El porvenir posible

Por Gustavo Martinelli. Los creadores tucumanos padecen la falta de apoyo.

23 Octubre 2005

Luciano de Samosata (125-192), uno de los primeros humoristas de nuestra era, describió en uno de sus libros las vicisitudes de un extraño pueblo que habitaba la Luna: los selenitas. Según el pensador y filósofo griego los selenitas hilaban el metal y el vidrio, se quitaban y se ponían los ojos y bebían jugo de aire o aire exprimido. Siglos más tarde, el poeta italiano Ludovico Ariosto (1474-1573), autor de "Orlando furioso", describió en un poema que un paladín descubre en la Luna todo lo que se pierde en la Tierra. Estas descripciones, que pueden haber sido parte de un sueño aún mayor, ya fueron vislumbradas por Jorge Luis Borges en su célebre prólogo a las "Crónicas marcianas" de Ray Bradbury. En él, Borges sostiene que la marca distintiva de la ciencia ficción es "su carácter de anticipación de un porvenir posible o probable".
Como Luciano, como Ariosto, como los mismos Borges o Bradbury, los creadores tucumanos están viviendo la anticipación de un porvenir posible. Pero no en Tucumán, sino en Buenos Aires. Allí, donde todo es más grande y difuso, más perdurable o atroz, artistas plásticos, músicos, poetas, bailarines y artesanos representan a la provincia casi en soledad. Invitados por el Fondo Nacional de la Artes, estos creadores locales supieron responder con altura a una iniciativa que marca un cambio de rumbo en la legendaria institución. Pero esta suerte de "exportación cultural" no se vive de la misma manera en la provincia. Entre los artistas crece la certeza (a veces con fundada razón) de que no existe un apoyo oficial o privado al sector. Ya lo demostró el Setiembre Musical, cuya programación estuvo ocupada casi exclusivamente por artistas de otras latitudes. Y lo sigue confirmando el público tucumano, que llena las salas de los teatros cada vez que vienen a representarse obras foráneas, pero se niega a pagar más de $ 3 a la hora de apoyar un estreno local. Estas producciones que hoy brillan en Buenos Aires ("Clarín" publicó días atrás una elogiosa nota sobre la presentación de la obra "Acerca de la estrategia más ingeniosa para ahorrarse la penosa tarea de vivir"), no tuvieron en Tucumán el mismo apoyo. De hecho, sólo una empresa privada y la Legislatura apoyaron con una pequeña cantidad de dinero el viaje a París del elenco que fue invitado a participar del prestigioso Festival Premiers Pas-Enfants des Troupes, auspiciado por el Théatre du Soleil. Todo un logro, si se tiene en cuenta que el grupo (único elenco extranjero que realizará presentaciones en la capital francesa) lleva meses presentado carpetas y solicitudes en cuanta oficina existe en Tucumán. Igual suerte corren los músicos y artistas plásticos que deciden desarrollar su arte fronteras adentro. "El derrotero por las fundaciones y organismos estatales es tan agotador, que uno termina cancelando cualquier proyecto", sentenció un pintor. "Ser profeta en la tierra de uno es casi una empresa utópica", confesó el "Mono" Villafañe, a su regreso de una gira por España.
Para Luciano y para Ariosto, un viaje a la Luna era el símbolo o el arquetipo de lo imposible. Ojalá que actuar y exponer en la provincia no sea lo mismo para los artistas tucumanos.

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