
Hace 50 años yo iba al colegio secundario y sin embargo recuerdo con pavor las épocas de violencia en las que vivíamos. Recuerdo el caos y el terror que invadía a miles o a millones de ciudadanos. Y como tucumana quizás tengo las vivencias de una guerra que se desarrollaba en mi provincia, guerra iniciada por grupos terroristas a los cuales por orden de una Presidenta constitucional y peronista, María Estela Martínez de Perón, el Ejército salió a combatir. El decreto de la entonces Presidenta contaba con el apoyo del Congreso de la Nación y de todo su Gabinete, ni que hablar de la sociedad civil. No puedo olvidar, pese a que era una adolescente, las bombas que estallaban cada noche, los atentados que habían precedido a esa decisión de ordenar el Operativo Independencia, como el asesinato del ingeniero José María Paz, el secuestro y asesinato del coronel Larrabure, el atentado en el que murió Paula Lambruschini, la tortura y muerte al coronel Ibarzábal, o la crueldad del atentado a la familia Viola, por sólo nombrar algunos. En Tucumán convivíamos con el horror. La guerra fue sucia y cruel, como toda guerra y, por supuesto, respeto a cada una de las familias que han perdido a sus seres queridos. Pero me resisto a hacer del 24 de Marzo un día festivo en el que nada tiene que ver con mi recuerdo, ni con mi memoria ni con la Justicia. La imagen del Ejército en las calles y la gente aplaudiendo porque significaba que traían la paz me ronda la cabeza. Era un honor recibirlos, acogerlos, ser amigos de los hijos de los militares que iban llegando. Y qué hubiese sido de nuestro país sin ese Ejército que como pudo, y aún con muchos errores, salió a defender su patria del comunismo. Jóvenes oficiales y soldados, que en su mayoría cumplieron órdenes y valientemente dejaron todo para combatir a un enemigo desconocido. Ha muerto mucha gente inocente, han habido equivocaciones en uno y otro bando, fue una historia muy triste de la Argentina que ojalá no se repita nunca más. Pero aquellos soldados y combatientes merecen todo mi respeto y agradecimiento como de igual manera respeto a los que han sufrido injustamente. Me pregunto: ¿cómo es posible que 50 años después, esos mismos soldados que eran jóvenes oficiales estén presos, lleven años privados de su libertad? ¿Que se sigan abriendo causas en la Justicia una y otra vez, cuando ya han sido juzgados no sé cuántas veces? ¿Qué es lo que está pasando? ¿Es eso memoria, verdad y justicia? ¿Es esa la Argentina que buscan construir para sus nietos? Realmente siento vergüenza y siento un dolor infinito. A los héroes se los honra. A los niños les debemos enseñar que la Justicia es para todos los habitantes de la Nación por igual. Se les debe enseñar a amar, a aborrecer el odio, a construir la paz. Y sin verdadera justicia no habrá paz. Hoy, a 50 años del 24 de marzo de 1976, reitero, con mucho respeto por las personas que han perdido a sus seres queridos, mi profundo agradecimiento a quienes han defendido a la Patria, con recuerdos muy vivos de aquel infierno que vivimos los argentinos. Creo que lejos de estar fomentando las divisiones y alimentando el odio, tenemos que poner un punto final a todo esto para transitar el camino de la paz que nuestros nietos reclaman y que nuestros ya ancianos presos por haber combatido al comunismo, esperan y merecen.
Luz García Hamilton
luzghamilton@gmail.com






