El tiempo de los temas pospuestos

Por Hugo E. Grimaldi. En diciembre, el Presidente tendrá bloques propios en ambas cámaras. El jefe de Estado debe designar al sucesor de Bielsa en la Cancillería.

23 Octubre 2005

BUENOS AIRES.- Con los números de la verdad ya en la mano, el presidente de la Nación tendrá que decidir de modo más que rápido cuándo será hora de poner en marcha alguna de las alternativas que seguramente debe haber imaginado para encarar la segunda parte de su mandato.
Seguramente, no serán las mismas recetas a aplicar si el escenario electoral del lunes a la madrugada se presente de pletórico triunfo que si aparecen algunos lunares que empañen de algún modo la victoria. Pero de lo que nadie duda es de que los temas a resolver fatalmente se le harán presentes a Néstor Kirchner de a uno en fondo, como recién salidos del freezer, donde se los mantuvo adrede durante la campaña electoral. Hombre de repentización antes que de variantes planificadas, de coyuntura antes que de mediano plazo, el Presidente sabe que la sociedad aguarda expectante que se le clarifique el rumbo en lo político, en lo económico y en lo social, y que, por eso, tendrá que despejar rápidamente el horizonte.
¿De qué calibre serán esas definiciones tanto tiempo postergadas, que han postergado a su vez muchas decisiones del sector privado? Algunos analistas arriesgan posibilidades extremas, como por ejemplo que, borracho por el triunfo electoral, Kirchner se convierta en lo que hoy no es, en un ortodoxo a ultranza o en un populista irrefrenable, habida cuenta de que la popularidad le daría mucho espacio de maniobra en cualquiera de los dos casos. O bien que, aplacado por un resultado que le deje menor margen, se escape de la comodidad del centro para patear el tablero hacia la derecha... o bien hacia la izquierda.
Otra posibilidad más cierta es que el espíritu conservador del Presidente no cambie, habida cuenta de que tan mal no le ha ido durante estos dos años y medio de gobierno, aunque haya arrancado con el 22 % de los votos -ahora siente que ha sido redimido de ese pecado original-. La descripción de este escenario menos alocado haría que Kirchner no se incline ciento por ciento ni por el "lavagnismo" de la buena letra fiscal, ni por el "cristinismo" manirrota que profesa el ala política del Gobierno, y que circule de aquí en más por carriles más previsibles. Lo único seguro es que los temas estarán allí y que, de esa realidad, el Presidente no podrá escaparse.
Desde la política lo espera un nuevo Congreso, hasta ahora más que obediente, aunque lleno de los últimamente innombrables duhaldistas. A partir de diciembre, Kirchner tendrá bloques propios en ambas Cámaras; y una cosa es tener cierta oposición dentro del mismo justicialismo y otra, que la mayor parte de los diputados y los senadores del PJ salte el cerco y se cuadre ante el nuevo jefe, para darle más libertad de maniobra. Varias leyes centrales -el Presupuesto incluido- serán un test para el Ejecutivo ante la nueva relación de fuerzas, y la obsesión será el quórum propio en Diputados.
Otro tema político más que importante serán los nombres de los integrantes del nuevo Gabinete, ya que las designaciones permitirán intuir si es verdad que se está en presencia de una nueva impronta presidencial. Todos los ministerios son importantes, aunque la mayor atención estará puesta en la Cancillería, habida cuenta de que la Cumbre de Mar del Plata está a la vuelta de la esquina y de que allí se jugarán pulseadas regionales de altísimo riesgo, con el papel de los Estados Unidos bastante controvertido.
En la grilla por el sillón del Palacio San Martín hay dos personas en danza, Alfonso de Prat Gay y Héctor Timmerman, casualmente, en línea con la ortodoxia y con el progresismo que hoy tironean al Presidente y que definirán el proceso de inserción en el mundo que Kirchner imagina para la Argentina.Enlazada con los cambios ministeriales está la especulación sobre la permanencia de Roberto Lavagna al frente de Economía. En el Gobierno todos dicen que el ministro sigue, pero habrá que ver si se le permite cerrar la canilla fiscal, tan dadivosa durante los últimos tiempos. Además, el titular del Palacio de Hacienda deberá liderar un par de cuestiones que serán motivo de una clara bajada de línea presidencial, a tono con los nuevos tiempos.
La primera es la negociación con el FMI y, consecuentemente, con los bonistas aún fuera del canje. No hay apuro, pero hay conciencia en el Gobierno de que mejor es tener un programa con el Fondo que no tenerlo, para evitar pagar el año próximo más de lo necesario. Ya Lavagna le dijo a Rodrigo de Rato en China que sentarse a discutir no significa condicionalidades que cambien las bases de la política económica, y allí está la discusión. A los bonistas, el propio Kirchner les bajó el pulgar; pero el FMI y el juez Griesa, de Nueva York, les dan aire, por lo que se esperan ciertas concesiones. También se supone que en materia de tarifas de servicios públicos algo va a ocurrir, aunque las expectativas se estén pasando hacia hacia 2006, en línea con las renegociaciones en curso.

