Cumplió su promesa: Enzo Pérez y la revolución en su regreso a Deportivo Maipú

24 años después, el mediocampista dos veces mundialista cumplió su palabra de retirarse en el club que lo vio nacer. El liderazgo en la cancha, el desvelo de los chicos por una foto y la ovación unánime de un estadio que lo recibió con orgullo.

JERARQUÍA. Aunque llegó hace pocos días al club, Enzo Pérez terminó siendo titular y no desentonó.
JERARQUÍA. Aunque llegó hace pocos días al club, Enzo Pérez terminó siendo titular y no desentonó. MARCELO RUIZ / ESPECIAL PARA LA GACETA
Por Gonzalo Vera Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • El futbolista Enzo Pérez debutó en su regreso a Deportivo Maipú en Mendoza, cumpliendo su histórica promesa de volver a retirarse en el club donde inició su carrera.
  • Tras debutar allí en 2002, Pérez forjó una carrera internacional de élite con dos mundiales, antes de concretar su esperado retorno al club mendocino como capitán y titular.
  • La vuelta del ídolo revoluciona al fútbol local y sirve de inspiración para las divisiones juveniles, reforzando la identidad y el sentido de pertenencia de la comunidad.
Resumen generado con IA

Casi sobre la línea del lateral, Enzo Pérez se mueve de un lado a otro en el calentamiento previo junto a sus compañeros. Apenas lo separa un metro del alambrado olímpico. Detrás de la tela, una aglomeración de chicos abren bien grandes los ojos con un solo deseo: ver de cerca al ídolo, registrar cada movimiento del histórico número ocho que vuelve a su hogar.

Hubo un día en que Enzo fue exactamente como ellos. Tenía apenas 11 años cuando, en 1997, cruzó por primera vez la puerta del Deportivo Maipú con un bolso lleno de ilusiones. Las canchas mendocinas vieron crecer a la promesa que unos años más tarde, el ocho de septiembre de 2002 y con solo 16 años, haría su debut oficial en la primera división de la Liga Mendocina de Fútbol frente al Deportivo Guaymallén. Aquel paso inicial por el primer equipo del “Cruzado” sería breve pero imborrable: disputó 10 partidos y marcó dos goles antes de ser transferido en 2003 a Godoy Cruz, la plataforma desde donde daría el salto definitivo hacia el profesionalismo.

Toda esa historia se hizo carne en la tribuna del Omar Higinio Sperdutti. Lucas Rosales, un niño de 10 años que no despega la vista del campo de juego, expresa la sensación que comparte con sus amigos: “Tenerlo en el club es una locura”. Con su padre al costado, Lucas se confiesa: “Vamos a quedarnos por aquí, para ver si nos podemos sacar una foto cuando termine”.

Minutos después, la pelota ya rueda y la intensidad de la Primera Nacional se hace sentir. Mientras Enzo pelea cada pelota en la mitad de la cancha, mete la pierna y raspa contra los jugadores “santos”, en uno de los sectores del estadio se hace notar una hinchada muy especial. Son los chicos de las divisiones infantiles del “Cruzado”, invitados especialmente para esta ocasión histórica.

Inspiración para todos

Para los pibes y para cada uno de los integrantes del club, la presencia de Pérez en el césped es una inyección de orgullo. Sentir que alguien salido de esos mismos escalones llegó tan lejos genera una identificación inmediata. Su vuelta no es solo un refuerzo de jerarquía; es una motivación, una prueba de que el sueño es posible. Así lo entiende Nicolás Galdeano, dirigente de la institución y amigo personal de Enzo, quien destaca el valor de este reencuentro: “Para nosotros es muy importante: un jugador de tanto nombre, de tanta trayectoria y, bueno, que es un orgullo más que nada para los maipucinos el hecho de que vuelva a sus orígenes. Verlo a él hoy entrar a la cancha por ahí motiva y ayuda a los pibes que juegan hoy en Maipú, los hace ver que pueden llegar a lograr lo que él logró, está muy bueno eso”.

En la cancha, el ritmo no da tregua. Enzo asume el liderazgo, luce la cinta de capitán, ordena el medio, corta, corre y raspa cuando el partido lo pide, hasta que a los 23 minutos del segundo tiempo llega el momento del descanso. El cartel luminoso marca su salida y el Sperdutti entero le regala una ovación unánime. Pero el aplauso que baja desde los cuatro costados no tiene que ver solo con su jerarquía. La memoria del hincha “cruzado” guarda intacta cada declaración: Enzo siempre repitió, a lo largo de su exitosa carrera, que su deseo más profundo era retirarse aquí.

Maipú, Mendoza y el mundo

Pero la revolución no es propiedad exclusiva de los más chicos; el contagio es total y atraviesa a todas las generaciones que coparon el Sperdutti. En plena época mundialista, con la ansiedad de la gran final que se jugará este domingo, el estadio se transformó por momentos en uno de los lujosos recintos estadounidenses. Desde las populares bajó con fuerza varias veces el clásico “el que no salta es un inglés”, mientras que las trompetas de la hinchada se tomaron un momento para tocar las estrofas del himno nacional. En ese clima de efervescencia celeste y blanca, nadie en la tribuna olvida que el tipo que hoy se viste de rojo, blanco y negro en el mediocampo supo ser el representante de Maipú en la selección argentina.

Ese lazo entre el barrio y la historia grande del fútbol nacional aparecía en cada rincón en la previa con los hinchas. Alejandra Macome, mientras se dirigía hacia la entrada de plateas describió el sentir de casi todos: “Lo estábamos esperando, siempre quisimos verlo con esta camiseta. Es un ídolo; cuando lo veía en los mundiales me emocionaba y ahora igual”.

A unos metros, Alberto Ríos, un hincha de los más veteranos, señala que la alegría no es solo para la institución “cruzada”: “Es un orgullo para todo Mendoza, no solo para nosotros. Ahora que todos en el país estamos pensando en el partido de España, hay que recordar que él también jugó una final del mundo en el 2014, pero salió de aquí, de esta cancha y de la Liga Mendocina”.

Cuando el árbitro señala el final, el pequeño Lucas ya está corriendo hacia el túnel. No le importa el resultado. Solo quiere esa foto. 29 años después de cruzar por primera vez esa puerta, Enzo Pérez volvió a ser, como tanto soñó, el número ocho del Deportivo Maipú.

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