Retrato de familia

Por Federico Abel. El bussismo afronta la peor crisis de su historia.

27 Octubre 2005

Seguramente, el senador nacional Ricardo Bussi no se dio cuenta de la escena. Claro, no estaba de ánimo para captar los detalles. El domingo, a las 21.30, cuando ya había admitido que Fuerza Republicana (FR) había sufrido la peor paliza electoral desde su fundación, en 1988, seguía hablando con la prensa en una sala contigua a la que usa cotidianamente la junta de gobierno, en la sede de Laprida al 800.
Jamás advirtió que parloteaba a la par de una fotografía en colores, en la que su padre, Antonio Bussi, en tensa posición castrense, lucía un uniforme verde. Medio metro más allá, había otro retrato: el de Miguel Brito, cuando juró como legislador para el período 1995-1999. El fundador de FR le daba la espalda al fallido candidato a diputado nacional hasta en la iconografía. Toda una metáfora de lo que era FR.
Bussi (h) calificaba a Brito -su frustrada invención- de digno, pese a haber quedado en el cuarto lugar, con apenas 39.700 votos, 50.300 menos de lo que suele ser el piso histórico de FR. Brito prefería divagar sobre lo que había invertido en obras José Alperovich para haber obtenido 373.000 sufragios. Mientras tanto, en sus ya habituales apariciones virtuales (porque nadie lo ve, sólo se lo escucha o se lo lee blasfemando por los medios de comunicación), José Luis Bussi, con la anuencia de su papá, el personaje erguido de la foto, irradiaba pestes sobre Brito y sobre su hermano, aunque respecto de este último se ufanaba de no mencionarlo, como si eso hubiera ennoblecido su proceder. "Los culpables están en los afiches", afirmaba en una falsa elipsis, porque todo el mundo sabe que los de la publicidad eran Brito y Ricardo Bussi. "A Brito daba pena escucharlo en los debates", disparaba, cuando el cadáver de sus hermanos republicanos aún yacía caliente. Lo curioso es que hace sólo un mes y medio, cuando cual zorro nocturno empezaba a merodear en la interna de FR, se desvivía por probar que había mantenido una reunión con Brito, cosa que este siempre negó. Quería demostrar que el primer postulante del partido estaba dialogando con él a espaldas de su hermano. Ahora ya no le conviene recordar esto. Pero, por las dudas, ahí está el irresistible archivo.
Durante los últimos dos meses, José Luis Bussi sólo vino a Tucumán para arremeter contra su hermano. Trajo las renuncias de su padre a la afiliación de FR y a la intendencia. El senador siempre iba por detrás de los hechos y estoicamente -nunca mejor dicho- justificaba cada golpe encubierto de su padre.
Hay que sumar que la Corte Suprema de Justicia, al haber anulado la posibilidad de que los comicios para convencionales fueran simultáneos a los de diputados, dejó a FR sin la alternativa de llevar a un Bussi (por Ricardo) en la boleta, con lo que ello significa en un partido montado sobre un único apellido. Por eso el ricardismo, bussismo al fin, ideó el sofisma de que, si no estaba la voz Bussi, daba lo mismo quién fuera el candidato (Brito, el legislador Ernesto Padilla o Juan de los Palotes), porque lo que importaba era FR. Esto obligaba a Ricardo Bussi a hacer de niña mimada de la campaña (en las caravanas Brito siempre era un segundón) y a insistir en que Brito contaba con la fuerza de Bussi. ¿Pero de cuál de ellos?
Lo de la fuerza no podía referirse al padre fundador, desde hace dos años en lujoso arresto en un country bonaerense y que, cada vez que podía, con sus actos jurídico-políticos perjudicaba a las autoridades del partido que, paradójicamente, se vanagloriaban de él. De José Luis Bussi ya se ha dicho mucho aquí. Resta agregar que ha regresado a Buenos Aires y que, pese a tanto jaleo, ni piensa participar de las internas que hará FR para elegir a sus candidatos a convencionales. Dice que trabaja para 2007. Es probable que siga actuando como hasta ahora: por la espalda. En su entorno ya hablan de armar circuitos y juntas paralelas a las oficiales. El ricardismo, por último, tiene la improbable tarea de controlar sus propias pulsiones verticalistas, y las de los otros Bussi. Todo un retrato familiar.

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