¿Qué estudiar hoy? Alberto Rojo se suma al debate: "Nunca pensé en la salida laboral: si sos bueno en algo siempre habrá mercado"
El físico y músico tucumano reflexionó junto a LA GACETA sobre cómo elegir una carrera en un mundo laboral incierto. Se percibe un ganador de "la lotería de la vida", pero a su vez apuesta por "lo que a uno le gusta". El papel central que ocupan la vocación, la curiosidad y el pensamiento científico para esa decisión y además, para adaptarse a los cambios.
Resumen de nota
- El físico Alberto Rojo debatió en Tucumán sobre la elección de carreras ante la incertidumbre laboral, destacando que la excelencia profesional garantiza oportunidades de empleo.
- A través de su experiencia, el músico y científico enfatizó el papel de la curiosidad y la vocación, argumentando que el pensamiento científico permite adaptarse a los cambios.
- Estas reflexiones invitan a repensar la formación superior, proponiendo que la pasión y la calidad académica son los mejores activos frente a un mercado de trabajo volátil.
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“La vida es un paréntesis temporal en el que existimos y hay que aprovecharlo lo más posible”. La frase no es un slogan ni una consigna motivacional: es una forma de mirar el mundo que atraviesa toda la trayectoria de Alberto Rojo. El físico cuántico, músico, escritor y docente tucumano fue entrevistado por LA GACETA como parte de la serie “¿Qué estudiar hoy?. Entre la vocación y un mercado laboral que se transforma”.
Rojo construyó una carrera que desborda cualquier etiqueta. Entre pizarrones, guitarras y libros, su recorrido combina la rigurosidad científica con la sensibilidad artística y, sobre todo, una idea persistente: la curiosidad como motor. En tiempos en los que la pregunta por el futuro del trabajo se vuelve urgente y las llamadas “carreras del futuro” parecen imponer nuevas reglas, Rojo propone correr el eje. El verdadero diferencial, sostiene, no está en anticipar el mercado sino en desarrollar una forma de pensar capaz de adaptarse a lo que viene. A través de una entrevista virtual desde Estados Unidos, reflexionó sobre vocación, educación y el valor del pensamiento científico.
- ¿Tiene sentido elegir una carrera pensando en la salida laboral?
- Qué pregunta. De algo hay que vivir, ¿no? Yo nunca pensé en la salida laboral. Yo creo que, en mi caso en particular, primero hay que pensar en lo que a uno le gusta. Porque si uno es buenísimo en algo, siempre hay mercado. Es cierto que hay ciertas líneas de trabajo en las que vas a ganar más plata, en principio, ¿no? Porque podés ser un ingeniero que gana menos plata que un escultor. Si le pones toda tu garra, tu pasión a la escultura, tanto como al arte mismo, como a tu capacidad de convertirlo en un negocio, digamos. En el sentido más descarnado, si querés. En todas las disciplinas artísticas hay cultivar tu propio arte y cultivar la red de relaciones que van a hacer que tu arte llegue al mundo. Para mí lo central es ser feliz.
En la vida uno tiene este paréntesis temporal en el que existimos y hay que aprovecharlo lo más posible y elegir una carrera para subsistir y en la que uno esté triste durante décadas no me parece la manera de encarar el futuro y que no le hace bien a la sociedad tampoco tener ese tipo de trabajadores. Queremos gente que haga lo que le gusta, porque eso nutre al conjunto. En el sentido de que, si hay carreras en las que hay menos salida laboral quiere decir que hay un hueco también ahí para crear eso como salida laboral. Si hay carreras con mucha salida laboral, lo has visto desde un punto de vista estrictamente de mercado, digamos, está saturado. Podés ser contador y vas a tener algún trabajo, pero quizás, ¿por qué no elegir lo que más te gusta? A ver qué pasa.
Creo que hay que pensar en una salida vital más que en una salida laboral. Y, por otro lado, es muy difícil pensar en cómo va estar el mercado laboral en el futuro. Elegir una carrera solo por la salida laboral es como comprar acciones mirando el precio de ayer.
- En un contexto donde surgen nuevas profesiones vinculadas a la tecnología, ¿qué conviene priorizar?
