LOS CASTILLOS. Junto al río Las Conchas y contrastando con la blancura del suelo salitroso, se erigen montañas donde la caprichosa naturaleza esculpió asombrosos relieves.
25 Julio 2005 Seguir en 

Cafayate suele ser conocida como el rincón salteño del sol y del buen vino; y la cuna de famosos músicos y artesanos vallistos. Ahora, cada vez es mayor la cantidad de turistas que visita sus bodegas, pero también pide recorrer el imponente paisaje que rodea el valle. Y el circuito más buscado es la "Quebrada de Cafayate" o "Quebrada de las Conchas", llamada así por el hallazgo de fósiles de mar en gran parte de los 60 kilómetros de extensión que tiene. Está ubicada a 50 kilómetros de Cafayate, sobre la ruta 68, que lleva a la capital de Salta.
LA GACETA vivió la experiencia junto a un grupo de turistas extranjeros y argentinos, en un paseo con caminatas por los cerros que duró casi cinco horas, con la guía de Pedro José Ladrón de Guevara.
Los franceses Call Marjorie y Friess Mascime, docentes de la ciudad de Narbonne, Arlette y François Saint Pierre, profesores de matemáticas de la Universidad de Toulouse, el maestro canadiense Dan Buchanan, el economista Roberto Grinberg y su esposa, Elsa (docente), radicados en Israel hace 25 años, al igual que la porteña Ana Bianchi y la marplatense Daniela Acosta, entre otros, quedaron maravillados con los cerros multicolores. Les impactaron las geoformas -producto de la erosión eólica y pluvial, y de la sedimentación del período Cuaternario-, que representan una serie de castillos, un fraile y cuantas figuras pueda construir la imaginación humana; y Garganta del Diablo, que se esconde entre dos montañas. "Esto es algo fantástico", expresó el matrimonio Saint Pierre cuando desde la cima de una montaña contemplaba el "Cerro de los siete colores", cuyas vetas están formadas por distintas rocas y metales (hierro, bórax, azufre, cinc, yeso y arcilla).
La tarde espectacular -a pleno sol, aunque con viento helado en las alturas- ayudó a apreciar la belleza de la Quebrada, con un juego de luces, sombras y colores que resaltaban sus geoformas.
Anfiteatro natural
Otro lugar que deslumbró a los visitantes fue el anfiteatro natural, con excelente acústica, que la naturaleza formó con los años en el corazón de una montaña. Los turistas quedaron perplejos; máxime cuando el guía comentó que hace dos años en ese lugar dio un concierto la Orquesta Filarmónica de Alemania.
A la salida, se detuvo junto a la ruta una imponente casa rodante que decía "República Checa". LA GACETA pudo charlar con uno de los diez pasajeros, Radím Bína, el único que hablaba español. "Salimos de España en abril de 2004 -narró- y desembarcamos en el puerto de Valparaíso, Chile. Recorrimos ese país, luego Perú y Ecuador. Visitamos Tierra del Fuego y ahora el NOA. Este es un país extenso, bello y rico para conocer. Luego iremos a Brasil por las Cataratas del Iguazú".
Los vinos orgánicos Nanni son requeridos en el exterior
Don Pietro Nanni tenía 19 años cuando en 1885 abandonó Rosciolo, su pueblo natal en Italia, para radicarse en la Argentina. Eligió vivir en Tucumán, donde se casó y tuvo dos hijos. Pero pronto enviudó y se mudó a Cafayate, en 1890. Allí se enamoró de la lugareña Luisa Meléndez, con quien contrajo segundas nupcias y tuvo siete descendientes. Compró tierras, plantó viñedos y en 1897 fundó la bodega familiar que denominó "Solar del Duende", más tarde "Taberna del Valle", y actualmente se llama "Bodega Nanni". Don Pietro falleció en Cafayate en 1945. Dos de sus hijos -Benjamín y Pedro Nanni- le compran la bodega a sus otros cinco hermanos y, al morir Benjamín, en 1957, todas las acciones las adquiere Pedro.
