"Si salimos campeones...": las promesas más curiosas que dejaron los tucumanos tras la clasificación a la final

La Plaza Independencia volvió a ser el epicentro de la celebración. Entre cábalas y emoción, los hinchas contaron qué harán si Argentina levanta otra Copa del Mundo.

ILUSIÓN. Con la camiseta celeste y blanca flameando al viento, un hincha se dirige a la Plaza Independencia entre una multitud que celebra.
ILUSIÓN. Con la camiseta celeste y blanca flameando al viento, un hincha se dirige a la Plaza Independencia entre una multitud que celebra. Foto de Diego Araoz/LA GACETA.

Resumen para apurados

  • Hinchas tucumanos celebraron en la Plaza Independencia la clasificación a la final del Mundial tras vencer 2-1 a Inglaterra, compartiendo sus promesas si logran el campeonato.
  • Los festejos en Tucumán revivieron cábalas de torneos anteriores. Los hinchas revelaron promesas que van desde tatuajes de Messi y las Malvinas hasta drásticos cambios de look.
  • La expectativa ante una nueva final mundialista moviliza la fe colectiva de los hinchas, quienes esperan el partido definitivo para cumplir promesas que marcarán sus vidas.
Resumen generado con IA

La ilusión ya no entra en una plaza. Se desborda por las calles, se cuelga de los hombros, se transforma en camiseta, bandera, canción y abrazo. Después del triunfo por 2 a 1 sobre Inglaterra en la semifinal del Mundial, la Plaza Independencia volvió a convertirse en el punto de encuentro de miles de tucumanos que necesitaban compartir una alegría que, por estas horas, parece imposible guardar puertas adentro. Argentina está otra vez en una final y, entre los festejos, también comenzaron a multiplicarse las promesas.

Hay banderas de Diego Armando Maradona y de Lionel Messi. Hay camisetas nuevas y otras que parecen haber atravesado varias generaciones. El número “10” se repite una y otra vez, en las espaldas, en las telas y en los carteles improvisados. También hay nieve artificial, abrazos entre desconocidos, saltos, cantos y música que retumba desde los parlantes. En medio de la multitud, una bandera gigante de Argentina se abre paso y cubre por momentos las cabezas de quienes llegaron hasta el corazón de la capital para celebrar.

La Plaza Independencia parece dar su propia vuelta olímpica. La gente gira, salta, canta y se mueve detrás de las banderas. Algunos levantan los brazos, otros graban con sus teléfonos y muchos simplemente se abrazan. La victoria frente a Inglaterra todavía está fresca, pero la mirada ya apunta inevitablemente hacia lo que se viene. Falta un partido. Apenas uno. Y, cuando la posibilidad de volver a ser campeón del mundo aparece tan cerca, también surgen las cábalas, las promesas y esas pequeñas locuras que cada hincha está dispuesto a cumplir.

Para siempre en la piel

Cada persona guarda una historia diferente. Algunas promesas nacieron antes del Mundial; otras aparecieron con el paso de los partidos. Están quienes piensan en tatuajes, quienes se animarían a cambiarse completamente el pelo y quienes sólo quieren volver a abrazar a la misma persona con la que celebraron la tercera estrella. Porque, detrás de la multitud, cada camiseta esconde una manera particular de vivir a la Selección.

Julián Barrientos, por ejemplo, tiene una promesa sencilla, pero cargada de significado. Su recuerdo inevitablemente vuelve al Mundial de Qatar y a la persona con la que compartió aquella alegría.

“En el Mundial pasado tenía como cábala verlo con mi hermana. Si Argentina vuelve a salir campeón, quiero repetir ese abrazo eterno. Nada más”, contó mientras a su alrededor los festejos continuaban.

Otros están dispuestos a dejar una marca más visible. Lucas Benjamín ya imagina qué podría hacer si Argentina consigue el bicampeonato. Su promesa mezcla humor y una decisión que, al menos por ahora, parece firme.

“Si salimos campeones, me hago el corte de pelo más feo que se me pueda ocurrir”, aseguró.

A su lado, Santiago Lagoria tiene otra idea. En su caso, la celebración podría quedar grabada para siempre en la piel. “Me haría un tatuaje que tenga que ver con los campeones del mundo”, explicó. Incluso ya pensó en el lugar: sería en el lado derecho de su cuerpo.

Las promesas aparecen casi espontáneamente. Julieta Mazzuco tampoco había pensado inicialmente en hacer alguna, pero ante la posibilidad de una nueva consagración encontró rápidamente una respuesta: “Podría tatuarme las Islas Malvinas”. No importa todavía el diseño ni el tamaño. La decisión, como tantas otras en la plaza, depende de un último partido.

Benjamín Aguilar, en cambio, no piensa en tatuajes ni en cambios de apariencia. Su promesa tiene que ver con la celebración misma. “Quiero que seamos felices y que lloremos de alegría. Si Argentina sale campeón, saldría a alentar a todos. Agarraría lo que tenga y me iría a festejar”, expresó.

Ya tiene diseño

Sin embargo, entre todas las historias, hay una promesa que ya tiene diseño, lugar y protagonista. Santiago Aramayo, de 23 años, decidió desde antes del comienzo del Mundial qué hará si la Selección consigue una nueva estrella: se tatuará la espalda.

“Quiero tatuarme a Messi con la Copa. Y, si pasa lo que todos queremos, sería Messi con las dos copas”, explicó. El diseño será en blanco y negro y ocupará buena parte de su espalda. La promesa nació temprano, incluso antes de que comenzara oficialmente el torneo. “Lo decidí desde el primer amistoso previo al Mundial. Tenía demasiada confianza”, recordó.

Esa confianza, sin embargo, también convivió con el sufrimiento. Santiago desarrolló una particular cábala durante los partidos más difíciles. Cuando los minutos finales se volvían insoportables, directamente dejaba de mirar.

“Lo sufrí desde el primer minuto. Hubo momentos en los que no podía ver los partidos. En los últimos tres, cuando faltaban 20 o 15 minutos, directamente dejaba de mirar. Y justo en esos momentos llegaban los goles de Argentina. Entonces lo tomé como una cábala”, relató.

El tatuaje sería el primero que finalmente se haría, aunque admite que todavía existe un obstáculo: el dolor. “Ese es otro tema. Le tengo miedo a las agujas”, reconoció entre risas. Pero una nueva Copa del Mundo podría ser suficiente para vencerlo.

Mientras las historias se multiplican, la Plaza Independencia continúa latiendo. La bandera gigante vuelve a elevarse. Los parlantes siguen sonando. La nieve artificial vuela sobre las cabezas y el “dale campeón” aparece como un deseo anticipado, casi como una manera de empujar a la Selección hacia el último partido.

Argentina todavía no es bicampeona. Falta una final y nadie lo olvida. Pero la ilusión ya ocupa cada rincón de la plaza. Algunos prometen tatuarse, otros cambiarse el pelo y otros repetir un abrazo que todavía conservan en la memoria. Cada uno tiene su propia manera de negociar con el destino.

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