Carlos Duguech
Analista internacional
El señor Damocles tiene repartidas sus espadas en distintos y muy variados escenarios. Uno de ellos, el recoleto ámbito del Consejo de Seguridad de la ONU. Claro que los espadachines en este espacio son sólo cinco, los que calientan sus asientos permanentes desde 1945. ¡Ayer nomás! Y cada uno de ellos puede blandir su espada en el aire o bajarla hasta el condenado.
Esos cinco, con abono sin vencimiento de un palco avant scene de la más internacional y abarcadora organización internacional, son los que definirán, con su silencio o con su “veto” (¡esa espada!), la suerte de los tres candidatos -hasta ahora mejor posicionados- a ocupar el sillón exclusivo de la Secretaría General de Naciones Unidas, a partir del primer día de 2027, fenecido por entonces el mandato que ejerce, en su tramo final, el portugués Antonio Guterres. Hay que decirlo ya mismo: un secretario general que no se lució por sus acciones. Sí, se mostró por sus omisiones en variadas circunstancias que lo obligaban. Se evidenció diluido por sus imprecisiones y por el abandono del eje de su gestión en la ONU. En rueda de vecinos, alambrado de por medio, se diría casi “ni fu ni fa”.
Filtros y filtros
El propio Rafael Grossi se mostró claro y preciso en una entrevista del martes último en Nueva York, a poco de haber expuesto en el Consejo de Seguridad (CS) sobre su propuesta para la ONU desde el sitial de secretario general al que aspira. Y no se guarda nada en su crítica a la gestión de ONU al enfatizar que “es necesario un cambio de dirección, importante y con un liderazgo mucho más proactivo”. Es tanta la complejidad del denso protocolo de selección de precandidatos y definición del elegido para ocupar la Secretaría General de ONU, que asombra. Filtros y filtros que deben traspasar los aspirantes en cada entrevista que se prevé en el sistema. La última, que fue la segunda que debieron afrontar los participantes, le demandó tres horas de exposición y, a la vez, a dar respuesta a preguntas de los miembros del CS. ¿Cuántas preguntas se le pueden hacer a un concursante a semejante cargo internacional para evaluarlo? Si la respuesta es, concretamente, “49 preguntas”, estamos frente a un tribunal examinador de extrema rigurosidad, y sobredimensionado para el caso. Y no se excluye que se lo pueda calificar de “cruel”.
Por ello es que el diplomático Rafael Grossi, por haber transitado ese “filtro examinador” con la holgura que su experiencia y capacidad de diplomático especialista como ninguno en cuestiones nucleares en tiempos de guerra (Rusia vs. Ucrania), pudo ubicarse entre los tres postulantes mejor posicionados para el cargo. Digámoslo más familiarmente: conociendo a Rafael Grossi se lo está valorando, además, por sus acciones y comportamiento frente a situaciones de máximo peligro generada por los riesgos de bombardeos cercanos a la central nuclear de Zaporiyia (Ucrania). Un complejo integrado por sus seis reactores que la convierten en la central nuclear más grande de Europa. Claro que eso es de una relevancia de peso en un mundo en el que, pese a tratados como el de “Prohibición de las armas nucleares” (TPAN) aprobado por la ONU en 2017 que empezó a regir el 22 de enero de 2021 (y que Argentina ni firmó siquiera en origen). Casi como si integrara el conjunto de los nueve países poseedores de armas nucleares que no sólo no firmaron el tratado sino que, abiertamente, lo boicotearon desde los orígenes con el propósito de que no se concretara. Y, sobremanera, porque es un tratado jurídicamente vinculante con los que lo ratifican. Un tratado que en los postulados que se concretan en sus partes es de una entidad abiertamente consagrada a esa ansiada utopía: la eliminación de todos los arsenales de semejante engendro bélico.
Riesgo de veto
Será a mediados de septiembre que se perfilarán de modo más acotado sus capacidades para obtener los necesarios nueve votos del CS y estar libre del “veto” de cualquiera de los cinco privilegiados miembros permanentes. Imaginamos que dadas las actuales vinculaciones de los hechos bélicos de toda laya entre unos y otros pudiera resultar que siendo Argentina tan adherida a las gestiones belicosas de los EE.UU. e Israel pudiera generar un veto de China o de Rusia, por ejemplo, echando abajo las expectativas del diplomático argentino. Lo mejor que le puede suceder a Grossi es que centre su pretensión en su formación y experiencia. Y que vuelva a esa expresión de sus primeros tiempos en esta carrera: “Yo no soy un candidato de derecha, soy un funcionario internacional”. Y, además, cuanto más se despegue del mileísmo, mejor.
“30/40 asesinatos diarios”. Imaginamos, que con el gobierno de Israel ocurriría lo mismo. Por esas tantas veces que sucedieron desplazamientos de altos funcionarios de gobierno de países donde impera el sistema democrático, frente a expresiones de un ministro o alto funcionario que dijese –muy suelto de lengua- algo como la reciente consigna del ministro de seguridad de Israel, Itamar Ben-Gvir. Proponer abiertamente la necesidad de que Israel “mate 30 o 40 palestinos de Gaza cada noche” es de una monstruosidad sorprendente y que lo repitiese en cuanto medio a disposición lo que el mismo The Jerusalém Post muestra en su versión en español debería ser suficiente para darle de baja del sistema de gobierno, Pero no. Ese ministro sigue en su cargo, lo que revela la debilidad del gobierno, así sea que haya criticado sus propuestas aberrantes. Cuesta creer, pero el diario israelí tituló la información así: “Israel debería matar entre 30 y 40 gazatíes cada noche, afirma Ben Gvir en el podcast del ex rehén”. No es mera ocurrencia advertir que en sus dichos no expresa “cada día” sino “cada noche”. Y en el cuerpo de la información el medio menciona la propuesta ministerial: que Israel debería realizar ataques selectivos en Gaza para abatir entre 30 y 40 personas cada noche, afirmando que hay personas allí que “no merecen vivir”. Transcripción del diario israelí, textual. Medio que además da cuenta de que “la controversia escaló cuando su oficina difundió imágenes de la construcción de un área con horcas destinada a la ejecución de prisioneros por terrorismo dentro de un penal de máxima seguridad”. En la UE (Unión Europea) se advirtió que la aprobación de la ley de Israel que consagra la “pena de muerte por ahorcamiento y bajo secreto” (dictada en marzo de este año) por actos de terrorismo debería suspenderse. Amnistía Internacional y la ONU, entre otros sectores, exigen la derogación porque “consolida un régimen judicial discriminatorio y viola los tratados internacionales sobre el derecho a la vida.
Desde distintos sectores de la diáspora, pero no de todos los que se esperaba, surgen críticas a la propuesta del ministro de seguridad israelí. ¿Qué significa, entonces, que este integrante del gobierno de Israel continúe en su sitial de ministro de defensa como si nada? ¿Tendrá, en lo interno de la cúpula gobernante, tanto poder como para permanecer pese a sus actitudes públicas tan indescriptibles por lo aberrantes?
Cuestionamientos
Cerramos esta columna con una aseveración que se nutre de los hechos acaecidos entre Israel y Gaza y de los “mensajes” que se dispersan en el mundo a través del lenguaje, y de los hechos y actitudes del poder oficial israelí: la creciente marea de cuestionamientos a la política del gobierno israelí de los últimos años son el almácigo desde donde germinan y crecen las críticas. Que son lógicos y naturales análisis que, espontáneamente, se hacen del proceder oficial del gobierno de Israel. No más que eso. Ni menos, por supuesto.










