La crisis de identidad

Por Carlos Abrehu. El gobernador Alperovich y Beatriz Rojkés fueron eficientes pescadores de votos de distintas vertientes.

30 Octubre 2005

Es increíble... El contundente resultado de la elección del domingo pasado produjo esa reflexión en las filas opuestas al gobernador José Alperovich y a su esposa Beatriz Rojkés, la que aún perdura a pesar del tiempo transcurrido. La Casa de Gobierno ahora puede mirar con tranquilidad el duelo electoral del 19 de febrero de 2006. El peso de los 382.424 votos dejó en estado de shock a quienes apostaban a arrebatar la cuarta banca de diputado nacional al oficialista Frente de la Victoria. La caída del proyecto desató un intenso debate en las fuerzas antagónicas. Se buscan explicaciones, mientras se revisa del derecho y del revés lo que dijo cada candidato. La catarsis es profunda y no tiene límites.
El comportamiento de los votantes reveló que existe una crisis de identidad de los partidos que tradicionalmente colectaban las voluntades políticas. Los radicales tucumanos son una especie en dispersión, que repite el cuadro nacional. El bussismo tampoco escapó a esa tendencia a la disgregación, aunque generada desde adentro. La familia Bussi dejó de ser el punto de unidad para convertirse en el motor de las divergencias en Fuerza Republicana. El partido gobernante, a la vez, experimenta una doble crisis. La era kirchnerista puso en entredicho a la estructura clásica del peronismo. El propio Presidente no exhibe mayor interés por liderarla institucionalmente. Alperovich dio otra vuelta de tuerca al asunto. No le da importancia a la jefatura del PJ. Por eso, están en el tembladeral las convicciones tradicionales de décadas anteriores. Se mantiene intacta, sin embargo, la obediencia a quien administra la Nación o la provincia, porque el peronismo es esencialmente un partido de gobierno.

Los replanteos
Al gobernador lo votaron los peronistas, los republicanos y los radicales. En los circuitos céntricos de esta ciudad arrasó con esa combinación de simpatías de sectores medios y altos, fenómeno que no se registró en 1973, cuando el peronista Carlos María Torres ganó la intendencia de San Miguel de Tucumán. La diputada electa Rojkés de Alperovich señaló un fenómeno parecido, con mucho énfasis, a propósito de la votación en Yerba Buena.¿Es el esbozo de una nueva recomposición política? Sólo fue una elección. Pero, en verdad, el domingo pasado se articuló una coalición policlasista alrededor del gobernador y de su modo de hacer política.
Alperovich se identificó con el discurso kirchnerista y propagandizó a troche y moche las obras públicas hechas o programadas para el futuro. El electorado no distinguió si se usaron recursos propios o de la Nación. Simplemente se las atribuyó a Alperovich. En el otro extremo de la pirámide social, la gigantesca franja de 108.000 dependientes de los distintos planes sociales le dio un piso sólido. Intendentes, concejales y legisladores arrimaron miles de votos prebendarios, con un descomunal despliegue de recursos políticos.
Los opositores computaron también el encolumnamiento de los policías a la oferta electoral del oficialismo. Con todo, es innegable la contundencia del aval que consiguió el gobernador en las urnas. Hasta sus más acérrimos contendientes lo admiten.
El contraste de los cálculos previos con los datos del recuento, revela que el vicegobernador Fernando Juri se esforzó por contener el grueso de la disidencia peronista, y lo consiguió. Los disconformes con el alperovichismo se sintieron mejor interpretados por Osvaldo Cirnigliaro (Frente Anticorrupción ) que por Gumersindo Parajón (Pueblo Unido). Cirnigliaro, además, captó las preferencias de muchos bussistas de la primera hora, desencantados con la endeble candidatura del concejal Miguel Brito y con la conducción del senador Ricardo Bussi. No obstante, pudo superar por un puñado de votos a Cirnigliaro. En las dos últimas semanas de la campaña electoral Parajón se desinfló, al punto que estuvo lejos de repetir los 77.000 votos que alcanzó en 1997. La pelea entre perdedores desnuda la frustración de los emprendimientos electorales.

La treintena de mazo
Si la elección de convencionales constituyentes se hubiera celebrado el domingo anterior, junto con la de diputados nacionales, el alperovichismo habría dominado con amplitud en la Asamblea Reformadora. A esa conclusión llegaron quienes aplicaron el sistema D?Hont a las cifras difundidas por la Junta Electoral Nacional. El Frente de la Victoria, en ese supuesto, se habría adjudicado 32 o 33 bancas, número que superaba con exceso el de la mayoría especial (27 votos). Fuerza Republicana, en la convención reformadora de 1990, totalizó 33. Eran los 33 de mazo, que exhibía con arrogancia el ex gobernador Antonio Bussi.
Alperovich está en condiciones políticas de imponer su lista de hombres de confianza. Juri está muy condicionado por lo que ocurrió. Aportó, pero el matrimonio Alperovich capitalizó todo. El vicegobernador sólo apoyó de manera abierta al políticamente longevo Alberto Herrera. Stella Mary Córdoba se amparó en su calidad de accionista fundadora de la empresa kirchnerista. Juan Salim, de primigenia afiliación al desarrollismo -era hombre de Rufo Alves-, ingresó contra todo pronóstico a la Cámara de Diputados de la Nación. Recientemente había anclado en el bloque de congresistas nacionales del duhaldismo, en el ámbito del PJ. Seguramente corregirá el rumbo ante los nuevos vientos. Afirman que el senador Julio Miranda observará los próximos pasos de Juri antes de definir una estrategia. Eso no le quita el sueño al gobernador. "Miranda no es nadie", aseveró el jueves por la tarde, ante LA GACETA.La discusión que se instaló en las dirigencias opositoras es sobre si conviene o no presentarse a las elecciones del 19 de febrero de 2006. El dilema no es menor. Si concurren a las urnas, competirán en una situación de desigualdad manifiesta. Ahora bien, si no lo hacen, los partidos aliados al Gobierno procurarán sacar tajada del momento. La petición de aplazamiento del turno de febrero se fundamenta en la impotencia y en la debilidad ocasionada por el estéril esfuerzo de octubre. El oficialismo, por el contrario, quiere aprovechar la energía concentrada para controlar la Asamblea Reformadora.El planteo de inconstitucionalidad impulsado por Cirnigliaro en contra del decreto de convocatoria a constituyentes volvió a colocar en la esfera judicial la resolución de un problema político. El verano estará caldeado por las controversias de posiciones. Nadie, sin embargo, puede ignorar que las piezas las mueve el Gobierno. El oficialismo salió consolidado, pero un gesto imprudente puede costarle caro. Se viene la confrontación por los valores.

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