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Es muy probable que los argentinos hayamos llegado un poco más tarde a este despertar de la inteligencia artificial que vivimos hace unos años. Solo un poco, pero no por cuestiones técnicas o económicas, sino por algo más intrínseco y cultural. Llegamos tarde por culpa de la pasión.
Mientras ChatGPT aparecía y acumulaba miles de usuarios a fines de 2022, el Mundial de Qatar nos ilusionaba con la tercera copa y la primera para Messi. El asistente de OpenAI vio la luz un 30 de noviembre de ese año, el mismo día que Argentina definía su pasaje a la segunda fase del torneo, jugando contra Polonia. Ese día, Alexis Mac Allister y Julián Alvarez marcarían para despejar los temores y continuar el sueño mundialista.
El Mundial 2026 será el primer torneo marcado por una nueva tecnología que ya atravesó el deporte, la economía y hasta la política. Es la gran primera competencia del fútbol en la que ya no son ajenos términos como “modelos”, “aprendizaje automático”, “sesgos”, “alucinaciones”; conceptos que antes eran exclusivos del nicho informático. Ahora entendemos un poco más de lo que son capaces de hacer las computadoras que “aprenden”. Todo ocurrió de Mundial a Mundial, en menos de cuatro años vivimos en un mundo diferente.
¿Pero cómo puede marcar la presencia de una tecnología como la IA en un evento de estas características? ¿Puede transformar la manera en la que lo vivimos? Hay cosas que los algoritmos todavía no entienden mucho y son justamente las emociones, pero de lo que sí saben es sobre el procesamiento de datos. Y aquí quizás pueden aportar algo que nos divierte hacer y son las predicciones. ¿La IA ayudará a saber quién ganará el Mundial?
La predicción de resultados deportivos mediante tecnología se basa en la recopilación masiva y el procesamiento de extensos conjuntos de datos históricos, abarcando desde bases de datos con miles de partidos internacionales hasta el análisis del rendimiento reciente de las selecciones. Con toda esta información no se hace magia, ni futurología. Se intenta encontrar señales que definan mayores o menores probabilidades de éxito de cada conjunto deportivo. Y aquí no solo se suelen utilizar las nuevas IA que conocimos en los últimos años, sino más bien técnicas ya conocidas como algoritmos de aprendizaje automático para encontrar los patrones ocultos y ponderar la relevancia de cada variable. Estas técnicas matemáticas no buscan tampoco arrojar a un único ganador determinista, sino que crean una matriz de probabilidades que asigna un porcentaje exacto de chances a la victoria, el empate o la derrota al enfrentar las características de dos equipos.
Luego llega el momento de las simulaciones emplean estas probabilidades para ejecutar recreaciones computacionales masivas que pueden ir desde 100.000 hasta un millón de reproducciones virtuales del torneo completo. En esas pruebas se hacen cruces mediante la generación de números aleatorios dentro de las franjas de probabilidad calculadas. Luego, a través del gran volumen de repeticiones, la tecnología logra aislar los factores de suerte y obtener una “probabilidad empírica” robusta, con la enorme ventaja tecnológica de poder actualizar los datos en tiempo real a medida que se juegan nuevos partidos. Es decir, los resultados son dinámicos a medida que avanza el torneo, por lo tanto, un posible ganador de ahora, puede dejar de ser favorito en pocas semanas.
Las predicciones con inteligencia artificial para este Mundial
El Mundial 2026 atrajo la atención de prestigiosas instituciones científicas como el Instituto de Cálculo, dependiente del Conicet y la UBA; la Northeastern University, de Boston (EE.UU); y cuatro universidades europeas, entre ellas la TU Dortmund University (Alemania) y la Universidad de Innsbruck (Austria). En todas estas entidades se generaron modelos probabilísticos que intentaron proyectar quién será el dueño de la próxima copa. La mayoría de las proyecciones tecnológicas señalan a un grupo muy reñido de selecciones favoritas, entre las que destacan España, Inglaterra, Francia, Argentina, Brasil y Portugal. Las simulaciones masivas también arrojan probabilidades de cruces específicos, como el debut de Argentina frente a Argelia con casi un 57% de chances de victoria, e incluso proyectan el éxito de selecciones como Estados Unidos, que tiene un 78% de probabilidades de llegar a los dieciseisavos de final aprovechando su rol de anfitrión.
Lo verdaderamente novedoso de las técnicas aplicadas para este Mundial es la sofisticación multidimensional y el dinamismo en tiempo real de los modelos. A diferencia de métodos estadísticos anteriores, los sistemas de inteligencia artificial actuales (como Random Forest y LightGBM) integran variables externas que van mucho más allá de los goles, incluyendo el PBI per cápita del país, el valor de mercado actualizado de los jugadores y las cuotas de las casas de apuestas. A nivel táctico, la tecnología estrena el uso de mapas visuales de racimos de pases para descifrar la “coreografía” única y las oportunidades creadas por cada equipo. Pero lo más interesante de este momento es que estos sistemas dejaron de ser una foto previa al torneo: modelos como el del Instituto de Cálculo de la UBA recalculan todo en vivo, corriendo un millón de simulaciones de manera constante a medida que se dan los resultados para actualizar las probabilidades empíricas y medir al instante el peso de la localía o el impacto del rendimiento de los equipos.
Es decir, las predicciones son móviles, los números se van actualizando y están preparados para las sorpresas. Sin embargo, hay límites para las proyecciones y así lo indicó la semana pasada el físico tucumano Alberto Rojo en LA GACETA, quien advirtió que la probabilidad funciona bien para fenómenos repetibles, pero cada Mundial es un evento único. Aunque el modelo de Exactas UBA simuló el torneo un millón de veces y le da a Argentina un 10% de chances de ganar, Rojo sostuvo que ese dato es simplemente una señal de que los cuatro equipos favoritos son muy buenos y cualquiera puede ganar. Aun así, Rojo se animó a hacer sus propias apuestas y descartó que la final sea entre España e Inglaterra, como proyectan los modelos, e imaginó a Argentina en la final contra un equipo de menor favoritismo.
Por más avanzados que estemos en términos de algoritmos, el deporte tiene una alta cuota de imprevisible. La sorpresa está también jugando en la cancha y si bien un modelo matemático puede calcular un millón de veces el destino de la pelota, no puede prever el milímetro de genialidad de un enganche, el clima o la psicología de los jugadores para ese partido. Afortunadamente, la incertidumbre aún nos atrae, nos hace más humanos y, por ahora, nos permite escapar a la doctrina de los datos. Eso ya es un gol a favor.







