El Comité Olímpico Internacional definió que solo competirán personas de sexo biológico femenino sin gen SRY.

La admisión en las competiciones olímpicas femeninas “está ahora reservada a personas de sexo biológico femenino” no portadoras del gen SRY, explicó el Comité Olímpico Internacional (COI) en un comunicado, tras una reunión de su comisión ejecutiva.
La instancia da así la espalda a las reglas dictadas en 2021, que permitían a cada federación fijar su política, y excluye a la vez a deportistas transgénero y a una gran parte de las intersexuales, portadoras de forma natural de variaciones genéticas y consideradas niñas desde su nacimiento.
Podrán librarse de esta nueva medida aquellas que puedan demostrar su “insensibilidad total a los andrógenos”, es decir, la incapacidad de sus cuerpos para utilizar testosterona, una prueba que requiere investigaciones complejas y costosas.
Esta nueva política, la primera gran medida de la presidenta zimbabuense Kirsty Coventry desde su elección hace un año al frente del COI, se aplicará a partir de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y “no es retroactiva”.
De esta forma, no peligra el oro olímpico obtenido en los Juegos de París por la boxeadora argelina Imane Khelif, quien reconoció ser portadora del gen SRY, aunque nació como niña y siempre fue presentada como mujer por el COI, incluso frente a cuestionamientos sobre su feminidad.
“Estoy muy orgullosa de este trabajo”, declaró este jueves Coventry.
El COI se acerca a la postura de Trump
La responsabilidad de organizar los test recaerá sobre las federaciones internacionales y las instituciones deportivas nacionales. Estas pruebas se realizarán mediante un test de saliva, un raspado bucal o una muestra de sangre, y deberán efectuarse “una única vez en la vida del deportista”, indicó el COI.
Esta medida está ya en vigor desde el año pasado en tres disciplinas —atletismo, boxeo y esquí—, aunque su aplicación enfrenta problemas prácticos y legales.
“Si es ilegal en un país, las deportistas tendrán la posibilidad de someterse a los test cuando viajen para otras competiciones”, señaló Coventry.
El COI ya había recurrido a los test cromosómicos de feminidad entre 1968 y los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, antes de abandonarlos en 1999 bajo la presión de la comunidad científica, que cuestionaba su idoneidad, y de su propia comisión de deportistas.
Si bien Coventry aún no se reunió con Donald Trump, anfitrión de los Juegos Olímpicos de 2028, esta política elimina el principal punto de conflicto que podría haber surgido con el presidente estadounidense.
Desde el inicio de su segundo mandato, Trump excluyó por decreto a las deportistas transgénero del deporte femenino, una medida que iba en contra de las reglas vigentes del COI en ese momento.
El mandatario celebró la decisión en su red Truth Social: “¡Esto solo ocurre gracias a mi poderoso decreto que protege a las mujeres y a las niñas!”.
“Un anacronismo nefasto”
A principios de marzo, un editorial del British Journal of Sports Medicine calificó la medida como un “anacronismo nefasto” y advirtió que todavía no existen “datos científicos de calidad sobre una posible ventaja de rendimiento deportivo” en personas intersexuales portadoras del gen SRY.
En la misma línea, ocho expertos de Naciones Unidas expresaron su preocupación por la “opacidad” del proceso y señalaron que “la duda científica” exige decisiones “fundadas en pruebas sólidas y específicas de cada deporte”.
Desde el punto de vista legal, 22 juristas de todo el mundo llamaron a deportistas e instituciones nacionales a rechazar los test genéticos, al considerar que vulneran leyes sobre no discriminación, bioética y protección de la vida privada.
Coventry, que en marzo de 2025 se convirtió en la primera mujer y en la primera persona africana en presidir el COI, llegó al cargo impulsada por expectativas de renovación. Sin embargo, sus primeras decisiones se enfocaron en el futuro de los Juegos Olímpicos y su modelo económico.
En cuanto al deporte femenino, el principal eje abordado en el último año ha sido el de las reglas de elegibilidad, un foco que, según la organización Sport and Rights Alliance, “desvía la atención de problemas estructurales como la financiación desigual, el acceso al deporte, la brecha salarial y las violencias”.







