31 Julio 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La ácida polémica suscitada entre el ministro Roberto Lavagna y empresarios de la UIA reflejó la tensión que se vive en la economía. Tanto el jefe de Hacienda como sus colaboradores no podían creer las duras críticas que partieron de los hombres de la UIA minutos después de un encuentro que se movió en carriles de normalidad.
Es más, el relato de voceros de esa reunión, realizada en la sede de la central fabril, dista del clima bélico que después surgió en las declaraciones públicas a la prensa. Aseguran que sólo "una declaración sobre las patentes medicinales", realizada sobre el filo de las conversaciones por el representante de los laboratorios nacionales, dio la nota discordante. Por lo demás, tal como coinciden varios testigos, el encuentro se realizó en un clima de cordialidad y hubo satisfacción cuando el ministro les anunció la suspensión de la emisión de bonos ajustados por CER, que se constituyeron en una nueva bicicleta financiera.
Muchos de los tenedores de estos títulos no sólo hicieron grandes negocios con ellos sino que también les convenía que la inflación se disparara. Bastaba con posicionarse en estos títulos y apostar a un aumento inflacionario. Lavagna también atribuyó a este tema monetario como la causa fundamental de la presión sobre los valores de los productos. "Por lo demás, no hay ningún motivo como para pensar en un recalentamiento de precios", aseguró Lavagna.
Por otra parte, las dos partes coincidieron en la necesidad de consolidar un crecimiento de inversiones de entre el 23% y el 24% y hasta los industriales invitaron al ministro a la próxima Conferencia Indutrial. Nadie preveía la confrontación verbal posterior y un inusual comunicado de prensa de Economía con críticas también desacostumbradas.
El ministro siempre tuvo una afinidad especial con la central fabril desde los tiempos que era secretario de Industria, hace un par de décadas. Ahora mismo, su secretario de Industria, Miguel Peirano, se desempeñaba como economista jefe del Departamento de Economía de la entidad gremial empresaria.Lo que no soportó fue, tal como lo llamó, ese doble discurso entre la opinión en privado y la pública. El titular de la UIA, Héctor Méndez, salió a criticar el control de precios, aunque reconoció la potestad del Estado para ponerlo en práctica.
El cruce de declaraciones dejó también al descubierto ciertas diferencias en el sector fabril. Por una lado, están las poderosas empresas de alimentos que son las más observadas y deben deben firmar acuerdos de mantenimiento de precios. En otro, se encuentran los que necesitan del Gobierno para que aplique medidas que limite la competencia externa, como plásticos y textiles, entre otros.
Estos intereses dispares pueden llevar a ese doble discurso que denuncia el ministro, pero, a su vez, refleja el estado de nerviosismo reinante en tiempos preelectorales. En el Gobierno, las cosas no son mejores ante el temor de que una escalada de precios aleje voluntades oficialistas en las urnas, en una elección clave para la aspiración oficiales de consolidar su poder. (NA)
Es más, el relato de voceros de esa reunión, realizada en la sede de la central fabril, dista del clima bélico que después surgió en las declaraciones públicas a la prensa. Aseguran que sólo "una declaración sobre las patentes medicinales", realizada sobre el filo de las conversaciones por el representante de los laboratorios nacionales, dio la nota discordante. Por lo demás, tal como coinciden varios testigos, el encuentro se realizó en un clima de cordialidad y hubo satisfacción cuando el ministro les anunció la suspensión de la emisión de bonos ajustados por CER, que se constituyeron en una nueva bicicleta financiera.
Muchos de los tenedores de estos títulos no sólo hicieron grandes negocios con ellos sino que también les convenía que la inflación se disparara. Bastaba con posicionarse en estos títulos y apostar a un aumento inflacionario. Lavagna también atribuyó a este tema monetario como la causa fundamental de la presión sobre los valores de los productos. "Por lo demás, no hay ningún motivo como para pensar en un recalentamiento de precios", aseguró Lavagna.
Por otra parte, las dos partes coincidieron en la necesidad de consolidar un crecimiento de inversiones de entre el 23% y el 24% y hasta los industriales invitaron al ministro a la próxima Conferencia Indutrial. Nadie preveía la confrontación verbal posterior y un inusual comunicado de prensa de Economía con críticas también desacostumbradas.
El ministro siempre tuvo una afinidad especial con la central fabril desde los tiempos que era secretario de Industria, hace un par de décadas. Ahora mismo, su secretario de Industria, Miguel Peirano, se desempeñaba como economista jefe del Departamento de Economía de la entidad gremial empresaria.Lo que no soportó fue, tal como lo llamó, ese doble discurso entre la opinión en privado y la pública. El titular de la UIA, Héctor Méndez, salió a criticar el control de precios, aunque reconoció la potestad del Estado para ponerlo en práctica.
El cruce de declaraciones dejó también al descubierto ciertas diferencias en el sector fabril. Por una lado, están las poderosas empresas de alimentos que son las más observadas y deben deben firmar acuerdos de mantenimiento de precios. En otro, se encuentran los que necesitan del Gobierno para que aplique medidas que limite la competencia externa, como plásticos y textiles, entre otros.
Estos intereses dispares pueden llevar a ese doble discurso que denuncia el ministro, pero, a su vez, refleja el estado de nerviosismo reinante en tiempos preelectorales. En el Gobierno, las cosas no son mejores ante el temor de que una escalada de precios aleje voluntades oficialistas en las urnas, en una elección clave para la aspiración oficiales de consolidar su poder. (NA)