La emisión y las tasas
Otro aspecto económico a definir será la delgada línea de equilibrio a mantener entre los pesos que se emiten, las tasas de interés, los precios y el nivel de actividad. Los técnicos dicen que en esta difícil ecuación habrá que elegir si se crece menos o se convalida cierta inflación, y teorizan desde el laboratorio sobre que el gran test será conocer -sobre todo, una vez que se alineen algunas tarifas- cuál será el umbral de tolerancia de la sociedad ante una determinada tasa inflacionaria, su impacto sobre los salarios y una eventual carrera con los precios.
Este punto lleva a la tercera pata de las definiciones que se aguardan del Presidente, el aspecto social, donde juegan la pobreza, la insuficiente seguridad social y la necesidad de apuntalar la educación. Kirchner tendrá que decidir qué hace para darles a los planes sociales un cauce diferente y para encontrar una solución más estructural al problema de los piqueteros. Otro tanto ocurrirá con el sistema previsional, y no sólo por el aumento extra ya prometido a los jubilados sino para ver cómo se hace para incluir a quienes no aportaron por haberse quedado fuera del sistema laboral o se reintegraron en la informalidad durante años.
Pero aquí no terminarán las decisiones presidenciales tan largamente postergadas. La próxima semana se le aparecerán a Kirchner en la Casa Rosada los caciques de la CGT y le pasarán la factura de haberse mantenido en las gateras en tiempos de campaña, inclusive ayudándolo a "arreglar" conflictos sospechosamente urdidos pocos días antes de las elecciones.
La lista de cuestiones pendientes es bastante larga, ya que se multiplicaron por habérselas pospuesto, a pedido de Trabajo, "para después del 23". Distribuidores de bebidas, mecánicos de Aerolíneas Argentinas, subtes, trenes (hay un paro anunciado de La Fraternidad para el 27), empleados de la AFIP, bancarios, petroleros, judiciales bonaerenses... sin olvidar a los empleados del Estado, de los cuales, el 40% está nucleado en ATE (dentro de la CTA), pero el otro 60% forma parte de la cegetista UPCN, y son sólo la punta del iceberg de lo que puede venir.
La cúpula gremial le dirá una vez más al Presidente -pero ahora con mayor énfasis-que quiere sentarse a discutir la "distribución equitativa de la riqueza". Ya están prometiendo en voz baja un "choque de trenes" si no son escuchados. Su argumento será simplista, peligroso, pero contundente. "Ya que se llenan la boca con que hay tanto superávit, tanta recaudación y tantas reservas; ya que se le paga al Fondo religiosamente y les dieron bastante a gobernadores e intendentes para las elecciones, ahora que haya algo para los trabajadores", exigirán.
Inmediatamente después señalarán algo que al Gobierno nacional no le cae nada mal, como es que hacen este pedido a fin de "privilegiar el consumo interno y de reactivar el aparato productivo". Y por último, lanzarán una bomba, ya que Moyano y sus adláteres no sólo prometerán un fin de año caliente, con paros, movilizaciones y apretadas varias, sino un comienzo de plan de lucha a toda orquesta, ya que el tema de la "Cumbre de las Américas" será, a propuesta de la Argentina, una cuestión que les atañe: "crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática". Podrían presionar con quedarse afuera de las deliberaciones oficiales y sumarse en masa a la "Cumbre de los Pueblos", para manifestar en Mar del Plata contra George Bush. (DyN)

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