Resumen para apurados
- El DT Lionel Scaloni enfrenta un dilema para armar el equipo en EE.UU. durante el Mundial, ya que recuperó a sus lesionados y cuenta con múltiples variantes de primer nivel.
- Tras llegar al torneo con varios jugadores con molestias físicas, el gran rendimiento de los reemplazos y la recuperación de figuras clave generaron un grato problema al DT.
- La profundidad del plantel argentino es clave para afrontar un Mundial más largo y de alta exigencia física, asegurando recambio de calidad para buscar el título.
La frase parece sencilla, pero encierra una de las mayores fortalezas que construyó la selección argentina en los últimos años. Lionel Scaloni tiene problemas, demasiados problemas. Pero son de los que cualquier entrenador del mundo desearía tener.
Porque mientras la pelota empieza a rodar sobre el impecable césped del campo principal del Compass Minerals Center y el Mundial avanza a toda velocidad, en Kansas City el cuerpo técnico se enfrenta a un dilema que hace algunos meses parecía impensado: elegir.
Cuando el plantel aterrizó en Estados Unidos, la preocupación era otra. Había muchos futbolistas entre algodones, jugadores que llegaban con molestias físicas y varias incógnitas. Cristian Romero venía acelerando su recuperación de una lesión ligamentaria en la rodilla, Nahuel Molina no estaba al 100%, Gonzalo Montiel también llegaba con molestias musculares, Leandro Paredes había tenido inconvenientes físicos, Lionel Messi debió administrar cargas durante la preparación y Nicolás Tagliafico tuvo un problema muscular durante los partidos preparatorios.
Por eso, las primeras horas en Kansas estuvieron más ligadas a la recuperación que al aspecto futbolístico. Había que esperar, ver cómo evolucionaban y no apurar a nadie. Improvisar si era necesario, era la idea que corría por la cabeza de Scaloni y de su staff técnico.
Pero los días pasaron y el panorama cambió. Facundo Medina respondió con una actuación sólida frente a Argelia y eso le permitió al cuerpo técnico no acelerar el regreso de Tagliafico. De hecho, el DT planea sostenerlo en el “11” titular de cara al duelo contra Austria en Dallas, y así darle más descanso al ex Banfield e Independiente. Thiago Almada cumplió en su debut, pero Scaloni sabe que Austria no es lo mismo que Argelia y por eso apostaría a reforar el mediocampo, lo que obligaría a prescindir de Almada. Y adelante, aparece una vez más la vieja discusión: Julián Álvarez o Lautaro Martínez. La única mala noticia por estas horas es la lesión que sufrió Montiel (una sobrecarga muscular) que lo bajó automáticamente del duelo contra los austríacos.
Sin embargo, más allá de eso, la paradoja es hermosa. Hace apenas unas semanas la pregunta era quién estaba en condiciones de jugar, mientras que hoy eso parece haber cambiado, y la pregunta que se hace Scaloni es quién merece salir. Y eso da la muestra de la profundidad que consiguió construir Scaloni.
Porque desde que asumió, el entrenador jamás se enamoró de los nombres. Por el contrario, se enamoró de las respuestas. Nunca hubo titulares eternos ni suplentes condenados. Hubo rendimientos, momentos y futbolistas preparados para esperar. Por eso Julián fue campeón del mundo entrando desde el banco y Martínez terminó siendo decisivo en la Copa América. Por eso Montiel pasó de suplente a héroe en Qatar y por eso también Medina pudo aparecer cuando las circunstancias lo exigieron.
Quizás ahí radique una de las mayores virtudes de este ciclo. Argentina dejó de depender de 11 nombres y, en cambio, construyó un plantel.
Justamente eso, en un Mundial que será más largo que todos los anteriores, puede resultar tan importante como tener a Messi. Porque el calendario no da respiro. Después de Austria vendrá Jordania y después comenzarán los cruces mano a mano. Habrá viajes, desgaste, calor y partidos cada pocos días. Por ese motivo es inviable que un equipo puede llegar al octavo encuentro apoyándose solamente en un equipo titular.
Mientras desde afuera muchos se desesperan por saber quién jugará este lunes en Dallas, en Kansas City el debate se vive de otra manera. Nadie discute si Julián puede reemplazar a Lautaro o qué modificaciones debería realizar el entrenador. La sensación es exactamente la contraria. Todos saben que cualquiera de ellos puede jugar; y quizás ése sea el mayor triunfo de Scaloni.
Hace algunos años, cuando aparecía una lesión o una ausencia, la Selección debía improvisar. Hoy, en cambio, el problema que tiene el entrenador es otro. Hoy se trata de un “lindo problema”: elegir entre jugadores que demostraron que pueden estar a la altura de lo que el Scaloni y el equipo necesitan.