- Hace 15 años, por ejemplo, casi nadie hablaba de científico de datos, ingeniero en aprendizaje automático o especialista en inteligencia artificial, profesiones que hoy están entre las más demandadas.
Según el U.S. Bureau of Labor Statistics, las ocupaciones vinculadas con ciencia, tecnología, ingeniería y matemática (STEM) crecerán alrededor de un 10% en la próxima década, aproximadamente el doble del promedio del resto de las profesiones. Por eso, más que apostar a una habilidad técnica específica, lo que conviene es desarrollar una forma de pensar flexible y rigurosa.
Las carreras científicas, como física, matemática, ingeniería o ciencias de la computación entrenan justamente eso: la capacidad de modelar problemas, razonar con precisión, estimar órdenes de magnitud interpretar datos y construir soluciones nuevas.
- Algunos referentes del sector tecnológico sostienen que hoy es más importante el pensamiento lógico que la programación. ¿Coincide?
- La programación es una herramienta; el pensamiento matemático es una forma de razonar. Hoy vemos algo interesante: muchas tareas de programación están siendo automatizadas por inteligencia artificial, pero lo que no se automatiza fácilmente es la capacidad de formular un problema correctamente, abstraer lo esencial y encontrar una estrategia para resolverlo. Las matemáticas enseñan justamente eso: abstracción, estructura y rigor. Por eso muchos de los avances actuales en inteligencia artificial, criptografía, finanzas cuantitativas o ciencia de datos dependen más de ideas matemáticas profundas que de saber un lenguaje de programación específico.
Informes de LinkedIn sobre el mercado laboral muestran que los trabajos relacionados con inteligencia artificial han crecido más de un 70% en los últimos años, y casi todos ellos requieren una base fuerte en matemática, estadística y pensamiento analítico. Los lenguajes de programación cambian cada pocos años; las ideas matemáticas pueden durar siglos.
- ¿Qué habilidades hacen la diferencia en quienes se dedican a la ciencia o la tecnología?
- Hay tres que aparecen una y otra vez. Primero, pensar en términos de modelos: los científicos simplifican la realidad para capturar lo esencial de un problema y saben formular preguntas de modo que tengan respuesta. El mundo es más de los que saben formular buenas preguntas, no solo de los que saben ejecutar respuestas. Saber qué ignorar y qué conservar es una habilidad extremadamente poderosa. Segundo, estimar rápidamente. En física usamos mucho las estimaciones de Fermi: cálculos aproximados para entender el orden de magnitud de un fenómeno. Esa capacidad de evaluar rápidamente si algo es plausible o no es muy valiosa en ingeniería, tecnología o economía. Yo soy un fanático de las estimaciones. Y es un ejercicio que siempre le planteo a mis estudiantes y a mis hijos.
Y tercero, tolerar la incertidumbre y el error. Y una tolerancia a la comprensión parcial. La ciencia avanza probando hipótesis que muchas veces fallan. Las personas que aprenden a pensar críticamente sin paralizarse ante la incertidumbre suelen adaptarse mejor a entornos tecnológicos cambiantes. Y en mi opinión personal es bueno cultivar intereses multidisciplinarios, al menos eso a mí me ayudó mucho en mi recorrido personal y profesional.
Vocación múltiple
- Usted combina la física con otras disciplinas, como la música o la escritura. ¿Cómo se construye esa vocación múltiple?
- Uno es lo que es en gran medida por variables que están fuera de nuestro propio control. Hay una pasión que uno le pone al trabajo, pero el entorno en el que uno se crió —desde la alimentación que recibiste de bebé hasta las cosas que te enseñaron, el barrio, los allegados, tu familia— te condiciona. Y en mi caso yo soy uno de esos ganadores de la lotería de la vida: me tocó una familia maravillosa en un lugar con altibajos, porque viví momentos complicados de la historia argentina en Tucumán, pero tuve una infancia hermosa, tuve un colegio buenísimo, tuve unos padres que, por suerte fueron excelentes educadores en el sentido de dejar hacer.
La educación en gran medida, reside en preservar esos instintos de curiosidad y de artísticos que tiene el niño, más que de decir, “no, esto está mal, esto no se hace así”. Si vos lo preservás y lo sostenes a la vez, conseguís la curiosidad. Y eso es lo que yo tengo, lo que recibí y que después también al ser consciente de que lo recibí y que tenía una identidad que resultaba de esa fortuna que tuve en mi formación, lo cultivé a propósito, porque además también recibí la disciplina de mis padres, quizás viene genéticamente y en parte del entorno en el que viví entonces el sentido interno al que uno es capaz de hacer las cosas.