Uno de los nietos del fundador (hijo de Pedro) -José Eduardo Nanni-, es hoy el propietario de la finca de 1.550 hectáreas en la zona llamada San José de Chimpas, y de la bodega, aunque al frente está su hijo que lleva su mismo nombre.
"Seguimos trabajando en forma semiartesanal. El etiquetado se sigue haciendo a mano", contó orgulloso a LA GACETA José Eduardo Nanni (h) -bisnieto de don Pietro- mientras Merlina Cativa y Felipa Díaz colocaban las etiquetas en presencia de la gaceta.
Producen 250.000 litros
"Tenemos en producción 40 hectáreas de viñas y la bodega tiene capacidad para 600.000 litros, pero elaboramos 250.000 litros por año: Torrontés, Cabernet Sauvignon, Malbec y Tannat. Fuimos pioneros en el NOA en la elaboración del vino tinto con el varietal Tannat", agregó.
La bodega Nanni es una de las cinco bodegas argentinas, cuyos vinos cuentan con la certificación de ser productos orgánicos -extendida por Argencert- y esta es una de las razones por las cuales crece la demanda extranjera. Son orgánicos porque las viñas están ubicadas en una zona con escasa lluvia (80 mm anuales, contra los 250 que caen en el valle) y con constante viento. "Este microclima mantiene a la uva aireada, libre de hongos y de otras enfermedades, y jamás se pudre. Lo único que usamos es el guano de cabra como fertilizante", explicó.
Adiós "Champagne"
El enólogo Luis Asmet señaló que rige una disposición de la Organización Internacional del Vino (OIV), que prohíbe usar en otros países los nombres Borgoña, Chablis, Champagne, Oporto, Cognac, Vinos Finos (sur de España) "porque representan a zonas de Europa donde son elaborados. El champagne argentino o chileno, por ejemplo, comenzará a llamarse de ahora en más Vino Espumante", advirtió.
Laura Cruz crea ropa artesanal exclusiva
La cafayateña Laura Cruz, de 32 años, es profesora de Letras, pero su veta artística la llevó a dedicarse de lleno a las artesanías, especialmente al diseño de ropa. Su habilidad manual y su creatividad, que comenzaron a fluir cuando tenía 14 años, tiene una fuerte carga genética. Es hija del primer matrimonio de Héctor Cruz, famoso por sus originales tapices, y de Leonor López, también artesana. Sus otros tres hermanos también heredaron los genes de sus padres: Soledad es tapicista; Franco es pintor y muralista; y Marcos se destaca como músico y ceramista.
El local que Laura abrió hace un año frente a la plaza de Cafayate es de visita obligada de turistas extranjeros y argentinos. LA GACETA la encontró bordando ropa artesanal, que son prendas únicas porque jamás repite los diseños. "No trabajo con patrones. Mi patrón es cada prenda. Faldas, sacos, tapados o un chal -por ejemplo-, los pongo sobre la mesa y ahí me inspiro en diseños con reminiscencias de la cultura andina, luego elijo las lanas y los colores y empiezo a bordar".
La artista tiene marca registrada, y ya realizó el "X Desfile de ropa artesanal de Laura Cruz". Trabaja con telas de lana de oveja y de llama, barracán, hilos de algodón rústico y fino hechos en el valle, pero también usa lienzo y gasas. "Me gusta mezclar texturas", aclara. Las más de 15.000 prendas que hizo y que están dando vuelta el mundo -entre ellas un traje de novia que compró una holandesa- son únicas, aunque al verlas reflejan el sello inconfundible de su creadora.
Todo el arte criollo revive en la platería
Hace nueve años, el santafesino Claudio Gómez, de 45 años, se enamoró de Cafayate y decidió echar sus raíces en esa ciudad salteña. En "La Banda de Arriba", una zona rural de fincas muy pequeñas, ubicada a 18 cuadras del centro cafayateño, erigió su casa e instaló su taller. "En mis obras recreo la cultura antigua, especialmente la platería criolla. Aprendí el oficio del conocido orfebre porteño -ya fallecido- Edgar Michaelsen, y fui perfeccionando la técnica observando, mirando trabajar a los demás", expresó. Junto a su mujer, Mariana Araujo, y a los cafayateños Carolina Renfinjes, Efraín Díaz y Fabiana Bais diseña y realiza bijouterie, mates, hebillas para cinturones, bombillas, bandejas, portarretratos y un sinfín de objetos que luego coloca en el mercado local y en otros negocios de Buenos Aires y del sur del país. También hace trabajos personales, por encargo.
