lo suyo en ese sentido: "viene a escuchar y a hablar", dijo el embajador Lino Gutiérrez, al estilo de "quien quiera oír que oiga".
En el otro rincón estará Hugo Chávez, el venezolano de la chequera petrolera, que entre sus preparativos para asistir a las dos Cumbres marplatenses (hablará en la de los Pueblos) y en función de ese poderío, esta semana le hizo morder el polvo al Gobierno argentino, aplicándole una medicina bastante conocida por aquí. Al mejor estilo Kirchner frente a los franceses de Suez, el presidente venezolano amenazó con sacar del juego en su país nada menos que al grupo Techint, la nave insignia de las multinacionales argentinas.
Por otro lado, Venezuela amordazó cualquier intento de protesta, ya que compró U$S 300 millones en bonos argentinos, en una operación que la Secretaría de Finanzas argentina intentó disimular junto a otros aportes de los amigos (la provincia de Santa Cruz, por ejemplo) bajo el eufemismo "Banco de la Nación Argentina", para no reconocer que, voluntariamente, hay muy pocos que están dispuestos a absorber deuda soberana a 8,75% anual.
Más allá de la política, de mención o de no mención, lo cierto es que algunos expertos pregonan que el consenso estaría indicando que "el ALCA ya fue", aludiendo al congelamiento virtual de la alianza económica continental, hoy superada por acuerdos de libre comercio bilaterales, mientras otros señalan que la Argentina debería concentrarse en pelear sus espacios en la OMC, especialmente en la Ronda de Doha, que atiende a muchas de sus fortalezas como país agroexportador, ya que tampoco avanza el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, y la alianza con Brasil está en el freezer. (DyN)







