18 Octubre 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Para el peronismo, el Día de la Lealtad, a 60 años de las masas en la Plaza de Mayo reclamando la salida de Perón al balcón histórico, fue una jornada de nostalgia.
Las palomas no tuvieron necesidad de alejarse y el balcón-escenario quedó cerrado, pues Kirchner volaba a Rosario para estar al lado de un candidato en apuros, en el estadio cerrado de Newell?s Old Boys.
Lo mismo que el Día de los Trabajadores, el 1° de Mayo, aunque la plaza histórica fue esa vez para grupos contestatarios de la izquierda neta.
También en un acto cerrado, pero en Lanús, Hilda "Chiche" Duhalde matizó su discurso de campaña con la hoy maltrecha lealtad peronista, y hasta Carlos Menem tenía prevista su reunión en un local del barrio porteño de Belgrano, seguramente para hacer algo parecido por su cuenta.
Faltaron en todos los casos las multitudinarias caravanas, y ni siquiera la CGT, más preocupada por las presiones salariales, intentó convocatoria alguna. Hacía años, desde el menemismo de los 90, que aquella jornada fundacional del peronismo merecía poco más que una recordación formal. Ayer, ni siquiera eso, y no son muchos los que se preocuparon por hallar la causa, a pesar de las seis décadas que se conmemoraban.
Es lógico; la crisis partidaria, por una parte, y la gran indiferencia de la ciudadanía por los políticos -no por la política, entiéndase- están impidiendo que algún dirigente salga a la calle a convocar a multitudes.
Agenda para el lunes
Como ya se dijo aquí en una reciente oportunidad, todo lo señalado es también testimonio de la recomposición política que se está produciendo en el país, pero sin la posibilidad de otro golpe de Estado como en el pasado.
A lo sumo, golpes palaciegos como los conocidos a partir de la crisis y sin otra expresión popular que el coral "que se vayan todos". Ni siquiera la inquietud sobre cómo habrá de actuar el Congreso en función del poder presidencial ocupa lo necesario a la gente, distante de los actos cerrados, como la mayoría de los comités que tradicionalmente trataban de enardecerla con sus proyectos.
Hasta hace poco, lo más notorio del debate de la calle era si la riña del PJ sería o no una forma singular de captar más bancas para juntarlas después de las urnas.
Ahora, tras la demostración del 17 de Octubre, el debate que se insinúa tiene una agenda muy testimonial: la inflación y las demandas salariales, y la estrategia para que la crisis del peronismo no impida su mantenimiento del poder en 2007. (De nuestra Sucursal)
Las palomas no tuvieron necesidad de alejarse y el balcón-escenario quedó cerrado, pues Kirchner volaba a Rosario para estar al lado de un candidato en apuros, en el estadio cerrado de Newell?s Old Boys.
Lo mismo que el Día de los Trabajadores, el 1° de Mayo, aunque la plaza histórica fue esa vez para grupos contestatarios de la izquierda neta.
También en un acto cerrado, pero en Lanús, Hilda "Chiche" Duhalde matizó su discurso de campaña con la hoy maltrecha lealtad peronista, y hasta Carlos Menem tenía prevista su reunión en un local del barrio porteño de Belgrano, seguramente para hacer algo parecido por su cuenta.
Faltaron en todos los casos las multitudinarias caravanas, y ni siquiera la CGT, más preocupada por las presiones salariales, intentó convocatoria alguna. Hacía años, desde el menemismo de los 90, que aquella jornada fundacional del peronismo merecía poco más que una recordación formal. Ayer, ni siquiera eso, y no son muchos los que se preocuparon por hallar la causa, a pesar de las seis décadas que se conmemoraban.
Es lógico; la crisis partidaria, por una parte, y la gran indiferencia de la ciudadanía por los políticos -no por la política, entiéndase- están impidiendo que algún dirigente salga a la calle a convocar a multitudes.
Agenda para el lunes
Como ya se dijo aquí en una reciente oportunidad, todo lo señalado es también testimonio de la recomposición política que se está produciendo en el país, pero sin la posibilidad de otro golpe de Estado como en el pasado.
A lo sumo, golpes palaciegos como los conocidos a partir de la crisis y sin otra expresión popular que el coral "que se vayan todos". Ni siquiera la inquietud sobre cómo habrá de actuar el Congreso en función del poder presidencial ocupa lo necesario a la gente, distante de los actos cerrados, como la mayoría de los comités que tradicionalmente trataban de enardecerla con sus proyectos.
Hasta hace poco, lo más notorio del debate de la calle era si la riña del PJ sería o no una forma singular de captar más bancas para juntarlas después de las urnas.
Ahora, tras la demostración del 17 de Octubre, el debate que se insinúa tiene una agenda muy testimonial: la inflación y las demandas salariales, y la estrategia para que la crisis del peronismo no impida su mantenimiento del poder en 2007. (De nuestra Sucursal)