LA GACETA vivió la experiencia junto a un grupo de turistas extranjeros y argentinos, en un paseo con caminatas por los cerros que duró casi cinco horas, con la guía de Pedro José Ladrón de Guevara.
Los franceses Call Marjorie y Friess Mascime, docentes de la ciudad de Narbonne, Arlette y François Saint Pierre, profesores de matemáticas de la Universidad de Toulouse, el maestro canadiense Dan Buchanan, el economista Roberto Grinberg y su esposa, Elsa (docente), radicados en Israel hace 25 años, al igual que la porteña Ana Bianchi y la marplatense Daniela Acosta, entre otros, quedaron maravillados con los cerros multicolores. Les impactaron las geoformas -producto de la erosión eólica y pluvial, y de la sedimentación del período Cuaternario-, que representan una serie de castillos, un fraile y cuantas figuras pueda construir la imaginación humana; y Garganta del Diablo, que se esconde entre dos montañas. "Esto es algo fantástico", expresó el matrimonio Saint Pierre cuando desde la cima de una montaña contemplaba el "Cerro de los siete colores", cuyas vetas están formadas por distintas rocas y metales (hierro, bórax, azufre, cinc, yeso y arcilla).
La tarde espectacular -a pleno sol, aunque con viento helado en las alturas- ayudó a apreciar la belleza de la Quebrada, con un juego de luces, sombras y colores que resaltaban sus geoformas.
Anfiteatro natural
Otro lugar que deslumbró a los visitantes fue el anfiteatro natural, con excelente acústica, que la naturaleza formó con los años en el corazón de una montaña. Los turistas quedaron perplejos; máxime cuando el guía comentó que hace dos años en ese lugar dio un concierto la Orquesta Filarmónica de Alemania.
A la salida, se detuvo junto a la ruta una imponente casa rodante que decía "República Checa". LA GACETA pudo charlar con uno de los diez pasajeros, Radím Bína, el único que hablaba español. "Salimos de España en abril de 2004 -narró- y desembarcamos en el puerto de Valparaíso, Chile. Recorrimos ese país, luego Perú y Ecuador. Visitamos Tierra del Fuego y ahora el NOA. Este es un país extenso, bello y rico para conocer. Luego iremos a Brasil por las Cataratas del Iguazú".
Don Pietro Nanni tenía 19 años cuando en 1885 abandonó Rosciolo, su pueblo natal en Italia, para radicarse en la Argentina. Eligió vivir en Tucumán, donde se casó y tuvo dos hijos. Pero pronto enviudó y se mudó a Cafayate, en 1890. Allí se enamoró de la lugareña Luisa Meléndez, con quien contrajo segundas nupcias y tuvo siete descendientes. Compró tierras, plantó viñedos y en 1897 fundó la bodega familiar que denominó "Solar del Duende", más tarde "Taberna del Valle", y actualmente se llama "Bodega Nanni". Don Pietro falleció en Cafayate en 1945. Dos de sus hijos -Benjamín y Pedro Nanni- le compran la bodega a sus otros cinco hermanos y, al morir Benjamín, en 1957, todas las acciones las adquiere Pedro.
Uno de los nietos del fundador (hijo de Pedro) -José Eduardo Nanni-, es hoy el propietario de la finca de 1.550 hectáreas en la zona llamada San José de Chimpas, y de la bodega, aunque al frente está su hijo que lleva su mismo nombre.
