25 Octubre 2005 Seguir en 
Como es por todos conocido, la ciudad de Yerba Buena constituye una prolongación de nuestra capital. Su crecimiento incesante en materia de viviendas y de locales comerciales determina que sea cada vez más nutrida y complicada la circulación de vehículos por sus calles. Hemos dedicado, hace pocos días, una nota al problema creado por la alta velocidad que desarrollan los vehículos en las arterias asfaltadas de esa jurisdicción; en primer término, la avenida Solano Vera.
Como se recordará, la incidencia de esta grave cuestión (que ya va dando lugar a numerosos accidentes, varios de ellos mortales) se expresó, de parte de los vecinos, en cortes de tránsito, con carácter de protesta. Ahora, la Municipalidad de Yerba Buena ha colocado reductores de velocidad. Según los vecinos, el efecto de estos recaudos es relativo, ya que las camionetas de gran porte los pasan sin disminuir el ritmo que llevan.
Los reductores -obviamente dotados de una adecuada señalización-, al igual que los "lomos de burro", pueden funcionar como una medida de emergencia. Pero parece evidente que se deben tomar otros recaudos, para evitar que en esa arteria los choferes pisen el acelerador mucho más allá de lo que marcan las pautas de la Municipalidad y las de la prudencia. Ya se sabe que el único camino para que las infracciones de tránsito disminuyan, en cualquier ciudad, consiste en la colocación de controles comunales o policiales en la cantidad necesaria, y en la aplicación rigurosa de multas de monto significativo.
Una política de tránsito manifestada en la detección de la infracción y en el cargo pecuniario correspondiente, poco a poco va creando la conciencia de que, en ese terreno, no hay margen para la impunidad. Y, en consecuencia, las faltas empiezan a disminuir. Existe al respecto un ejemplo, que muchos recuerdan, y que es digno de mencionar. En la ciudad capital, al promediar los años 1960, las sucesivas intendencias Avellaneda, Terán y Gómez Omil dispusieron la aplicación de fuertes multas -que se cobraban de modo implacable- a los automovilistas que tocaran bocina.
Como resultado, el ruido de referencia no solamente desapareció del todo, durante largos años, sino que la estricta aplicación de la norma terminó por crear una positiva cultura en ese sentido. Se la puede percibir hasta hoy, ya que Tucumán es una de las ciudades argentinas donde menos se utiliza la bocina de los automotores.
Así, pensamos que es posible terminar con el peligro de los autos veloces en las avenidas de Yerba Buena, si, además de colocar reductores de velocidad, se toman las providencias para que el infractor deba satisfacer una fuerte multa.
Además, en el caso específico de la avenida Solano Vera, existen otras medidas que debiera encarar la administración municipal. Nos referimos, por ejemplo, a la construcción de veredas en toda la extensión de esa importante arteria. En la actualidad, las que existen sólo lo hacen parcialmente, y de allí que muchas personas hayan adquirido el peligroso hábito de circular por el pavimento. Ni qué decir que esa presencia ha dado lugar también, a lo largo de los años, a accidentes muchas veces sangrientos.
Constituye otro requerimiento a satisfacer, la colocación de semáforos, indispensables para regular el movimiento de vehículos en una arteria que es ruta provincial, y a la vera de la cual existen establecimientos escolares. Por cierto que, de todos modos, el control de agentes será necesario, ya que es muy frecuente que las indicaciones de los semáforos se ignoren, sobre todo de noche.
En suma, urge que la Municipalidad de Yerba Buena opere sobre este tema, cuya importancia no es para nada menor.
Como se recordará, la incidencia de esta grave cuestión (que ya va dando lugar a numerosos accidentes, varios de ellos mortales) se expresó, de parte de los vecinos, en cortes de tránsito, con carácter de protesta. Ahora, la Municipalidad de Yerba Buena ha colocado reductores de velocidad. Según los vecinos, el efecto de estos recaudos es relativo, ya que las camionetas de gran porte los pasan sin disminuir el ritmo que llevan.
Los reductores -obviamente dotados de una adecuada señalización-, al igual que los "lomos de burro", pueden funcionar como una medida de emergencia. Pero parece evidente que se deben tomar otros recaudos, para evitar que en esa arteria los choferes pisen el acelerador mucho más allá de lo que marcan las pautas de la Municipalidad y las de la prudencia. Ya se sabe que el único camino para que las infracciones de tránsito disminuyan, en cualquier ciudad, consiste en la colocación de controles comunales o policiales en la cantidad necesaria, y en la aplicación rigurosa de multas de monto significativo.
Una política de tránsito manifestada en la detección de la infracción y en el cargo pecuniario correspondiente, poco a poco va creando la conciencia de que, en ese terreno, no hay margen para la impunidad. Y, en consecuencia, las faltas empiezan a disminuir. Existe al respecto un ejemplo, que muchos recuerdan, y que es digno de mencionar. En la ciudad capital, al promediar los años 1960, las sucesivas intendencias Avellaneda, Terán y Gómez Omil dispusieron la aplicación de fuertes multas -que se cobraban de modo implacable- a los automovilistas que tocaran bocina.
Como resultado, el ruido de referencia no solamente desapareció del todo, durante largos años, sino que la estricta aplicación de la norma terminó por crear una positiva cultura en ese sentido. Se la puede percibir hasta hoy, ya que Tucumán es una de las ciudades argentinas donde menos se utiliza la bocina de los automotores.
Así, pensamos que es posible terminar con el peligro de los autos veloces en las avenidas de Yerba Buena, si, además de colocar reductores de velocidad, se toman las providencias para que el infractor deba satisfacer una fuerte multa.
Además, en el caso específico de la avenida Solano Vera, existen otras medidas que debiera encarar la administración municipal. Nos referimos, por ejemplo, a la construcción de veredas en toda la extensión de esa importante arteria. En la actualidad, las que existen sólo lo hacen parcialmente, y de allí que muchas personas hayan adquirido el peligroso hábito de circular por el pavimento. Ni qué decir que esa presencia ha dado lugar también, a lo largo de los años, a accidentes muchas veces sangrientos.
Constituye otro requerimiento a satisfacer, la colocación de semáforos, indispensables para regular el movimiento de vehículos en una arteria que es ruta provincial, y a la vera de la cual existen establecimientos escolares. Por cierto que, de todos modos, el control de agentes será necesario, ya que es muy frecuente que las indicaciones de los semáforos se ignoren, sobre todo de noche.
En suma, urge que la Municipalidad de Yerba Buena opere sobre este tema, cuya importancia no es para nada menor.







