La otra cara de Flea es maravillosa

Flea Flea

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A los 63 años, Flea decidió tomar todos los riesgos imaginables y darse con el gusto de su vida. Corrido de la zona de confort que representa empuñar el bajo de Red Hot Chili Peppers, firmó un primer disco solista carente de la energía del funk rock. Es que los paisajes de “Honora” son una declaración del amor que Flea profesa por el jazz, el soul y el ambient. Pura emoción.

Producido por Josh Johnson, el disco se sostiene sobre una atmósfera de lo más austera. Flea asume la voz principal y no abandona el bajo, pero sobre todo se abraza a la trompeta, que emerge como el hilo conductor de “Honora”: cálida, contenida, casi susurrante. Hay aquí un músico que se permite la fragilidad.

El espíritu del álbum

El repertorio combina seis composiciones propias con versiones que van de George Clinton a Frank Ocean, en una lógica más cercana al homenaje que a la relectura virtuosa. Entre los momentos más logrados aparece “A plea”, una pieza de siete minutos que condensa el espíritu del álbum, y “Traffic lights”, donde Thom Yorke suma su impronta. Nick Cave, por su parte, aporta densidad en una versión de “Wichita lineman”.

El disco -titulado en honor a su tatarabuela, marcada por la pobreza y la migración- también construye un relato íntimo, reforzado por un arte de tapa de tono familiar y nostálgico. Lejos de buscar hits, Flea entrega un trabajo personal y contemplativo. “Honora” es un regreso a sus raíces, a sus influencias y sobre todo, a una sensibilidad que en RHCHP rara vez ocupa el centro de la escena.

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