25 Octubre 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- A 48 horas de las urnas comienzan a advertirse debidamente algunos hechos muy significativos y testimoniales de que nuestra democracia se encuentra en un alto grado de recomposición. Uno de esos testimonios es la elevada concurrencia de ciudadanos a las urnas; y otro, que hayan sido más numerosas las boletas de frentes y alianzas que las de partidos nacionales. Entre estos últimos, inclusive el justicialismo y la UCR debieron optar por coaliciones locales para tratar de sortear con éxito el descrédito de sus viejas imágenes ante la ciudadanía. Las elecciones han dejado más incógnitas que respuestas, pero también la satisfactoria realidad de una sociedad con fe en las urnas y la competencia pacífica. Para buena parte de los observadores con visión nacional, Néstor Kirchner -no su esposa- y Mauricio Macri han sido las figuras más victoriosas políticamente, seguidas por Hermes Binner. Otra visión muy compartida es que, si bien el Presidente ha fortalecido su poder, no ocurrirá lo mismo con la gobernabilidad, afectada especialmente en la Cámara de Diputados por quedar lejos de un quórum asegurado. La ruptura del peronismo no es, por cierto, un mal pasajero y forma parte de aquella recomposición. Esa división tampoco fue un capricho o errónea jugada presidencial, sino otro de los frutos de la senectud partidaria demostrada ante la crisis.
Hay quienes suponen que Kirchner comenzará a trabajar para su segundo mandato, pero esa idea es más bien inercial de lo que estuvo haciendo hasta ahora para consolidar su poder desde el magro 22% original. La agenda pendiente de pesadas cuestiones pospuestas le impedirá dedicarse a otra cosa que tratar de resolverlas en el corto y mediano plazo. Por otra parte, sólo el tiempo dirá si el Presidente tiene el poder real que aparentó en las urnas o deberá sostenerlo mediante el uso de caja; una política que será más problemática por el menor poder parlamentario asegurado y las exigencias de reducir el gasto fiscal y combatir la inflación. El poder de Kirchner no parece, por cierto, derivado de una ideología, sino y más bien de su tesorería. Afirmar que encabeza un frente de centro izquierda teniendo por política económica la de Roberto Lavagna es poco menos que una ofensa al realismo. El número de conflictos sindicales y la ausencia de la CGT legal del festejo de las urnas es otro hecho que no debe ignorarse a la hora de definir cómo habrá de negociarse la gobernabilidad. Otra pregunta acuciante es si el Gobierno está en condiciones de proyectar una reforma política de acuerdo con la recomposición en marcha, apelando al diálogo con la oposición, que ahora cuenta con líderes negociadores. (De nuestra Sucursal)
Hay quienes suponen que Kirchner comenzará a trabajar para su segundo mandato, pero esa idea es más bien inercial de lo que estuvo haciendo hasta ahora para consolidar su poder desde el magro 22% original. La agenda pendiente de pesadas cuestiones pospuestas le impedirá dedicarse a otra cosa que tratar de resolverlas en el corto y mediano plazo. Por otra parte, sólo el tiempo dirá si el Presidente tiene el poder real que aparentó en las urnas o deberá sostenerlo mediante el uso de caja; una política que será más problemática por el menor poder parlamentario asegurado y las exigencias de reducir el gasto fiscal y combatir la inflación. El poder de Kirchner no parece, por cierto, derivado de una ideología, sino y más bien de su tesorería. Afirmar que encabeza un frente de centro izquierda teniendo por política económica la de Roberto Lavagna es poco menos que una ofensa al realismo. El número de conflictos sindicales y la ausencia de la CGT legal del festejo de las urnas es otro hecho que no debe ignorarse a la hora de definir cómo habrá de negociarse la gobernabilidad. Otra pregunta acuciante es si el Gobierno está en condiciones de proyectar una reforma política de acuerdo con la recomposición en marcha, apelando al diálogo con la oposición, que ahora cuenta con líderes negociadores. (De nuestra Sucursal)







