Cartas de lectores: 50 años del golpe; nuestra herencia

Hace 4 Hs

Antonio Gramsci sostenía que el mayor triunfo de las clases dominantes, es el de crear “sentido común” en las grandes mayorías sobre lo que les conviene como sociedad, cuando en realidad no hacen otra cosa que defender los intereses de esa pequeña minoría multimillonaria, parasitaria, proimperialista e improductiva, en contra del interés común. Se llama “Hegemonía cultural” y el argentino medio muestra una facilidad automática para ser engañado y enganchado sistemática e infantilmente, una y otra vez. Ejemplos sobran: “fue una guerra” (en lugar de hablar de terrorismo de Estado); “todos somos el campo” (para defender a los cinco dueños del complejo agroexportador del país); o “todos somos Vicentín” (para defender una megaestafa de dicha empresa en contra del Banco Nación, durante el gobierno de Mauricio Macri). Ni qué decir de la más que utilizada frase “es una operación de los Kukas”, ante cada escándalo libertario que siguen surgiendo como hongos, a un ritmo más acelerado incluso que el visto durante la década menemista. A 50 años del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 (que iniciara una de las dictaduras más crueles y genocidas de la historia), la democracia liberal sigue mostrando su incapacidad para alcanzar un estado de democracia plena, con la representatividad popular en manos de corporaciones; las políticas del Estado argentino definiéndose en EEUU y el poder judicial consolidando su estructura de casta intocable e inalcanzable, a pesar de su discrecionalidad para interpretar la Constitución, las leyes y la Justicia (o la falta de ella). Cada vez que hubo un gobierno nacional, popular e industrialista que fue en contra de estas tres vías de la democracia liberal, un golpe de Estado o uno mediático judicial lo frenó en seco: Yrigoyen, Perón y Evita; Frondizi, en cierta medida; Illia; Isabel y sus limitaciones ante la muerte de Perón; Raúl Alfonsín y la débil democracia recién parida; Néstor y Cristina. Todos padecieron a los grupos concentrados y a los medios hegemónicos, siempre al servicio de las oligarquías y al poder financiero internacional. Esta Argentina del año 2026 está siendo gobernada por las mismas élites que dieron el golpe de 1976 usando como mano de obra a los militares. Contextualizando, la figura de Cristina es la contracara de la de Milei: formación política/antipolítica; rebeldía/sumisión; patria soberana/colonia; dignidad/inescrupulosidad. Es tan grande el abismo que hay entre una estadista como Cristina y un panelista televisivo como Milei, que las herramientas para sostener la hegemonía cultural están siendo utilizadas a full y, ni aun así, alcanzan, siendo tal vez la estatización de YPF un caso emblemático, ya que Milei y los medios hegemónicos repiten hasta el cansancio que se trató de un mal negocio y de una “irresponsabilidad K”, pero mantuvieron los mismos abogados y la misma línea argumentativa de defensa que la esgrimida por el país desde un principio. Relato versus realidad. A 50 años del Golpe, desde la Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtieron que el gobierno de Javier Milei está generando “alarmantes retrocesos” en materia de Memoria, Verdad y Justicia, materia que supo posicionar a la República Argentina a la vanguardia en materia de justicia transicional, habiendo Juzgado a las Juntas, condenado a más de 1.200 represores y recuperado a más de 140 nietas/os que encontraron las Abuelas de Plaza de Mayo, sepultando para siempre el relato de que “fue una guerra”. El Pozo de Vargas, en Tafí Viejo, es otra prueba contundente del genocidio planificado, porque los más de 150 cuerpos identificados eran de trabajadores, amas de casa, estudiantes, sindicalistas… Ningún “guerrillero subversivo”.  Dijimos Nunca Más. ¿Fue Nunca Más?

Javier Ernesto Guardia Bosñak 

Javierucr1970@gmail.com

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