Trabaja en una finca perdida en el monte santiagueño y usa energía solar para poder ver el Mundial
Juan Carlos Moya vive en Las Puertas, un paraje donde quedan apenas tres familias. Sin electricidad de red, sin agua potable y con caminos que se vuelven intransitables cuando llueve, sigue los partidos junto a su hijo y recuerda cómo vio México 86 en un televisor a batería.
Resumen para apurados
- Juan Carlos Moya usa paneles solares para ver a Argentina en el Mundial desde Las Puertas, Santiago del Estero, debido a la falta de red eléctrica en su aislado paraje.
- En un paraje reducido a tres familias por el despoblamiento, los habitantes pasaron de usar televisores a batería en 1986 a instalar paneles solares para tener electricidad.
- Este caso visibiliza el aislamiento y la falta de servicios básicos en el norte argentino, donde la pasión por el fútbol moviliza a comunidades marginadas del desarrollo.
La bandera argentina flamea apenas unos metros detrás del cartel que anuncia la llegada a Las Puertas. No hay plaza, ni semáforos, ni comercios. Apenas un puñado de casas desperdigadas entre algarrobos blancos y tuscas. Allí, donde viven solamente tres familias, Juan Carlos Moya decidió que la insignia celeste y blanca fuera la primera imagen que recibiera a cualquiera que llegue al paraje. En tiempos de Mundial, ese pequeño gesto alcanza para recordar que, incluso en los rincones más alejados del país, la Selección se vive como una verdadera fecha patria.
Moya nació en Las Puertas, un pequeño paraje del departamento Pellegrini, en Santiago del Estero, pero hace 13 años que está instalado de manera definitiva en la zona. Su casa es sencilla. Tiene paneles solares instalados recientemente para generar algo de electricidad, las puertas y las ventanas permanecen abiertas durante gran parte del día y, alrededor, las únicas que rompen el silencio son algunas gallinas que caminan libremente por el patio.
Pero su rutina no transcurre allí. Cada mañana recorre poco más de un kilómetro hasta el "establecimiento La Curucucha", una finca dedicada a la cría de ganado donde trabaja junto con su hijo. Una tranquera blanca marca el ingreso al campo. Allí pasa gran parte de sus días y también allí, aprovechando la energía disponible, ve los partidos del Mundial.
"No hace mucho que instalamos el panel solar con el que tira 220 voltios. Lo veo con mi familia y por ahí también vienen amigos", cuenta mientras acomoda algunas herramientas del galpón.
La electricidad sigue siendo un lujo en la zona. Los paneles solares comenzaron a reemplazar a los antiguos mecheros y lámparas, aunque todavía la mayoría de los equipos funcionan con sistemas de apenas 12 voltios, suficientes para prender algunos focos y poco más. "Las pantallas permitieron que la gente ya no use lámparas ni mecheros, que eran muy comunes antes. Solamente que tienen 12 voltios, que solo sirven para mover los focos y muy pocas cosas", explica.
Quienes quieren mirar los partidos suelen recurrir a otra alternativa: los grupos electrógenos. "También hay gente que tiene grupos electrógenos. También en la escuela de El Cambiado se reúnen para ver los partidos", relata.
La escena no es nueva para él. Los recuerdos del Mundial de México 1986 siguen intactos. "Me acuerdo que en el 86 nos reuníamos en El Cambiado para ver los partidos. Había una televisión a baterías ahí y todos íbamos a ver todo eso. Fue una gran emoción ese Mundial", recuerda.
Cuatro décadas después, aunque la tecnología cambió, el espíritu continúa siendo el mismo. Incluso durante Qatar 2022 volvió a repetirse la historia. "Al Mundial de 2022 vi algunos partidos en El Cambiado, pero ya había más gente que tenía tele por acá. En ese momento, había mucha más gente que ahora, y muchos se fueron”, dice.
Ese detalle resume otra transformación silenciosa que atraviesa al norte santiagueño: el despoblamiento. "Solamente quedaron parajes. Mucha gente ya se decidió ir de la zona porque buscan trabajo u otras oportunidades. Otros ya se murieron”, cuenta.
Las Puertas es apenas un ejemplo de una realidad que se repite en buena parte del departamento Pellegrini. Las distancias, la falta de servicios y las escasas oportunidades laborales empujaron durante años a muchas familias hacia pueblos más grandes o ciudades.
Hoy, además de trabajar como encargado de campo, muchos habitantes de la región encuentran empleo en la colonia menonita ubicada más allá de Las Delicias.
Las dificultades cotidianas aparecen en cada aspecto de la vida. La agricultura prácticamente dejó de ser una opción. Según Moya, la combinación entre el salitre del suelo, las prolongadas sequías y el calor vuelve muy difícil producir. Hace algunos años intentaron sembrar soja, pero la experiencia terminó en pérdidas por la inestabilidad climática. Solo algunos productores pudieron aprovechar las abundantes lluvias del último verano para volver a apostar por algunos cultivos.
El agua tampoco llega por una red. En La Curucucha y en la mayoría de las viviendas instalaron canaletas y grandes aljibes para recolectar el agua de lluvia y almacenarla durante meses. Es la principal fuente para cocinar, higienizarse y consumir.
La falta de infraestructura también condiciona las urgencias. El pavimento de la ruta provincial 204 termina al llegar a El Bobadal. Después aparecen varios kilómetros de ripio y tierra. Cuando llueve, salir del paraje puede convertirse en una misión imposible.
La única atención sanitaria cercana es una posta de primeros auxilios ubicada en El Cambiado, a unos dos kilómetros. Para cualquier situación más compleja, el viaje hasta un centro de salud de El Bobadal demanda mucho tiempo. "Lo principal es que debe mejorar la ruta porque hay una llovizna y no se puede salir ni nada. Ni que hablar si se enferma alguien porque es todo un problema", cuenta.
Mientras tanto, la vida sigue su curso. En la previa de la final del Mundial frente a España, sus hijas habían llegado para visitarlo. El plan era sencillo: aprovechar el sol del invierno santiagueño, preparar un cabrito y reunirse en familia para ver a la Selección. Moya, sin embargo, no ocultaba su preocupación. "Creo que vamos a sufrir mucho hoy con España", dice.
"Casi todo el mundo, en épocas del Mundial, siempre se ponen banderas. Nosotros no festejamos tanto porque no hay tanta gente, pero si vas para Las Delicias o para El Bobadal", cuenta.
No hace falta que termine la frase. Porque en Las Puertas viven apenas tres familias. Sin electricidad de red, sin agua potable y con caminos que desaparecen bajo la lluvia. Pero cuando juega Argentina, el monte también se detiene. Y aunque el país parezca quedar muy lejos, durante noventa minutos el Mundial consigue que ese pequeño rincón santiagueño se sienta exactamente en el centro de la escena.