RECONOCIMIENTO. En 2023, Rojo fue declarado
Recuerdo la frase de un profesor de albañilería del Instituto Técnico: “Lo que un hombre puede hacer lo puede hacer otro”. Es impresionante la frase, yo la tomo. Por supuesto, lo que hizo Albert Einstein quizá no pueda hacer, pero me puedo acercar, porque Einstein era una persona. Si Eduardo Falú toca la guitarra así, ¿por qué yo no puedo?. Esto se metió en mí y germinó en la tierra que yo tenía adentro de mi familia.
Además, yo elegí una carrera que es la mejor carrera, que es la física, porque te adiestra la mente. Te da un cierto rigor de disciplina, porque si vos entendés matemática, podés entender muchas cosas más. Porque si entendés física, al menos dentro de la racionalidad, el esfuerzo mental que te requiere, el uso de la lógica y el uso de la resolución de problemas y de preguntas, de formulación de preguntas de tal forma que puedan tener una respuesta. Eso te adiestra para tocar mejor el piano, porque te da una disciplina, te da una forma de ver las cosas con mucho detalle, aprender a mirar, aprender a escuchar, aprender a analizar. Preservar la curiosidad, el interés y la pasión por entender cómo funcionan las cosas, eso a mí me lleva a hacer lo que hago. Yo no lo pienso mucho como disciplinas separadas: trato de integrar la física con todas las otras cosas que hago.
- ¿Qué pasa con quiénes no tienen ese entorno de estímulo?
- Hace un rato usé la expresión "soy un ganador de la lotería de la vida". Y la uso porque es de Milton Friedman, que era un economista que estaba del lado del libre mercado, del estado muy chico y de la competencia libre. La usó en un paper de 1951 cuando fundó el neoliberalismo y dice: "El estado se tiene que ocupar de aquellos que no fueron beneficiados por la lotería de la vida”. Aquellos que no fueron beneficiados por esa “lotería” necesitan del Estado y de la comunidad.
Nosotros que somos los beneficiarios tenemos la responsabilidad de apoyar a aquellos que nacen en un ámbito en el que los valores son otros, la educación tiene un valor distinto y no tienen ese estímulo, la autoestima y el sentido de pertenencia en una comunidad en la que uno puede llegar a ser un líder. Entonces yo creo que ahí es donde ya sea el Estado o fuerzas comunitarias tienen que auxiliar y tienen que reemplazar el rol de aquellos padres gloriosos que tuvimos algunos, que por lo menos nos estimularon, nos motivaron, y de la sociedad.
Yo fui a una escuela pública toda mi infancia: la Escuela Rivadavia en el jardín, la Escuela Belgrano, el Gymnasium, el Instituto Técnico, la Escuela de Dibujo en Tucumán, el Conservatorio Provincial, la Facultad, el Instituto Balseiro. Toda mi educación es pública y vi a lo largo del tiempo cómo la educación pública en Argentina se fue desprestigiando. No sé si fue el momento en el que pasa del Estado Nacional al Estado Provincial, no sé bien cómo fue. Pero hay un momento, o por lo menos un intervalo no tan extenso de tiempo, en el que de pronto la clase media empieza a mandar a sus chicos al colegio privado. La mayoría, yo diría, no sé la estadística, pero esa es una crisis educativa que para mí es central a todo este problema y a la situación de Argentina. Creo que, si hay que hacer algo, en lo que no tengo duda, es mejorar la educación pública.
- Habla mucho de su padre, que era doctor en filosofía (NdlR: Roberto Rojo -1925/2010-), y hay ciertas carreras que van perdiendo vigencia, pero ¿Qué le diría hoy a un joven que quiere estudiar una carrera como filosofía?
- Mi viejo fue filósofo y él, con su conocimiento, trató de hacer lo mejor posible que fuera la filosofía y fue excelente. Nosotros viajamos por el mundo, fuimos a Estados Unidos y nosotros viajamos por el mundo, fuimos a Estados Unidos, íbamos de vacaciones. Hijo de un profesor de filosofía. Teníamos una vida muy cómoda, de clase media ilustrada qué es más o menos la vida que yo llevo hoy.
