Actividad citrícola, la crisis y la cultura social

La primer tentación es caer en el síndrome del chivo expiatorio: simplificar el problema y encontrar un culpable.

28 Agosto 2005
Stephen Covey, autor de "Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva", acuña la expresión "el modo en que vemos el problema es el problema". Se refiere a la forma en que los paradigmas afectan nuestra capacidad de percepción y, por lo tanto, nuestra conducta. En sentido similar se ha dicho que un problema correctamente definido es la mitad de su solución. Me parece conveniente recordar estos conceptos en momentos en que el sector citrícola atraviesa una crisis que dejará cientos de toneladas sin cosechar o descartadas en la presente campaña y se proyecta en forma negativa hacia las próximas.
La primer tentación es caer en el síndrome del chivo expiatorio: simplificar el problema y encontrar un culpable para cargarlo de las responsabilidades ajenas. Esto resulta cómodo, muchas veces conforma a la mayoría y disimula los acciones negativas de cada una de las partes. Así, algunos dirán que la culpa es del Gobierno que no tomó cartas en el asunto; otros, que la culpa es de los empresarios grandes que siguen incrementando la producción y salvan su rentabilidad a costa de sus antiguos proveedores. Todos podríamos culpar a la política fitosanitaria de los Estados Unidos que no acepta limón de áreas con cancrosis, y así, sucesivamente, hasta que alguien se convierta en el "pato de la boda", pero sin boda.
El principal defecto de esta perspectiva, no está tanto en la probable injusticia hacia la víctima elegida, sino en la forma en que nos permite eludir el análisis concienzudo y responsable de los distintos factores que provocan el problema y nos aleja de la posibilidad de unirnos para generar alguna solución de largo plazo.
Durante el último año se han barajado propuestas. Algunas ideas resultan atractivas, y otras francamente descabelladas. Tanto al Ministerio de Desarrollo Productivo, como a la Asociación Tucumana de Citrus, que han trabajado sobre la cuestión, se han acercado solicitudes de intervención que van desde la formación de un fondo de resarcimiento hasta incentivos a la reducción del área plantada, pasando por medidas de exención fiscal.
El debate sobre el futuro del limón nos presenta, a primera vista, dos perspectivas de abordaje antagónicas: la representada por quienes creen que no se han realizado suficientes esfuerzos empresariales para aprovechar la producción y los que entienden que se ha pasado el límite razonable de la oferta . Si quedamos atrapados entre ambas posiciones corremos el riesgo de trivializar el problema y buscar la victoria en lugar de la solución.
El sector citrícola hace rato que se ha puesto los pantalones largos. Aún hoy, en medio de la crisis de exceso de stock, se están generando importantes beneficios en las operaciones internacionales.
El gobierno y las instituciones han dado importantes pasos en aquellas cuestiones que no suscitan discusión hacia el interior del sector, como las tratativas para reingresar al mercado norteamericano y la aplicación de controles fitosanitarios y de calidad más exigentes que permitan preserven los mercados actuales.
Como siempre, parafraseando a los evangelios, necesitaremos atravesar la puerta angosta y el sendero estrecho. Cuando lo logremos, la actividad citrícola tendrá la fisonomía y la vitalidad necesarias para adaptarse a las exigencias crecientes del mercado mundial. Y nosotros estaremos fortalecidos como comunidad, porque nada es más alentador y educativo para la sociedad que la experiencia de resolver problemas en forma solidaria. Como le gusta decir a un amigo: debemos sacar aprendizaje de los fracasos; pero también de los éxitos.

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