Resumen para apurados
- Expertos en salud advierten hoy que priorizar solo la calidad del alimento y descuidar el ritual de comer perjudica el proceso digestivo y la asimilación de nutrientes.
- Comer rápido frente a pantallas, con mala postura o bajo estrés impide que el cerebro reciba señales de saciedad y eleva el cortisol, afectando el tránsito intestinal.
- Considerar la comida un acto de autocuidado y atención plena se perfila como el hábito más económico y efectivo para mejorar la salud integral de la población en el futuro.
Alimentarse debe considerarse un arte. Va más allá de simplemente preparar un plato de comida. El ritual de sentarse a comer es tan vital, como los alimentos mismos, a los que se suele dar la mayor atención en uno de los procesos básicos de la vida.
La inversión de tiempo y dinero está destinada a seleccionar ingredientes orgánicos y aprender técnicas culinarias sofisticadas. Sin embargo, el contexto, casi no se tiene en cuenta. La forma en que nos sentamos, el tiempo que dedicamos y el entorno que nos rodea no son meros detalles de etiqueta, sino factores determinantes en cómo nuestro cuerpo procesa la energía del alimento.
El cuerpo humano no es una máquina de procesamiento instantáneo. “El estómago tarda unos 20 minutos en comunicar al cerebro que está lleno a través de toda una serie de señales hormonales", explica Leslie Heinberg, del Centro de Salud Conductual de la Clínica Cleveland de Estados Unidos. "Por eso, cuando se come deprisa, pueden perderse estas señales, y es muy fácil comer más allá del punto de saciedad", aseguró la especialista. Las personas que comen deprisa suelen tragar más aire, explica Heinberg, lo que puede provocar hinchazón o indigestión.
La postura y el escenario físico dictan el estado de nuestro sistema nervioso. Estar sentados erguidos en una silla adecuada no es solo estético; libera el tracto digestivo y permite una respiración diafragmática que favorece el tránsito intestinal. Comer encorvado o en el sofá comprime el tracto digestivo.
La mesa, es otra zona en la que se puede ajustar la alimentación de modo que sea más saludable. Un espacio ordenado y visualmente agradable reduce los niveles de cortisol. En un estado de estrés, el cuerpo prioriza la "supervivencia" sobre la "digestión", lo que puede derivar en inflamación y malestar.
En la era de los dispositivos múltiples
Celular, televisión o computadora, algunas de estas tecnologías están presentes durante las comidas diarias. Todas fragmentan la atención provocando una alimentación inconsciente que impide que disfrutemos de las texturas y sabores, lo que genera una insatisfacción psicológica que nos lleva a buscar más comida poco después. Crear un ambiente de paz sonora y visual permite que el sistema parasimpático tome el control, asegurando que los nutrientes lleguen a donde deben.
Ya sea en compañía (incluso de la tecnología) o en soledad, el acto de comer debe ser un paréntesis en la jornada. La conversación tranquila o un momento de introspección y gratitud predisponen al organismo a una mejor asimilación. Convertir la cena de un "trámite" a un "momento de autocuidado" es, quizás, el cambio de hábito más económico y efectivo para mejorar la salud integral.
De nada sirve ingerir el mejor alimento del mundo si el cuerpo no está en condiciones de recibirlo. Al final del día, de nada sirve comprar el brócoli más orgánico del mundo si se lo traga de pie, estresado y mirando las noticias.







