Resumen para apurados
- El bar tucumano Los Hornos pausó sus pedidos el domingo en Kansas City por la masiva afluencia de hinchas argentinos previa al debut de la Selección frente a Argelia.
- Fundado hace cuatro años por una familia tucumana que emigró buscando seguridad, el local ofrece comida típica argentina sin adaptar sus recetas tradicionales al paladar local.
- El éxito del evento consolida al local como un centro de encuentro cultural y demuestra el potencial de la gastronomía argentina para unir a la comunidad en el extranjero.
—¿Nada?
—No, nada. Por ahora no estamos recibiendo pedidos.
La respuesta cayó como un balde de agua fría para un grupo de argentinos que acababa de entrar a Los Hornos Kansas City cerca de las ocho de la noche. Hacía treinta minutos que la cocina había decidido poner en pausa la recepción de nuevos pedidos para intentar alcanzar la demanda acumulada. No faltaban empanadas, choripanes o sánguches de milanesa: había demasiada gente pidiendo al mismo tiempo. Adentro, las cuatro mozas intentaban atender a las mesas repletas de clientes. Afuera, los bombos celestes y blancos no paraban de sonar.
Mientras la cocina intentaba ponerse al día, cientos de argentinos agitaban banderas, cantaban y saltaban al ritmo de los redoblantes como si el partido frente a Argelia, que la Selección disputará el martes en esa ciudad norteamericana, ya hubiera comenzado. Durante algunas horas de este domingo, Los Hornos dejó de ser un restaurante para convertirse en una especie de estadio improvisado en el corazón de Estados Unidos.
Una familia tucumana en Missouri
Detrás del negocio están Pablo de la Vega (60) y Eulogia Juez Pérez (57), quienes construyeron durante cuatro décadas su historia gastronómica en Tucumán. Junto a ellos crecieron sus hijos Isolina de la Vega (33), Pablo de la Vega (30) y Evaristo de la Vega (27).
Fue Isolina quien, junto a su esposo Darío Jerez Leavy, decidió apostar por Kansas City para expandir el emprendimiento familiar. "Nuestros hijos eligieron la gastronomía a pesar nuestro", cuenta a LA GACETA entre risas Eulogia.
La historia tiene una raíz familiar más profunda. Hermidio, hermano menor de Eulogia, había llegado a Estados Unidos en 2004. "Vine por un intercambio cultural, me quedé a estudiar en la universidad y después formé mi familia acá. Es un lugar tranquilo, pero tiene todas las comodidades. Acá vive un americano amistoso. Me sentí en casa", relata.
Con el tiempo, Hermidio comenzó a animar a otros integrantes de la familia a probar suerte en Kansas City. "Queríamos expandir Los Hornos. Analizamos ciudades más grandes como Miami o Chicago, donde la comunidad argentina es mucho más numerosa. Pero nos decidimos por Kansas City porque es tranquila y porque la gente nos recibió muy bien. Eso era lo que buscábamos", explica Darío.
La decisión implicó dejar atrás Tucumán. "Siempre se extraña. Pero una de las razones por las que nos fuimos fue la inestabilidad económica y la inseguridad. Andábamos todo el día en la calle y decidimos buscar otras opciones para vivir con menos miedo", agrega.
Empanadas tucumanas a 5,50 dólares
Lejos de adaptar la propuesta gastronómica al paladar estadounidense, la familia optó por mantener su identidad. "Acá ofrecemos comida totalmente argentina. Nada americanizado. Al principio costó con la gente que vive en Estados Unidos, pero ahora les gusta. Vienen por las milanesas, el choripán, el sánguche de milanesa y, obviamente, las empanadas", afirma Eulogia.
Las empanadas tucumanas se venden a USD 5,50, mientras que las variedades de pollo, jamón y queso o choclo cuestan USD 4,70. El sánguche de milanesa vale USD 15 y el choripán USD 12. También hay milanesas con guarnición por USD 18 y versiones napolitanas por USD 23.
Fuera del bar, en un patio con pantalla gigante para ver partidos, una parrilla exhibe costillares cocinándose lentamente sobre las brasas. La imagen remite más a una reunión familiar en el norte argentino que a una ciudad estadounidense ubicada a 7.939 kilómetros de distancia.
Sobre las paredes del salón cuelgan mapas de las provincias argentinas, banderas celestes y blancas y estadounidenses y hasta mates con yerba. Se venden, además, productos como dulce de leche y medialunas. Entre las mesas circula un robot autónomo que transporta bandejas desde la cocina hasta el salón. Luego son las mozas quienes distribuyen cada plato.
"Nunca imaginamos algo así"
El Mundial terminó multiplicando una historia que ya venía creciendo. "Esto empezó de a poquito, muy chiquito, con éxitos y fracasos. Nunca imaginamos que iba a pasar algo así", reconoce Eulogia mientras observa el movimiento incesante del local.
Darío no puede ocultar su emoción. "Estamos viviendo un día increíble. Soñado. Después de muchos meses de trabajo, de sacrificio y de organización, poder representar a la Argentina y a Tucumán de esta manera nos hace muy felices", dice.
La jornada tuvo además un valor personal para la familia. Horas antes habían llegado desde Tucumán Eulogia, Pablo y Evaristo para acompañar el proyecto. "Es una emoción muy fuerte. Sentir a toda la familia unida acá, más allá del lugar geográfico, es algo muy especial", afirma.
Cuando los últimos cánticos comenzaron a apagarse y las banderas empezaron a guardarse, Los Hornos seguía lleno. El restaurante que nació como una apuesta incierta en una ciudad donde casi no había argentinos se transformó, al menos por una tarde, en el principal punto de encuentro de los hinchas albicelestes en Kansas City. Observando la escena, Eulogia ensaya una conclusión para el fenómeno: "Con esfuerzo, casi todo se puede".