"Seguimos trabajando en forma semiartesanal. El etiquetado se sigue haciendo a mano", contó orgulloso a LA GACETA José Eduardo Nanni (h) -bisnieto de don Pietro- mientras Merlina Cativa y Felipa Díaz colocaban las etiquetas en presencia de la gaceta.
Producen 250.000 litros
"Tenemos en producción 40 hectáreas de viñas y la bodega tiene capacidad para 600.000 litros, pero elaboramos 250.000 litros por año: Torrontés, Cabernet Sauvignon, Malbec y Tannat. Fuimos pioneros en el NOA en la elaboración del vino tinto con el varietal Tannat", agregó.
La bodega Nanni es una de las cinco bodegas argentinas, cuyos vinos cuentan con la certificación de ser productos orgánicos -extendida por Argencert- y esta es una de las razones por las cuales crece la demanda extranjera. Son orgánicos porque las viñas están ubicadas en una zona con escasa lluvia (80 mm anuales, contra los 250 que caen en el valle) y con constante viento. "Este microclima mantiene a la uva aireada, libre de hongos y de otras enfermedades, y jamás se pudre. Lo único que usamos es el guano de cabra como fertilizante", explicó.
Adiós "Champagne"
El enólogo Luis Asmet señaló que rige una disposición de la Organización Internacional del Vino (OIV), que prohíbe usar en otros países los nombres Borgoña, Chablis, Champagne, Oporto, Cognac, Vinos Finos (sur de España) "porque representan a zonas de Europa donde son elaborados. El champagne argentino o chileno, por ejemplo, comenzará a llamarse de ahora en más Vino Espumante", advirtió.
La cafayateña Laura Cruz, de 32 años, es profesora de Letras, pero su veta artística la llevó a dedicarse de lleno a las artesanías, especialmente al diseño de ropa. Su habilidad manual y su creatividad, que comenzaron a fluir cuando tenía 14 años, tiene una fuerte carga genética. Es hija del primer matrimonio de Héctor Cruz, famoso por sus originales tapices, y de Leonor López, también artesana. Sus otros tres hermanos también heredaron los genes de sus padres: Soledad es tapicista; Franco es pintor y muralista; y Marcos se destaca como músico y ceramista.
El local que Laura abrió hace un año frente a la plaza de Cafayate es de visita obligada de turistas extranjeros y argentinos. LA GACETA la encontró bordando ropa artesanal, que son prendas únicas porque jamás repite los diseños. "No trabajo con patrones. Mi patrón es cada prenda. Faldas, sacos, tapados o un chal -por ejemplo-, los pongo sobre la mesa y ahí me inspiro en diseños con reminiscencias de la cultura andina, luego elijo las lanas y los colores y empiezo a bordar".
La artista tiene marca registrada, y ya realizó el "X Desfile de ropa artesanal de Laura Cruz". Trabaja con telas de lana de oveja y de llama, barracán, hilos de algodón rústico y fino hechos en el valle, pero también usa lienzo y gasas. "Me gusta mezclar texturas", aclara. Las más de 15.000 prendas que hizo y que están dando vuelta el mundo -entre ellas un traje de novia que compró una holandesa- son únicas, aunque al verlas reflejan el sello inconfundible de su creadora.
Hace nueve años, el santafesino Claudio Gómez, de 45 años, se enamoró de Cafayate y decidió echar sus raíces en esa ciudad salteña. En "La Banda de Arriba", una zona rural de fincas muy pequeñas, ubicada a 18 cuadras del centro cafayateño, erigió su casa e instaló su taller. "En mis obras recreo la cultura antigua, especialmente la platería criolla. Aprendí el oficio del conocido orfebre porteño -ya fallecido- Edgar Michaelsen, y fui perfeccionando la técnica observando, mirando trabajar a los demás", expresó. Junto a su mujer, Mariana Araujo, y a los cafayateños Carolina Renfinjes, Efraín Díaz y Fabiana Bais diseña y realiza bijouterie, mates, hebillas para cinturones, bombillas, bandejas, portarretratos y un sinfín de objetos que luego coloca en el mercado local y en otros negocios de Buenos Aires y del sur del país. También hace trabajos personales, por encargo.
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