27 Agosto 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES. La situación económica actual es realmente excepcional. De acuerdo con el índice que elabora la Universidad Nacional del Tucumán, estamos un 8,3% por encima del máximo histórico desde 1970. Es espectacular el crecimiento que han tenido la industria, la construcción y las exportaciones, a la vez que se nota un importante aumento de la recaudación fiscal.
Pero han comenzado a encenderse algunas luces amarillas: Hay una desaceleración en la actividad industrial y en la recaudación.
El nivel de empleo está creciendo, pero no lo suficiente como para reducir el desempleo.
Los salarios promedio para toda la Argentina no han recuperado los niveles de antes de la crisis de 2001, y eso se refleja en las ventas.
La Argentina produce muy pocos bienes de capital y necesitamos importar para incorporar tecnología.
El tema más importante pasa por institucionalizar el crecimiento, esto es, lograr mercados más flexibles, con un gobierno que se caracterice por tener una enorme previsibilidad en cuanto a los impuestos, a la legislación y al sistema jurisdiccional, así como en su política fiscal y monetaria. Este entorno va a garantizar inversiones de largo plazo, que es lo que estamos necesitando.
El crecimiento en las exportaciones, en la industria y en la construcción es realmente impactante, pero no así el equipamiento para la producción de otros bienes y servicios.
Hay que confiar un poco más en los mercados, para institucionalizar el crecimiento con un marco de previsibilidad, lo que incluye una reforma tributaria con un sistema menos distorsivo, descongelar tarifas, eliminar retenciones a las exportaciones y responsabilizar más a las provincias de la recaudación impositiva, del control del gasto y de sus propias finanzas.
El Gobierno debe focalizar la labor del Banco Central en el control de la inflación, y no tanto en el tipo de cambio. La Argentina tenía una ventaja competitiva en todo lo que hacía a la energía y a sus recursos naturales, pero la perdió por la crisis energética, que es uno de los temas que no se resolvió, debido al problema del congelamiento tarifario.
Ventajas competitivas
Las exportaciones son las que movieron el crecimiento, pero básicamente son productos commodities. Ahora bien, si se permite ser más flexible, la Argentina tendría ventajas competitivas gracias a una fuerza laboral bastante tecnificada, sobre todo en el aspecto servicios.
Hay que flexibilizar tanto el mercado de bienes y servicios como el mercado laboral; ir hacia una economía más abierta, con una menor intervención estatal. No podemos hablar de poner precios tope, o cosas por el estilo, porque esos son ruidos que afectan la economía. (DyN)
Pero han comenzado a encenderse algunas luces amarillas: Hay una desaceleración en la actividad industrial y en la recaudación.
El nivel de empleo está creciendo, pero no lo suficiente como para reducir el desempleo.
Los salarios promedio para toda la Argentina no han recuperado los niveles de antes de la crisis de 2001, y eso se refleja en las ventas.
La Argentina produce muy pocos bienes de capital y necesitamos importar para incorporar tecnología.
El tema más importante pasa por institucionalizar el crecimiento, esto es, lograr mercados más flexibles, con un gobierno que se caracterice por tener una enorme previsibilidad en cuanto a los impuestos, a la legislación y al sistema jurisdiccional, así como en su política fiscal y monetaria. Este entorno va a garantizar inversiones de largo plazo, que es lo que estamos necesitando.
El crecimiento en las exportaciones, en la industria y en la construcción es realmente impactante, pero no así el equipamiento para la producción de otros bienes y servicios.
Hay que confiar un poco más en los mercados, para institucionalizar el crecimiento con un marco de previsibilidad, lo que incluye una reforma tributaria con un sistema menos distorsivo, descongelar tarifas, eliminar retenciones a las exportaciones y responsabilizar más a las provincias de la recaudación impositiva, del control del gasto y de sus propias finanzas.
El Gobierno debe focalizar la labor del Banco Central en el control de la inflación, y no tanto en el tipo de cambio. La Argentina tenía una ventaja competitiva en todo lo que hacía a la energía y a sus recursos naturales, pero la perdió por la crisis energética, que es uno de los temas que no se resolvió, debido al problema del congelamiento tarifario.
Ventajas competitivas
Las exportaciones son las que movieron el crecimiento, pero básicamente son productos commodities. Ahora bien, si se permite ser más flexible, la Argentina tendría ventajas competitivas gracias a una fuerza laboral bastante tecnificada, sobre todo en el aspecto servicios.
Hay que flexibilizar tanto el mercado de bienes y servicios como el mercado laboral; ir hacia una economía más abierta, con una menor intervención estatal. No podemos hablar de poner precios tope, o cosas por el estilo, porque esos son ruidos que afectan la economía. (DyN)





