La salva empresas

Durante ese lapso, la norma ayudó a que varias compañías tucumanas superaran crisis a través de esta vía. Los expertos creen que la ley debe ser mejorada, en especial en lo que se refiere a plazos.

28 Agosto 2005
La posibilidad de que una empresa o una institución deportiva ingrese en una crisis de operatividad -que puede derivar en un concurso preventivo o en una quiebra- se debe fundamentalmente a dos factores (o a ambos a la vez): internos y externos. Los primeros están relacionados a la conducción de la organización, o sea a medidas desacertadas surgidas desde adentro que llevan a la caída de la institución. Luego está la coyuntura -un período recesivo de la economía, por ejemplo, o la presencia de nuevos y más fuertes competidores-, que puede impactar en forma negativa en el manejo de un compañía determinada. En la vía judicial, una empresa en crisis tiene las opciones de recuperarse o de irse a la quiebra y desaparecer. Ambas posibilidades están contempladas en la Ley de Concursos y Quiebras 24.522, que acaba de cumplir 10 años de vigencia. A través de esta norma, varias empresas tucumanas -e inclusive uno de los dos principales clubes de fútbol de la provincia- lograron homologar acuerdos con sus acreedores y hoy transitan por nuevas etapas, con expectativas renovadas.
Cuando en agosto de 1995 se puso en marcha la actual Ley, se buscaba potenciar al concurso preventivo como mecanismo judicial de salvataje de las empresas viables, y acentuar el carácter liquidativo de la quiebra, reduciendo demoras en la venta de los bienes y el pago a los acreedores. Sin embargo, los especialistas consideran que la norma no fue exitosa en varios aspectos, principalmente en el acortamiento de los plazos.
El profesor titular de la Cátedra Bancarrotas y Privilegios de la UNT, Miguel Eduardo Marcotullio, considera que es clave una presentación concursal oportuna, cuando todavía la empresa es recuperable. Esto serviría para obtener un resultado exitoso que permitiría la conservación de la compañía como actividad económica útil, mediante una nueva forma de pago de su pasivo de arrastre.
Un ejemplo de coyuntura negativa es la que afectó al sector de la construcción entre 1998 y 2000, cuando se produjo una fuerte caída de los niveles de actividad en este sector. Golpeada por esta crisis, una empresa tucumana con 55 años de trayectoria, dedicada a al venta de materiales de construcción, se presentó en concurso preventivo hace casi cinco años. En abril del año pasado obtuvo un acuerdo con sus acreedores y hoy la firma está en funcionamiento. Los propietarios de esta empresa miran en futuro con expectativas y aseguran que la situación de crisis casi terminal que les tocó vivir les sirvió para aprender y para ser más precavidos.
A pocos días de que una tradicional empresa citrícola como Vicente Trapani SA pidiera su concurso preventivo, otra compañía de este rubro -la Cooperativa Citricultores Tafí Viejo (COTA) pudo superar un trámite judicial similar en octubre de 2004, cuando logró la homologación del acuerdo que alcanzó con sus acreedores.
En algo coinciden los empresarios que sobrevivieron a un concurso preventivo, y es que el paso por la vía judicial los transformó en administradores más austeros. Pero más que nada, todos juran que jamás permitirían que sus compañías vuelvan a caer hasta el punto de tener que volver a recurrir a una ley concursal para poder subsistir.

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