06 Octubre 2005 Seguir en 
María Véliz fue una de las primeras en llegar a la ex sede del Comando. Lo hizo cargada con termos de café, tortillas y facturas. Ella, como el fuero penal, se mudó. Abandonó la plaza Yrigoyen, su anterior puesto de venta, para instalarse en el edificio de avenida Sarmiento y Laprida.
"Todavía no puedo hacer una evaluación de cómo me fue en la venta. Los empleados son mis clientes fijos, pero el dinero extra ingresa con el público. No hubo casi movimiento y también me quedé sin vender a taxistas y remiseros", explicó.
La mujer recorrió los polvorientos pasillos de Tribunales en medio del interminable ir y venir de obreros. "Vamos a ver qué pasa en el futuro, pero lo único cierto es que aquí no tengo tanta competencia", agregó.
Y Véliz no se equivoca en lo más mínimo. A la vuelta de la nueva sede del fuero penal, sólo hay dos bares y una pizzería. "Vendimos muy bien. Lo único malo es que se quejan por los precios, porque según dicen, son un 50% más caros de lo que ellos pagaban", explicó la bandejera Cecilia Herrera.
Los empleados judiciales, en cambio, se tomaron con mucha tranquilidad la mudanza. Con rostros serios, están obstinados en ganarle una batalla personal al polvo que se levanta de la obra y que se instala en los mostradores y escritorios. Cruzan los dedos para que el sol no castigue como el lunes pasado, por lo menos, hasta que se instalen los ventiladores en las fiscalías.
Los instructores, en cambio, ruegan para que la Corte Suprema se acuerde de ellos. Piden a gritos tabiques para que sean separados en el espacio común que ocupan. "Será muy difícil hacer nuestro trabajo. Hay que pensar que mientras estemos tomando un testimonio por abuso a una mujer, a la par puede haber otra persona declarando y, seguramente, la escuchará nuestro compañero", explicó una de las fuentes consultadas.
"Todavía no puedo hacer una evaluación de cómo me fue en la venta. Los empleados son mis clientes fijos, pero el dinero extra ingresa con el público. No hubo casi movimiento y también me quedé sin vender a taxistas y remiseros", explicó.
La mujer recorrió los polvorientos pasillos de Tribunales en medio del interminable ir y venir de obreros. "Vamos a ver qué pasa en el futuro, pero lo único cierto es que aquí no tengo tanta competencia", agregó.
Y Véliz no se equivoca en lo más mínimo. A la vuelta de la nueva sede del fuero penal, sólo hay dos bares y una pizzería. "Vendimos muy bien. Lo único malo es que se quejan por los precios, porque según dicen, son un 50% más caros de lo que ellos pagaban", explicó la bandejera Cecilia Herrera.
Los empleados judiciales, en cambio, se tomaron con mucha tranquilidad la mudanza. Con rostros serios, están obstinados en ganarle una batalla personal al polvo que se levanta de la obra y que se instala en los mostradores y escritorios. Cruzan los dedos para que el sol no castigue como el lunes pasado, por lo menos, hasta que se instalen los ventiladores en las fiscalías.
Los instructores, en cambio, ruegan para que la Corte Suprema se acuerde de ellos. Piden a gritos tabiques para que sean separados en el espacio común que ocupan. "Será muy difícil hacer nuestro trabajo. Hay que pensar que mientras estemos tomando un testimonio por abuso a una mujer, a la par puede haber otra persona declarando y, seguramente, la escuchará nuestro compañero", explicó una de las fuentes consultadas.
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