Un medio de Noruega define su rol con IA

Juan Carlos López Calvet, de Schibsted, reveló el marco escandinavo que transforma las redacciones en laboratorios ágiles.

CLAVES. López Calvet dice que hay que trazar un “camino pavimentado”, es decir un entorno aprobado y seguro para experimentar rápido.
CLAVES. López Calvet dice que hay que trazar un “camino pavimentado”, es decir un entorno aprobado y seguro para experimentar rápido.
Pablo Hamada
Por Pablo Hamada 07 Junio 2026

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La inteligencia artificial aceleró diversos dilemas que los medios de comunicación tenían sobre la tecnología, sobre todo aquellos marcos de utilización responsable que debían adoptar las organizaciones por su rol institucional. En el marco de las celebraciones por el Día del Periodista, las oficinas de Personal en la ciudad de Buenos Aires recibieron a Juan Carlos López Calvet, Director de Datos e IA de Schibsted News Media, quien centralizó su exposición en este eje. Ante periodistas y editores de todo el país reunidos en el programa ITP (Innovación, Tecnología y Periodismo), el especialista expuso una tesis contundente: “La IA no es solo una herramienta. Es una nueva capa operativa para la redacción”.

Schibsted es uno de los grupos de comunicación más influyentes, innovadores y respetados de Europa. Fundado en Noruega en 1839, el grupo ha sido un referente global en la transición del periodismo impreso al ecosistema digital y los modelos de suscripción de pago. El gigante mediático noruego opera bajo la convicción de que gobernar la IA consiste en diseñar el sistema y no en frenar la innovación. El modelo de Schibsted se apoya en tres grandes pilares operativos: aplicar IA para trabajar mejor, para servir mejor a la audiencia y para crear nuevos productos. No obstante, este despliegue tiene un límite infranqueable, en el que la IA debe ser adoptada de manera responsable como condición absoluta de escala.

Segpún López Calvet, la adopción de IA no puede estar en un péndulo entre la liberación absoluta de su capacidad o la prohibición restrictiva en las redacciones. El camino correcto consiste en trazar un “camino pavimentado”, es decir, un entorno aprobado y seguro para experimentar rápido. Dentro de este ecosistema, la toma de decisiones sobre dónde aplicar IA está directamente vinculada al nivel de riesgo del contenido y las funciones.

Aquellas tareas de cara a la audiencia o que involucren la manipulación de repositorios sensibles requieren una estricta auditoría, controles empresariales y la premisa de mantener siempre a los humanos como responsables del criterio editorial. En contraste, existen otros procesos como la lectura de grandes volúmenes de documentos, la transcripción de archivos de audio o traducción contextual gozan de vía libre debido a su alta velocidad y bajo riesgo reputacional directo. “La IA genera valor real cuando optimiza una cadena completa del flujo periodístico”, enfatizó el experto, destacando los procesos de investigación, producción, edición y distribución.

“Piloto de ideas”

Uno de los aspectos más disruptivos de la presentación de López Calvet se centró en cómo la IA modifica radicalmente quién puede crear tecnología dentro de una empresa periodística. Hasta hace poco, concebir una nueva herramienta digital requería de amplios equipos de ingeniería y extensos plazos de desarrollo. Hoy, la emergencia de la IA generativa da paso a un nuevo paradigma técnico en el desarrollo asistido de software: el vibe coding.

Bajo esta modalidad, la IA se encarga de construir la aplicación completa a partir de una conversación estructurada en lenguaje natural que pueden tener quienes tradicionalmente se dedicaron a escribir reportajes. Dado que la materia prima para moldear estos modelos de lenguaje son las palabras, la precisión lingüística y el contexto, los periodistas pasan a ocupar un rol estelar como “pilotos de ideas”. Cualquier redactor con claridad lógica puede guiar a la IA para codificar y desplegar, en cuestión de horas, herramientas internas operativas, extractores de datos, calculadoras temáticas, visualizaciones dinámicas o contenidos especiales interactivos para las coberturas informativas.

Este enfoque descentraliza el ingenio y abarata los costos de exploración, permitiendo que las ideas editoriales se conviertan en prototipos funcionales de manera inmediata y sin depender de un programador permanente en la fase inicial.

Sin embargo, López Calvet volvió a insistir en los marcos de responsabilidad que deben tener las organizaciones, porque un trabajo sin gobernanza puede acarrear peligros, como por ejemplo generar código inestable, credenciales expuestas, datos sensibles desprotegidos o una lógica editorial que no ha sido supervisada. La supervisión es clave.

Para regular esta transición del laboratorio al entorno productivo de la empresa, el grupo aplica estrictamente “la regla de las 2 semanas”. Durante este período acotado, los equipos tienen permitido explorar rápido y aprender directamente con usuarios reales. Una vez concluido el plazo, se evalúan las métricas e impactos y se toma una decisión corporativa definitiva: apagar el experimento, revisarlo o escalar formalmente.

López Calvet concluyó su intervención instando a los medios a apoyarse en la colaboración, el intercambio de estándares y el fortalecimiento de la confianza editorial como vías para alcanzar la escala. “La oportunidad no es automatizar el periodismo. Es aumentar la capacidad de hacer mejor periodismo con velocidad, criterio y confianza”, sentenció.

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