OTRA DE SUS PASIONES. Rojo tocando la guitarra, en 2021.
¿Qué le digo a alguien que estudie filosofía? Que es excelente, que estudie filosofía. Que hay muchos problemas de la filosofía que están abiertos. Que hay una aplicabilidad enorme de la filosofía en la sociedad. Que los problemas éticos, los problemas fundamentales del lenguaje. ¿Cómo decirle que no a alguien que quiere estudiar filosofía?
Y si sos un filósofo apasionado con lo que haces, tratás de ser lo mejor posible. Publicás papers, viajas a congresos, te conectás con el mundo. Sos un filósofo de tu propia vida, reflexionas sobre tu existencia y ayudás a pensar el resto de tu comunidad. Porque mi viejo también dejó su impronta en la comunidad académica local y eso es fantástico.
Y si me dice que no hay salida laboral, yo le diría no te creas, que si sos muy bueno vas a tener salida laboral. Creo que eso de la vocación es algo que hay que explorar, despertar, generar y promover. Por supuesto, si tenés vocación de cirujano está fantástico. Son los magos de la sociedad que todos necesitamos. Si tu vocación es la medicina, avanzá.
- En un mundo cada vez más atravesado por datos y tecnología, ¿por qué es importante el pensamiento científico?
- Muchas veces la física se percibe como una disciplina lejana o difícil. Sin embargo, el pensamiento científico es, ante todo, una herramienta para orientarse en la incertidumbre. Y es de una gran belleza. Es difícil, claro, como es difícil dibujar bien o tocar bien el piano o ser un buen cirujano. Pero vale la pena adentrarse en esa dificultad y encontrar un universo fascinante. Vivimos en una época rodeada de datos, algoritmos, inteligencia artificial y sistemas cada vez más complejos. El pensamiento científico ofrece herramientas muy concretas para navegar ese mundo: evaluar evidencia, distinguir correlación de causalidad (esto es muy importante), detectar sesgos y pensar probabilísticamente. Yo creo que es más importante, o digamos es tan importante, entender cómo funciona el mundo como ganarse la vida.
- Mirando hacia atrás, ¿hay algo que le haya quedado pendiente?
- Todo lo que realmente quise hacer lo probé. Me hubiese gustado actuar, por ejemplo, pero no lo exploré tanto. Por ahí tener un emprendimiento, una empresa de tecnología es algo que lo pensé, le di varias vueltas, no me terminó atrayendo todo lo suficiente. Tampoco lo descarto todavía a pesar de mi edad. Hay cosas que por ahí las tengo. Pero aquellas cosas que dije, “esto lo quiero hacer”, le puse mucha pila. Cosas que me gustan hacer y que sé que no las voy a poder hacer, es como correr una maratón. Capaz que la corro, pero en menos de tres horas nunca la voy a correr. ¿Tocar el piano mejor? Sí, quizás pueda. Empecé hace poco con el piano, y la digitación se puede, no es tan limitada la parte física. La parte cognitiva más o menos sigue bien, aprendo. Y bueno, por supuesto, hay infinitas cosas, el problema límite es de Borges. Es parte del estoicismo, que está medio de moda, yo lo estoy leyendo mucho a los estoicos, darse cuenta de que hay cosas que uno nunca va a poder hacer. Eso también es parte de la paz con la que uno tiene que vivir.
Hay cosas que por limitaciones de otra índole: no tengo la pasión para hacerlo, no tengo el tiempo para hacerlo, no se puede hacer todo. No pienso en términos de limitación, pero pienso más en potenciales, que, en limitaciones, y cosas que hubiese querido hacer no se me ocurren así grandes cosas. Si yo miro para atrás, a veces hago el ejercicio y miro para atrás los sueños que tenía, y bueno, más o menos algunos sueños que no tenía se me dieron. Esa cuestión de “tene cuidado con lo que soñás, porque se te puede hacer realidad”, en mi caso, estoy bastante contento con eso.
Producción audiovisual: Nazarena Ortiz, Agustina Garrocho y Álvaro Medina.







