La elección de hoy puede ser definitoria para muchas trayectorias. Es, también, el punto de partida de nuevos proyectos de poder así como la sepultura de otros emprendimientos. Néstor Kirchner supo polarizar la opinión pública en toda la nación política. La disyuntiva amigo-enemigo se encarnó en su discurso de manera explícita y agresiva. Si esa estrategia le da réditos electorales, más temprano que tarde empezará la batalla por su reelección en 2007. Debajo del paraguas presidencial se guarecieron los gobernadores, que también vieron en los comicios de hoy una oportunidad de revalidar prestigios y adhesiones electorales. José Alperovich es uno de los que formó parte de esa legión. Para él, como para otros de sus pares, 2007 es el escalón a ascender, previo triunfo en las estaciones intermedias. En el caso tucumano sobresale la elección de convencionales constituyentes de febrero próximo. Cuatro años son pocos cuando se viven períodos de bonanza, pero insoportablemente largos en fases de crisis. Ahora se gobierna en el ciclo ascendente y florecen los planes de mediano alcance, como lo es el del continuismo en la cima del Poder Ejecutivo.
La política se construye con esa mezcla de propósitos y realidades. Pero la letra constitucional prescribe que la de hoy es una elección de renovación de congresistas. Nada más que eso. En rigor, interesa primordialmente a la Casa Rosada. De cómo le vaya en las urnas dependerá su capacidad de negociación con las fuerzas opositoras en el Congreso. En forma subsidiaria se fortalecen o debilitan las administraciones provinciales. En setiembre de 1985, por ejemplo, el radicalismo ganó las elecciones cuando Raúl Alfonsín mantenía intacto su ascendiente. Fernando Riera sintió esa estocada a fondo y la oposición empezó a prepararse para desalojar al PJ del poder. Pero no pudo. Fuerza Republicana se ilusionó cuando se impuso en la elección de renovación de diputados nacionales de 1997, al punto que consideró desde ese momento un dato inamovible la conservación de la gobernación en manos de Ricardo Bussi. La historia, sin embargo, se escribió de distinta manera. La indeterminación prevaleció otra vez en el paisaje político.
En 1997 Gumersindo Parajón estrenó el nombre Pueblo Unido y consiguió más de 73.000 votos. Captó el descontento que había entonces en Tucumán y el radicalismo pagó los platos rotos. La devaluación de 2002 agravó la pobreza preexistente y las políticas asistenciales del Estado se transformaron en palancas de poder que condicionan al electorado de las zonas empobrecidas de Tucumán. El eclipse de las diferencias ideológicas desdibujó las organizaciones partidarias; por su parte, la ciudadanía se distanció de los escenarios políticos. El desencanto se agudiza con los comicios focalizados en los reemplazos de congresistas nacionales, como los de este domingo. La indiferencia que suscitan en extensas franjas de la sociedad política se debe a que sus miembros entienden que no inciden de manera directa en su quehacer. El Congreso es una institución distante del hombre común, pero que gravita en la vida de todos con sus decisiones o con su pasividad frente a los designios de Kirchner.
La reticencia a asistir a votar por parte de los sectores medios y medio altos favorece habitualmente a los gobiernos. Esta situación alarmó a la oposición en Tucumán, que se siente incapaz de revertir el colosal despliegue de medios del oficialismo.
La distribución de bolsones se transformó en el mecanismo regulador del voto de los beneficiarios de planes sociales. Esa metodología, que sacó carta de ciudadanía en 2003, se consolidó en 2005. Parece que en esta ocasión se descentralizó la operatoria para evitar los controles indeseados o eludir la acción de fisgones peligrosos. Se dice que intendentes y comisionados comunales delegaron la ejecución de las tareas en dirigentes de segunda línea del oficialismo. Se dice, también, que se darán órdenes de retiro de mercadería, y que estas se entregarán durante la semana. Así se cuidarán las apariencias. Los rumores envenenaban el clima previo. Se hablaba de la adquisición de un millón de bolsones. La creencia compartida por todos los desafectos con el alperovichismo es que el oficialismo puso en marcha una maquinaria descomunal.
Resentidos y leales
El peronismo disidente espera contrarrestar el desequilibrio de recursos con el descontento que deje la acción de los sostenes del proyecto oficialista. Según ese enfoque, legisladores y concejales trabajarán con el criterio sectario de los extintos sublemas.
La dispersa oferta opositora reduce el ámbito de competencia con el aparato alperovichista. A la Casa de Gobierno no le disgustó para nada ese mosaico de partidos. Con una acotada participación cívica en las urnas, crece la chance de la lista oficialista.
El mensaje entre conciliador y triunfalista que desplegó el gobernador en la última semana despertó algunas reflexiones en cenáculos opositores. "No las tiene todas consigo", deslizaban con tono optimista. En realidad, el listado de problemas que está pendiente de resolución en los despachos oficiales no es despreciable. La reconversión de la actividad tabacalera -comparada infelizmente por el kirchnerista secretario de Agricultura Miguel Campos con el cierre de 11 ingenios en 1966- y la recomposición de relaciones con la Iglesia son dos cuestiones de candente actualidad. La seca desautorización del Arzobispado de Tucumán al sacerdote de la diócesis de Quilmes, Luis Farinello, por su aval a Beatriz Rojkés de Alperovich complicó el panorama.
No obstante, a la dirigencia que discrepa con el eje Alperovich-Fernando Juri le preocupa más lo que vendrá tras el escrutinio de los comicios nacionales. La elección de convencionales constituyentes, ya convocada para febrero, es motivo de conversaciones. En forma reservada, se analiza una hipotética abstención auspiciada por distintas organizaciones para vaciar de consenso las modificaciones de la Carta Magna de 1990. Los radicales y Ricardo Bussi adelantaron públicamente la intención en estos días.
En la Casa de Gobierno se piensa también en el test electoral de febrero de 2006. Una conducta cautelosa y no agresiva en los primeros movimientos posteriores al escrutinio de hoy tendería a aproximar a opositores al plan reformista. La postura inversa tendría efecto negativo y facilitaría la unificación de quienes buscan bloquear la reelección del gobernador. El debate dentro de la Casa de Gobierno promete ser intenso, porque estará en juego el diseño del poder para las décadas posteriores.
El conglomerado que se aglutinó con Parajón encara también la etapa de 2006. Si bien las energías se concentran en la pelea de hoy, la idea que gana terreno es organizar un frente electoral para disputar los puestos de convencionales constituyentes con el alperovichismo, por fuera de las estructuras oficiales del peronismo. Quienes argumentan así, razonan que Kirchner no vaciló en inventar el Frente de la Victoria para transformar en realidad sus sueños políticos.







